De la tv a internet

Hoy he leído el interesante artículo “El fin de la tv de masas”, de Ignacio Ramonet, publicado este mes de enero en “Le Monde Diplomatique” en su versión española.

El análisis no tiene desperdicio, como tampoco los interrogantes que quedan en el aire.

La TV ha sido durante décadas la fuente de entretenimiento de las masas. La poca cantidad de canales hacía que el manejo de la opinión pública fuese “coser y cantar”. Cosa que se complica en esta era de diversidad, de múltiples fuentes y canales, y de la primacía de internet como fuente de información y de ocio.

Cabe preguntarse si aquellos que se beneficiaban del poder de influencia de la TV están dispuestos a asumir que ese poder se les escurre entre las manos. Supongo que el tema les viene grande, y que por mucha regulación, control y censura a la que sometan internet, el control es arduo… Más si es comparado con la facilidad con la que se hacía antes con la TV.

Pero creo que en este tema sale a relucir uno que va más allá de lo que superficialmente pueda verse. Si la TV y otros medios de comunicación han servido durante décadas para controlar la opinión pública, como herramienta ideal para los estados, pero hoy la comunicación y la información se han volcado en la red, lugar muchísimo más complicado de controlar… ¿Significa eso que el poder ha pasado de las manos del estado a la de las corporaciones de dominan internet? ¿Qué otorga el poder? ¿Si el control de la información es una batalla perdida, es ahora el control de los datos de la ciudadanía el caballo de troya? ¿De qué manera otorgan poder nuestros datos? ¿Es simplemente para vendernos mejor distintos productos o se nos está escapando algo?

Creo que el cambio de paradigma que está sucediendo en los últimos años es espectacular. Digno de nuestra atención. Todos pensamos que la transparencia que está ofreciendo la red a la política y otros aspectos en los que la apertura de la información está desnudando, es algo tremendamente bueno. Un avance para la humanidad. Sin embargo, también es cierto que los estados pierden cada vez mayor peso y lo ganan las corporaciones.

La historia es irónica. Cuando la democracia ha sido ninguneada por el poder de los medios de comunicación, y el estado se ha sometido a la “soberana economía”, el destape de la realidad es lo que puede llevarnos (si no lo ha hecho ya) al fin de una ilusión: la de la soberana democracia. Una democracia herida de muerte a nivel mundial y que deja el testigo a algo nuevo, que hoy por hoy no sabemos bien lo que es ni lo que será.