El taller como estrategía de promoción de la salud

Se trata de un espacio donde varias personas se juntan para dialogar y para tratar uno o más temas. Es una metodología de formación que permite fortalecer la participación, la cooperación, la reflexión y la comunicación, y que reconoce el diálogo como fuente de enriquecimiento y de búsqueda en la construcción del conocimiento.

¿Qué nos brinda el taller?

  • Construye conocimientos mediante actividades conjuntas.
  • Se organiza en torno a una tarea en común.
  • Necesita de la participación y cooperación de todos y cada uno.
  • Es un aprender haciendo en grupo. (Distinto a aprender diciendo)
  • Requiere la supervisión de la coordinación y su participación activa, por ejemplo, llevando adelante una dinámica o actividad que permita llevar adelante el diálogo y la reflexión.
  • Es importante realizarlo desde valores y pautas culturales del grupo con el que estamos trabajando.
  • Supone la capacidad de poner en cuestión las propias posiciones y maneras de pensar y de hacer, en el intercambio con los otros.
  • Supone poder escuchar y respetar las distintas opiniones.

Para llevar adelante los talleres, se vuelve necesario poder trabajar sobre cuáles serán los objetivos que vamos a trabajar durante la actividad. Por ello es necesario planificar el taller respondiéndonos ciertas preguntas orientadoras:

QUÉ se quiere hacer.

¿Por qué hacemos esto y no otra cosa? ¿Cuáles son los contenidos que creemos importante transmitir?

POR QUÉ se quiere hacer.

¿Qué problemas o necesidades dan lugar a la actividad?

PARA QUÉ se quiere hacer.

¿Qué objetivos se quieren alcanzar? ¿Qué pretendo lograr con su realización?

DÓNDE se quiere hacer.

¿En qué lugar o lugares es posible hacer las actividades?

CÓMO se va hacer.

¿Qué tareas hay que realizar, qué metodología utilizar?

¿Cuál será la manera de evaluar el proceso y los resultados del taller?

CUÁNDO se va a hacer.

¿Dentro de qué período de tiempo hay que realizarlas actividades?

QUIÉNES van a hacer.

¿A quiénes se les asignará la responsabilidad de realizarlas diferentes actividades? ¿Quiénes participarán en la formación? ¿Quiénes son los destinatarios del taller?

CON QUÉ se va a hacer.

¿Con qué recursos materiales y financieros se cuenta?

¿Qué es lo que necesitás? ¿A quiénes necesitás?

Una vez que estas preguntas tienen sus respuestas, recién entonces podés comenzar con la organización del taller, es decir, con la búsqueda de un lugar para realizarlo y la convocatoria a quienes te interesaría que participasen.

3. ¿Cómo se realiza un taller?

Podemos pensar y proyectar un taller distinguiendo en él tres momentos:

1. Inicio o presentación;

2. Desarrollo o producción grupal;

3. Cierre y evaluación.

El inicio o presentación tiene por objetivo la presentación de las personas que participan (si no se conocen), o profundizar el conocimiento de algún aspecto, crear un ambiente distendido y de confianza que favorezca la participación del conjunto y la conexión del grupo. En este momento se explicitan los objetivos del encuentro y de los participantes.

2. En el momento de desarrollo o producción grupal se trabaja a partir de lo que sabe el grupo sobre el tema; se propone analizarlo, reflexionarlo, profundizarlo e interpretarlo a partir de las técnicas o actividades elegidas. También se puede acordar una forma de actuar organizada o un plan de acción para el futuro. En este momento hay que intentar ordenar y clarificar las ideas y las dudas del grupo, profundizando en los contenidos que se abordan y con la ayuda de diferentes técnicas.

3. En el momento de cierre se realiza una síntesis de lo trabajado, repasando las conclusiones y las propuestas de acción planteadas tanto a nivel individual como grupal. Es bueno promover algún tipo de evaluación donde todos opinen. También es conveniente utilizar alguna actividad que permita “cerrar” el encuentro planteando alguna forma de despedida de los participantes del taller.

¿Cómo elegir los ejercicios que vas a usar?

Si bien en el taller nos valemos de técnicas como herramientas, ellas no son el taller; las técnicas facilitan pero deben ser utilizadas en función de un tema específico, de un objetivo concreto, de las características de los y las participantes con los que están trabajando.

En el momento de elegir o elaborar una determinada técnica, también debemos hacernos las siguientes preguntas:

• ¿Por qué la elegimos?

• ¿Para qué la elegimos?

