Alfonsina y el Mar

Y si llama él, no le digas que estoy, dí que me he ido


Muchos de ustedes habrán oído alguna vez el estribillo de una hermosa canción sureña que dice: “Te vas Alfonsina con tu soledad/¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?” Y así sigue la célebre pieza musical. Lo que tal vez muchos no sepan es que tan bello tema fue inspirado por una famosa suicida: la exquisita poetisa argentina Alfonsina Storni.

Alfonsina había nacido en Suiza en el año de 1892 y, a la edad de cuatro años fue llevada por su familia a Argentina, país donde creció, sufrió, se formó, trabajó, tuvo un hijo, desarrolló su formidable trabajo poético y, finalmente, se suicidó.

Cuando era apenas una niña de 10 años, en Rosario, trabajaba de mesera y de lavaplatos en un pequeño café propiedad de su madre, ya que su familia, sin el padre y en lejanas tierras americanas, no estaba muy boyante entonces. Pero se le presentó la oportunidad de ser suplente, en un teatro itinerante, de una actriz que se enfermó, y aprovechó para, a la edad de sólo15 años introducirse en ese mundo de las tablas en el que conocería autores teatrales clásicos y contemporáneos y le ayudaría a despertar esa sensibilidad suya por las letras que seguramente dormitaba dentro de ella desde edad muy temprana. Con la compañía teatral recorrió varias ciudades argentinas, y ella misma, al recordar esa época años más tarde diría que esos años se le habían hecho insoportables por el hecho de que en realidad era apenas una niña pero ya tenía aspecto de mujer.

Habría entonces de dejar el teatro y, cuando regresó a casa, se encontró con que su madre había vuelto a casarse. En el año de 1911, se mudó a la ciudad de Buenos Aires y, al año siguiente, cuando acababa de cumplir 20 años, tuvo un hijo sin padre conocido. Decidió entonces hacerse docente y, en Coronda, obtiene su título de maestra, luego de lo cual consigue trabajo y logra vincularse a dos revistas literarias de la época, Mundo Rosarino y Monos y Monadas, donde, en todo el año que sigue, apareció publicada su producción poética del momento.

Establecida en Buenos Aires, y enmedio de una apretada situación económica, logra publicar en el año 1916, su poemario La Inquietud del Rosal. Para ese año, para sobrevivir, comparte su trabajo en la revista Caras y Caretas con el de cajera en un negocio bonaerense, pero es también el año en que conoce a destacados escritores y poetas de la época como José Enrique Rodó, Amado Nervo, José Ingenieros y Manuel Ugarte. Comienza a viajar con frecuencia a Montevideo, Uruguay, y allí traba amistad con dos distinguidos personajes de las letras latinoamericanas: la poetisa Juana de Ibarborou y el cuentista Horacio Quiroga quien, a la postre se convierte en un amigo suyo de excepción.

Alfonsina continúa escribiendo y publicando, y es tanta la calidad de sus versos que aparecen en las páginas de Mundo Argentino, medio impreso en el que su obra literaria aparece al lado de los poemas del distinguido poeta mexicano Amado Nervo y del no menos distinguido nicaragüense Rubén Darío. Era un logro de grandes magnitudes para la poetisa. Ya Alfonsina ha logrado ser ampliamente reconocida como escritora de alto nivel poético y puede sentarse en reuniones con los grandes de entonces.

Su férrea voluntad está dando frutos y sigue escribiendo, así que en 1918 publica su poemario, de muy sugestivo título, El Dulce Daño, que es presentado por todo lo alto en una cena en el restaurant Génova por los ilustres escritores Roberto Giusti y José Ingenieros como oradores. Para el momento, Alfonsina se está recuperando de una fuerte tensión nerviosa que la había obligado meses antes a retirarse de su trabajo.

Desde entonces en adelante Alfonsina Storni conocería las mieles del éxito y seguiría publicando su obra literaria en libros y revistas. Su libro Languidez recibió el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura; ya Alfonsina no era una desconocida. Se codeó con lo más granado del mundo social y literario de entonces y pudo realizar varios viajes a Europa entre 1930 y 1934, lo que motivó en ella “una evolución hacia un lirismo libre de moldes formales; dramático y descarnado y de una audacia erótica insólita para la época, con nuevas meditaciones feministas.”

Pero para el año 1935 tiene que ser sometida a una operación de cáncer de mama, lo que será un duro golpe para su apariencia física y, sobre todo, para su alma de poeta. Una mujer que había padecido fuertes ataques de depresión, nervios y paranoia, pasa a mostrar entonces claros signos de enfermedad mental. Se somete antonces a un periodo de reclusión y comienza a evitar a sus amigos. El cáncer se resiste y Alfonsina vive días de agobiadora incertidumbre. En el año de 1937 se suicida su gran amigo Horacio Quiroga y ella le dedica un poema de admiración por su determinación. El final está cerca y ella comienza a anunciarlo a su manera.

Para el mes de octubre de 1938 Alfonsina se encuentra en Mar del Plata, desde donde envía una carta a su hijo, otra al poeta Manuel Gálvez, para que cuide de su hijo y un poema de despedida al diario La Nación y, a la una de la madrugada del 25 de octubre, Alfonsina, según la leyenda, se internaría lentamente en el mar hasta perder la vida. Fue la manera poética que escogió esta insigne poetisa para poner punto final a sus días agobiada por un crítico estado de salud físico y mental.

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