Cafés, prototipos, discusiones, fonditas y música electrónica

O cómo se vive The Everywhere Office desde adentro. (Volumen I)

Dosis Café. Sábado, mediodía. Foto por Martin Haiek.

Terminamos una semana intensa que incluyó tanto como pudimos empaquetar en siete días, desde un Design Sprint, hasta una noche de música electrónica en una fábrica abandonada, pasando por una serie de llamadas y conversaciones con todo tipo de gente (dueños de cafés en La Condesa, gerentes de recursos humanos, empresarios en Argentina, profesionales trabajando para fintech startups), un par de meetups (una de ellas fallida), un par de noches de mezcales con amigos, un par de salidas a correr por la mañana, una noche latina con amigos en medio de una lluvia tremenda, un poco de descanso, de discusión, de acuerdos y desacuerdos, de seguridad y confianza, de incertidumbre y miedo, sentirnos perdidos, encontrar patrones, dudar, debatir, diseñar, prototipar, experimentar… y bueno, mucho más.

Después de todo, todo esto, rescato y resalto tres hallazgos que resonaron muy particularmente conmigo:

Hablar con clientes, hablar con clientes, hablar con clientes…

Frëims. Miércoles, 11 am. Foto por Martin Haiek.

Decidimos redirigir nuestra oferta hacia empresas (de B2C a B2B) y, tras algunas pistas, nos enfocamos en un segmento muy particular que nos llevó a hablar con cuanta gente pudimos conseguir tan rápido como fuera posible, partiendo por amigos cercanos que nos dieron acceso directo a las empresas en donde trabajan. Tras hablar con nuestros amigos para saber cómo se sienten con su trabajo — en particular sobre sus prácticas de trabajo flexible y remoto , qué les gusta, qué no, qué puede ser mejor o diferente, y qué es inmejorable, nos fueron recomendando a otras personas, dentro de su organización y/o en otras compañías, para comenzar a conectar puntos entre todas estas entrevistas, o invalidar nuestras suposiciones, y con esto armar nuestra propuesta y nuestro producto para cubrir exactamente esas necesidades específicas que fuimos y vamos encontrando.

Todo este proceso me recordó a una de las primeras startups con las que trabajé en Estambul en 2014 (y una de mis favoritas, ever!): Zeplin.

El equipo de Zeplin —en ese entonces Raven— estaba formado por cuatro amigos que muy diligentemente trabajaban todos los días (¡absolutamente todos!) para darle forma a esa idea con la que entraron a un programa de aceleración: crear una plataforma que facilite el trabajo y la comunicación entre desarrolladores y diseñadores.

Tres meses después, no sólo lograron esa primera versión beta de su producto, sino que supieron acompañar muy bien la programación de esta plataforma con el input y feedback de la gente que tenían en mente como usuarios y clientes potenciales, que trajo como resultado una creciente comunidad de fanáticos, no sólo en Turquía, sino a nivel global: diseñadores y programadores de Japón y Rusia, a lo largo de Medio Oriente, en Escandinavia y hasta en Estados Unidos, que encontraron en estas primeras versiones de Zeplin una solución que tanto anhelaban y no sólo probaron si funcionaba o fallaba, sino comenzaron a correr la voz y a recomendar este servicio para implementar con sus equipos y empresas.

Intención para todo lo que hacemos.

Un domingo antes de iniciar nuestro Design Sprint, nos reunimos Martín, Gerry y yo en un café en la Condesa y nos tomamos algunos minutos para hacer un ejercicio de diseño de la semana, en donde a través de cinco preguntas pudiéramos detallar lo que esperamos de esta semana: qué salió muy bien la semana anterior y, en contraste, qué pudo salir mejor; qué es eso que absolutamente tiene que quedar durante la semana; qué puedo hacer para mejorar mi vida; qué hacer antes de iniciar el día; y qué puedo o quiero hacer que me haga más feliz.

Fondita. Lunes, 2 pm. Foto por Martin Haiek.

Es una práctica muy sencilla, pero también es muy fácil pasarla por alto o dejarla ir entre todos los pendientes y urgencias que parecen tener mayor prioridad. En contraste, dedicar unos minutos a hacer esto resaltó la necesidad de tener mayor conciencia sobre cada cosa que queremos hacer durante la semana y día a día, siempre manteniendo claridad sobre el objetivo de ese mismo día a día y semana a semana. Como resultado, aunque esa intencionalidad requiere cierto tiempo y espacio adecuados, se traduce inmediatamente en mayor entendimiento mutuo, empatía entre cada uno y una mejor alineación como equipo.

Check-in y check-out: diseño, reflexión, expectativa, conclusión.

Fábrica de harina. Sábado, 3 am. Foto por Martin Haiek.

Tenemos algún tiempo haciendo check-ins y check-outs para iniciar o terminar el día o alguna sesión de trabajo particular. Consiste en tomarse un minuto (o varios) para compartir abiertamente en equipo cómo se siente cada quien. Puede ser abierto y libre, o enfocado a alguna pregunta en particular. A nosotros nos gusta dejarlo abierto a cómo te sientes en este momento, acompañado de alguna reflexión particular sobre algo que pasó antes y que da el tono para iniciar a trabajar o para cerrar el día.

Aunque es inmensamente útil, requiere también mucha intención para no dejarse llevar por la inercia del trabajo en el día a día — no siempre es fácil ser el primero en decir ‘¿Hacemos check-in?’

En la medida en que pudimos dar ese pequeño esfuerzo extra para preguntar cómo nos sentimos antes de comenzar a cargarnos de pendientes y para cerrar el día y no dejar que se cierre por inercia cuando cada quien quiera hacer otra cosa, pudimos alinearnos y tener mucha más claridad y precisión sobre lo que estamos logrando, qué tanto estamos avanzando, y qué queda pendiente o falta cerrarse, además de priorizar y dividir mejor qué hace cada quien y cómo nos vamos distribuyendo esa carga de trabajo.


No espero nada menos para las próximas semanas. Al contrario, confío en que esta reflexión con la que concluyo la semana nos ayude no sólo a mantener el ritmo, sino también la variedad de encuentros y momentos pasando todo el tiempo y, con ellos, a encontrar y sumar a más gente increíble con quien compartir todas estas experiencias y recuerdos, y que esto nos ayude a avanzar más y mejor con el desarrollo de TEO, y por otro lado a disfrutar más cada uno y en equipo.

La Clandestina. Jueves, antes de medianoche. Foto por Martin Haiek.

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