• ¿Cuándo la usamos?

• ¿Cuáles son sus ventajas?

• ¿Cuáles son sus desventajas?

• ¿Se presta para desarrollar los conocimientos, actitudes o destrezas que queremos transmitir?

• ¿Cuánto tiempo nos lleva prepararla?

¿Cuánto tiempo necesitamos para utilizarla?

• ¿Quién o quiénes la coordinarán?

• ¿Cuánto espacio necesitamos?

• ¿Qué materiales necesitamos? ¿Están a nuestro alcance?

La aplicación y el éxito de las técnicas dependerán de las características del grupo, de los temas y los objetivos de las condiciones en las que se desarrollará el taller (tiempo de duración total, lugar, materiales disponibles, etc.); y del conocimiento, la experiencia, la habilidad y la creatividad de los coordinadores.

¿Cómo evaluar un taller?

Es recomendable que al finalizar un taller efectúes una evaluación para determinar los logros, en función de los objetivos que te habías propuesto. Para ello, lo ideal es preparar algunas preguntas para que los participantes contesten y transmitan su percepción sobre lo aprendido y sobre la metodología utilizada para ese fin. A partir de esta reflexión sobre lo que estuvo bien y no tan bien en el taller, podrás realizarlos ajustes necesarios para los futuros talleres que lleves a cabo.

Para realizar esta evaluación podés pensar en las siguientes preguntas:

• ¿Hubo cambios desde la situación inicial?

• ¿Qué actividades facilitaron los logros y cuáles los dificultaron? ¿Por qué?

• ¿Qué puedo hacer para mejorarlo?

Al comparar los resultados de las acciones con los objetivos que te planteaste, podrás reajustar el plan de acción, según los resultados que vayas obteniendo a medida que se implementa el taller.

Para organizar un nuevo taller es bueno tener en cuenta las experiencias y los aprendizajes anteriores, tomándolos como punto de partida.

¿Cuál es el papel de la coordinación?

La tarea de coordinación incluye la animación, el estímulo, la orientación, la asesoría y la asistencia. El o la tallerista observa, aprende, reencauza la tarea, reorienta la participación, ayudando a que los participantes “aprendan a aprender” mediante el proceso de hacer algo.

Cuando te decidís a formar parte de una experiencia educativa y creés que podés coordinarla deberías tener en cuenta algunos aspectos claves que te ayudarán a organizar mejor el encuentro y sentirte con más comodidad en el rol de coordinador. Es importante:

  • Conocer el tema que se va a tratar en el encuentro o taller. Esto te permitirá decidir qué espacio es el más adecuado y cuál será la técnica que te ayude para que los participantes se lleven ese “algo” que intentás transmitir; el conocimiento del tema y el manejo de información clara te podrá ayudar a hacer algunos cambios sobre la marcha cuando las cosas no sucedan del mismo modo en que las pensaste.
  • Apelar a la información que las personas poseen. Observar cuáles son las ideas de los participantes para ayudarlos a clarificarlas, transformarlas o enriquecerlas.
  • Crear un ambiente emocional e intelectual ameno y positivo que contribuya a la realización del trabajo de un modo gratificante. Deberías ayudar a superar los obstáculos (como la falta de información y de experiencia, los problemas para relacionarse entre sí o con el contenido) de modo de crear un espacio de confianza y crecimiento conjunto.
  • Tener una actitud abierta y no juzgar a los participantes por lo que dicen o piensan.

No tener esquemas rígidos. La planificación que el taller requiere no significa manejarnos con esquemas rígidos porque, en definitiva, vamos a trabajar con los emergentes grupales, es decir, con lo que la gente sabe, trae, conoce, pregunta, etc. De otra manera, no abriremos la posibilidad de que surja el debate, compartir la información, dar a conocer diversas opiniones, que en definitiva son los insumos más importantes con los cuales trabajamos en estos espacios de prevención y promoción de la salud.

Estar dispuestos/as a motivar para la reflexión, el diálogo y el intercambio de puntos de vista, facilitando la comunicación entre los participantes.

Saber que el taller no es una clase. No será algo dirigido de personas que saben a personas que, supuestamente, no saben. Vamos a tener que alejarnos de este rol de saber todo y de querer brindar todas las respuestas.

Cuando el debate o análisis se va “por las ramas” (se habla de todo menos de lo esencial), tendrás que intentar reorientar al grupo para que vuelva a las cuestiones que se intentan trabajar en el taller.

Poner pautas de tiempo para la participación del grupo.

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