Recuerdo hace un tiempo, la sociedad, vivió la tristeza que nace de lo injusto, cuando el destino no le permitió permanecer en este mundo a Renzo.
Después le toco el turno a la indignación cuando la primer hipótesis de la brutal muerte y posible violación de Ángeles llego a nuestras pantallas. Finalmente cuando el caso Mangeri tomo el curso mediático que cobran todas estas historias por un poco de rating, la indignación le dio lugar al aburrimiento. Agotadas las hipótesis y los escándalos, el final quedo en el olvido de todos.
Es lamentable decirlo, pero hemos desarrollado la costumbre de repudiar y olvidar instantáneamente lo macabro de nuestra sociedad con la misma facilidad que olvidamos el hit musical del verano.
Para la mayoría de la gente que repudia y olvida, el miércoles fue feriado y nada mas. Hay una memoria selectiva que tenemos que cambiar. Hoy lo digo por ellos.
Hace 32 años algunos quedaron debajo de una cruz blanca, otros en el fondo del mar, perdidos para siempre, trayendo más dolor al dolor de la muerte, si eso es posible.
Ellos fueron enviados y dieron todo lo que tenían.
Merecen un profundo silencio y respeto. Merecen memoria.
Así como tarde o temprano pisaremos en paz nuestras islas malvinas, tarde o temprano nos vamos a dar cuenta que para saber como estamos, hace falta saber de donde venimos.
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