¿El mejor lugar para trabajar?

Aventuras de freelance, home office y co-working.

En marzo regresé a México con el objetivo de trabajar por los siguientes meses junto con mis socios en una nueva idea de negocio — algo nuevo, algo diferente, algo más, algo nuestro.

Llevábamos un par de años platicando del tema sin un resultado concreto todavía. Por otro lado, mirando hacia atrás, sí fuimos elaborando más y más cada vez que abordábamos el tema, desde charlas muy amplias tratando de poner en palabras nuestras experiencias pasadas y cómo nos veíamos al mirar hacia adelante, cada uno y como equipo, pasando por llamadas tempraneras para darle estructura a esos conceptos y aterrizarlos en experimentos que nos llevaran a esa idea de negocios que no podríamos concretar, y hasta probar un par de proyectos que incluían probar bots en Instagram y el uso de SIM cards compartidas para gente que viaja constantemente a diferentes países. Vale mencionar que aunque no hubo resultados relevantes, fue divertido y enriquecedor todo el ejercicio.

Así fue como terminamos nuestro último proyecto en Londres sin otro proyecto inmediato en puerta, más allá de un posible proyecto en Mumbai (aún en el aire) y un siguiente proyecto en México hacia agosto del mismo año. Entonces, antes de volver a casa, nos dimos un tiempito para acordar qué seguía y cuál era ese paso inmediato que queríamos dar como equipo con dos ideas de negocio un poco más estructuradas que nos presentamos entre nosotros con slides y todo.

Decidimos enfocarnos en la gente que trabaja remotamente —location-independent fue el término que usamos — y el futuro del trabajo. Démosle tres meses a full para ver a dónde nos lleva. Y partimos buscando y entrevistando gente (amigos viejos y nuevos, amigos de amigos, conocidos,…) dentro de este perfil.

Funkalab, c. 2013.

La primera persona que vino a mi mente fue Tello, a quien tuve la fortuna de conocer cuando me sentí harto de mi trabajo y con una curiosidad morbosa por emprender y de quien tuve el honor de aprender de primera mano lo que implica iniciar un proyecto propio. En 2013, Tello tenía una plataforma de crowdsourcing para colaborar en todo tipo de proyectos creativos, muy horizontal e inclusiva. De ahí, se le ocurrió crear un evento de dos días para todos aquellos que tienen un proyecto personal en marcha pero nunca encuentran tiempo para avanzar, un bootcamp de fin de semana en el que la compañía de otros, la motivación de trabajar en grupo y la cooperación entre proyectos se traducía no sólo en avances concretos a nivel personal, sino en una comunidad creativa de ayuda y colaboración. Y después de algunos experimentos, comenzó la agencia de animación con la que ayuda a empresas de todo tipo a encontrar mejor su mensaje y conectar con su audiencia a través de videos de animación. Hoy, no sólo reúne a un sinfín de clientes en empresas que regresan por más animación, sino le ha permitido explorar otros proyectos de colaboración con música, guión, ilustración e incluso cine — su último cortometraje curiosamente cuenta las peripecias de una persona que trabaja remotamente.

Para mí, Tello siempre ha sido — y probablemente sigue siendo — el punto de referencia sobre colaboración creativa, abierta, con atención extrema al detalle, de autoconocimiento, mesura y rigor en el trabajo propio, y de flexibilidad y libertad para mantener un ocio creativo que permita constantemente probar cosas nuevas, experimentar, mejorar y, sobre todo, aprender.

En marzo me reuní con él, pasada la hora de la comida. Aunque él ya había comido, me acompañó y nos pusimos al día. Le conté lo que veníamos haciendo y cuál era el plan de este nuevo regreso a México y por los siguientes meses. Regresando a su departamento, me contó su parte, en lo que estaba trabajando por el momento y un preview con su respectiva explicación a fondo del contexto de cada cosa. Me mostró el cortometraje en el que había estado trabajando durante el último año, además de un ensayo ilustrado y animado, y sus últimas trabajos de animación para empresas.

FLOW, c. 2014.

Caminamos a ver un par de cafés en los que él suele trabajar y aprovechamos para platicar de su rutina, de cómo organiza su día a día, adónde va, cuándo y a qué hora, qué toma, cuánto se queda, y la plática se fue desenvolviendo hacia la evolución que él ha visto en sí mismo y cómo entiende su trabajo y la idea de hacer colaboraciones hoy. Después de platicar por un largo rato, terminamos volviendo a su casa para pedir una pizza.

Esa plática fue inspiración pura para mí, justo el empujón que necesitaba en ese momento y con esto me sentí preparado para empezar a trabajar con mis socios en The Everywhere Office, o TEO, como decidimos llamar a este proyecto de trabajo remoto y co-working. Por mi parte, teniendo a Tello en mente como ese primer cliente ideal que aprueba y reprueba, que no se mide para dar retroalimentación adecuada, y que critica pero también disfruta.


Como con Tello, vinieron conversaciones con Ale, Yukari, Liz, Javier, Mel, Gaby, Martín y Laura, entre muchos otros freelancers, home officers y emprendedores que trabajan día a día desde su casa, o a veces desde cafés, de un lado a otro de la ciudad, remota y digitalmente, y que han confiado en nosotros para contarnos sobre las altas y bajas de su trabajo, para ayudarles a mejorar su rutina, sus días de trabajo y su trabajo mismo, que nos cuentan lo que los inspira, lo que los desmotiva y lo que quieren ver pronto para mejorar tanto personal como profesionalmente, y que nos dan retroalimentación e ideas sobre lo que estamos haciendo y construyendo para ellos. Al final, una conversación muy fluida, entretenida y nutrida, de la que todos sacamos provecho para aprender constantemente y, por supuesto, mejorar (aunque eso está por verse).

Con el paso de las semanas y los meses, esa idea sobre trabajo remoto ha ido tomando más y más forma, cambiando de rumbo, dando paso a paso, evolucionando. Esa idea ya es una plataforma y comunidad que reúne a freelancers, home officers y emprendedores en cafeterías para juntos crear un mejor ambiente de trabajo, más creativo, más productivo y hasta entretenido, en el que todos y cada uno se sienten más cómodos pero motivados, disfrutan más de lo que hacen, encuentran nuevas conexiones y se inspiran con la compañía de otras personas con una actitud afín. Hoy, esta misma idea busca traer y potenciar el trabajo remoto dentro de las empresas, las que ya lo hacen y las que quieren explorar pero no saben exactamente cómo, y a través del trabajo remoto mejorar no sólo la productividad de individuos y equipos, sino la colaboración entre ellos, incluso entre empresas. Y pronto, esa idea que se convirtió en TEO te podrá decir dónde, cuándo y con quién te conviene trabajar para tener tu mejor desempeño y obtener mejores resultados en tus propios términos, lo que sea que eso signifique para ti — tu mejor lugar para trabajar.

Y tú, ¿desde dónde vas a trabajar mañana?