Identidad como punto de partida

La identidad social forma parte esencial de una buena estructura cultural. La idea de ser parte de algo nos invade y hasta nos puede llegar a ser una obsesión descontrolada. Pero no todo tiene por qué ser malo.

¿Qué sucede en el caso individual? Es una cuestión complicada. ¿A cuántos no nos han puesto a realizar una biografía de nosotros mismos? Sin duda es una tarea que en principio pudiese tornarse sencilla; pero — en muchos casos — no lo es tanto. Todo comienza con un pequeño resumen mental de lo que sabemos de nuestro pasado; hasta aquí sin problemas. Llegan recuerdos buenos y malos, experiencias que queremos compartir con el papel, y nostalgias o sentimientos encontrados.

Cuando comenzamos a redactar las primeras líneas es que caemos en cuenta que, dependiendo la persona, quizás, o nos conocemos de maravilla, o simplemente vivimos al día dejando atrás lo sucedido y solamente continuamos. En tal situación ya se vuelve un problema.

Pero ésta no es una entrada de cómo realizar una autobiografía, se trata, en sí, de ver que no siempre estamos identificados con el yo que siempre mostramos al mundo. Básicamente ahí en donde el problema se convierte en grave, porque al no tener una referencia propia — llamémosla — de calidad, no podemos redactarnos una imagen concluyente de quiénes en realidad somos. Entonces, si no tenemos clara la efigie nuestra, ¿dónde nos acoplamos para ser parte de ése algo que antes mencionamos? He ahí la cuestión.

Hace algunos años platicábamos un amigo y yo sobre este tema en particular y de la manera en que nos conocimos y nos hicimos colegas de ocio y diversión. Dimos todo un recorrido por aventuras y desventuras, llegando, finalmente, a la conclusión de que el pequeño círculo social en que nos desenvolvíamos era especial por su diversidad cultural y — aunque suene extraño — por la falta de un “género” símil entre los integrantes del grupo de amigos. Es decir, cada cual tenía muy firmes sus creencias, sus gustos, sus virtudes y sus planes a largo plazo. No mucho en común, salvo el hecho de que convivíamos con las mismas personas, relativamente hablando; vaya, nos reuníamos en los mismos sitios y con las mismas caras, con sus excepciones.

“ — Lo más chido es que nuestro grupo se define por no tener un género en específico. La diferencia nos identifica.”

Gabriel Arturo Sánchez | Amigo de aventuras.

Veámoslo desde otra perspectiva. Bastantes grupos de personas que se juntan para el ocio y demás actividades recreativas lo hacen con un intermediario en común: el estilo. ¿Qué estilo? Existen varios, no obstante el que más se denota es el género musical que más les llena. Y ello no tiene que ser precisamente malo, al contrario; personalmente estuve en algunos y tuve experiencias de las que no me arrepiento y muy agradables, con todo lo que conlleva. Lo interesante en muchos de estos casos es el hecho de que no siempre están de acuerdo en la toma de decisiones y en el trabajo en equipo, es más, en ocasiones frecuentes, si les preguntas de qué va su grupo social, no hay una respuesta en concreta. ¿Qué los define? La mayoría de veces no lo saben.

Partiendo de ello, cabe decir que parece ser una especie de paradoja sociocultural desequilibrada y falta, sí, de identidad individual. ¿Cómo es eso? Pues tendremos que volver a la autobiografía, donde quedamos en que si no tienes una definición de ti mismo, en donde “encajes” será un círculo que se caracteriza por lo mismo. Quizás sea ése su rostro: indefinido.

Ahora bien, estas identidades disformes traen consigo efectos colaterales que conllevan a conflictos sociales que al día de hoy son relevantes en la vida cotidiana, ya que obstaculizan el progreso colectivo dado que no se lleva un rumbo claro; hay una nebulosa que no nos deja ver más allá de la disfunción del individuo que la posea, causando una gran acequia cultural, social y hasta económica, en casos muy particulares. ¿Entonces de qué forma obtenemos dicha identidad? Pues siendo libres de albedrío en todos los sentidos; creándonos un criterio de lo que somos y del rumbo que queremos tomar, independientemente de con quién nos juntemos y compartamos momentos.

En mi opinión y experiencia dejo aquí el hecho de que si tenemos la mente libre será más sencillo poder no sólo redactar una biografía (que no se trata de eso precisamente), sino plasmar al mundo que nos rodea que lo que nos define como individuos sí afecta nuestra identidad en lo colectivo.

Todo ello es subjetivo y parcial, claro está, sin embargo, es un buen principio de lo que es la identidad como tal desde un punto de vista muy particular. Por supuesto que harían falta bastantes entradas para describir las enormes cantidades de identidad, aquí sólo una pequeña base que, errada o no, comparto.