Born to be Blue

Drogas, corazones rotos y solos de trompeta

Born to Be Blue es el último biopic sobre una figura musical relevante que ha aparecido en los cines. Dirigida por el completamente desconocido Robert Budreau, se centra en la figura del genial trompetista de jazz Chet Baker. Como viene siendo habitual, alternamos dos puntos temporales de la vida de Chet: su éxito abrumador en los cincuenta y su intento de volver a la fama a finales de los sesenta después de un periodo particularmente oscuro de su vida.

Os preguntareis por qué repito una reseña de una película tan similar a la anterior Love & Mercy. La verdad es que no hay ningún motivo en concreto, pero la cercanía de las dos me facilita la comparación y donde aquella se queda bastante coja está funciona notablemente mejor. La historia no es nada original, pero nada. Chet Baker fue un trompetista de jazz adicto a la heroína que tuvo mucho éxito comercial pero fue de alguna manera denostado por este mismo motivo por gigantes del jazz de la época como Miles Davis o Dizzy Gillespie. Además era blanco, algo bastante inusual para un músico de jazz de cierto calibre.

El mecanismo que la película utiliza para moverse entre las dos ventanas temporales es bastante ingenioso puesto que no son saltos temporales a discreción. Es algo difícil de explicar con brevedad y tampoco quiero spoilear nada pero las imágenes que vemos de Chet en su primera etapa corresponden más o menos a una película que se hace de él durante la segunda etapa que vemos en la película de verdad. Lo sé, parece un trabalenguas pero es muy intuitivo visualmente y bastante original. Minipunto. Ambas etapas están bien llevadas, aunque es la segunda, cuando planea su regreso al mundo del jazz desde la más absoluta miseria la que resulta más emocionante. Además la duración es de tan solo 1h y 37m lo que la convierte en una cinta muy compacta y ligera. No puedo poner suficiente énfasis en ese punto. Las películas hoy en día son demasiado largas. Lo son. No hay excusa. Cuando alguien me cuenta una historia con eficiencia de metraje hace que la cinta suba como la espuma, así de sencillo.

La dirección es correcta y ciertos toques en la cinematografía hacen que los cambios temporales resulten atractivos. Por supuesto, la música, uno de los ojos ejes fundamentales de esta película está muy muy bien gestionada, editada e integrada con la acción de la cinta. El otro eje principal de la trama es la adicción a la heroína de Chet. Ya os he dicho que es una historia mil veces contada y muy recurrente en las figuras clásicas del jazz, que acabaron casi todas muy mal. Aun así, esa parte fundamental de la personalidad de Chet se cuenta con toda la naturalidad posible dentro de su gravedad. Sobredosis, palizas por deudas, corazones rotos y vidas miserables son el resultado de la naturaleza adictiva de Chet. Algunos momentos son especialmente complicados y realmente el personaje emana una tristeza enorme. La pareja protagonista está muy bien. Me he enamorado completamente de Carmen Ejogo, lo reconozco. Ethan Hawke como Baker está fenomenal, tal vez la mejor interpretación de su carrera: divertido, atrevido, triste, genial, autodestructivo.

Born to Be Blue. Biopic de Chet Baker. Compacta, emocionante y muy triste. Drogas y West Coast jazz. Un genio debajo de un foco mientras una trompeta inmortal susurra. Muy bien.

Trailer de Born to Be Blue: