Cómo Enfocar Mejor el Cambio Climático

A día de hoy no hay persona que no se sepa eso de que los polos se están derritiendo, que el nivel del mar esta subiendo inundando algunas de las ciudades más importantes del planeta o que los osos polares se están quedando sin su hogar.

Y, entendedme, no es que no me preocupen los osos polares o la desaparición de los casquetes ya que precisamente por eso escribo esto. No obstante, todos sufrimos las consecuencias del mal marketing que se ha hecho para concienciarnos del calentamiento global, un marketing que se fundamenta básicamente en el doom and gloom: una actitud pesimista y de culpabilidad.

El psicólogo y economista Per Espen Stoknes explica que hacer sentir miedo o culpabilidad, lejos de crear compromiso, hace a las personas más pasivas hacia el problema. Ya que cuando nos ronda un pensamiento de miedo o culpa tendemos a dejarla de lado y pensar en otra cosa que nos haga felices.

Pero la cosa no termina ahí. Hay un error todavía mayor en el marketing del cambio climático. Anthony Leiserowitz, director del Yale Program on Climate Change comentaba en una entrevista que se esta vendiendo el problema como un problema distante en el tiempo y en el espacio.

Distante en el tiempo porque todos los gráficos que nos muestran nos hablan de problemas que serán importantes para 2100, es decir, dentro de muchos años.

Y distantes en espacio porque nos hablan de deshielo en los polos o sequías en países en desarrollo, cosas que quedan muy lejos de nuestras vidas y trabajos en grandes ciudades.

Entonces… ¿Cómo vendemos este problema de modo que todos nos involucremos? Por suerte, tenemos algún ejemplo del pasado. ¿Os acordáis del agujero de la capa de ozono? Fue el gran problema medioambiental de los 80s y 90s y fuimos capaces de darle solución.

Para ese caso, la gente tenía una idea muy clara y simple de la situación: hay una capa en la atmósfera que nos protege de la luz ultravioleta, una luz que de recibirla en exceso nos produciría cáncer. A este terrible problema se le asignó un nombre genial: Agujero en la Capa de Ozono.

Además, la gente fue capaz de entender el porqué del problema, pues había ciertos productos que contenían aerosoles y esos compuestos destruían la capa de ozono. De modo que cada vez que alguien se iba a poner laca en el pelo, pensaría “¿Quiero destruir el planeta por mi nuevo peinado?” Y la respuesta era que por supuesto que no. Y lo mejor del asunto es que, efectivamente, las ventas de productos con aerosoles bajo dramáticamente.

Predicción sobre la recuperación de la capa de ozono

Esto es porque, en el fondo, la gente escucha a los científicos. Los últimos estudios muestran que la capa de ozono estará totalmente recuperada para el año 2050.

Nuestro problema es algo distinto, ya que el calentamiento global no esta causado por un solo gas sino por más de uno: los gases de efecto invernadero, que son básicamente 3: dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. Quedaos con esos nombres, porque son los protagonistas de esta historia.

Además, existen muchas fuentes de este tipo de gases y eso complica el problema.

A esto hemos de sumarle un detalle que puede parecer irrelevante: todos estos gases son invisibles a nuestro ojo. Es decir, la causa del problema más grande al que se enfrenta la humanidad hoy en día no se puede ver.

Si los gases de efecto invernadero fuesen negros y cubriesen todas nuestras ciudades y montañas es muy probable que ya hubiésemos solucionado el problema.

El CO2 esta presente en prácticamente todo en nuestras vidas: los coches que usamos, la producción de la comida que comemos, los edificios donde trabajamos o estudiamos… es prácticamente imposible que en nuestro día a día no contribuyamos al calentamiento global.

Algunas campañas te invitan a usar el transporte público en lugar del coche, pero con ese gesto, aunque honesto y admirable, no solucionamos gran cosa. Es como intentar solucionar un problema por la causa menos importante. Ya que, hasta el último tren, autobús o coche eléctrico obtiene su electricidad de la red eléctrica, la cual se genera en su mayor parte mediante fuentes de energía no renovable, es decir, contaminantes.

El problema gordo aquí es la energía y, para lo que a nosotros respecta, su consumo. Cómo hacer visible este problema fue el objetivo de UCLA Engage project, un experimento sociológico para el consumo efectivo de la energía.

Magalí Delmas, profesora de administración en la UCLA (organismo que llevó a cabo el experimento), explica que el experimento consistía en hacer un seguimiento del consumo de electricidad durante todo el día en algunas casas de un vecindario. Semanalmente, se les enviaba un informe detallado que les permitía entender mucho mejor cómo gastaban su electricidad y qué consumía más.

¿Pero cómo se podía motivar al consumidor a gastar menos energía y, por lo tanto, disminuir el consumo de energía necesario a nivel nacional? Se utilizaron 2 tipos de mensajes, que se enviaban por correo a estas personas. El primer método te daba consejos sobre como ahorrar dinero usando tu energía más eficientemente, pero no tuvo ningún efecto. Al fin y al cabo, la electricidad es relativamente barata. El segundo método concienciaba a la gente de que la emisión de gases de efecto invernadero aumentaba el riesgo de contraer asma y cáncer en los niños. Y ese sí que fue mejor, ya que eso llevó a un descenso del consumo energético de hasta el 19% en las familias con hijos.

Paralelamente, esta organización utilizó otro tipo de instrumento que motivara a los consumidores a gastar menos: un sistema de puntuaciones. El rojo era para los que hacían un consumo energético irresponsable, el verde era para los que lo hacían bien, para los que lo hacían extremadamente bien, se les puntuaba con una estrella dorada.

Esta presión social significó un descenso del 20% en el uso energético de las casas. Este fenómeno esta psicológicamente probado: los seres humanos son criaturas sociales y nos preocupa como otros nos ven como individuos. Por lo que, generalmente, queremos optar a la estrella dorada siempre en la vida.

La empresa de software Oracle ya esta jugando con técnica de competición social para el uso eficiente de la energía y colabora con más de 100 empresas en Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Reino Unido y Nueva Zelanda.

Comparación de tu consumo energético en comparación con tus vecinos

Este estudio fue tan efectivo que para 2016 UCL ahorró 2 teravatios-hora (2.000.000.000.000 vatios-hora), suficiente para hacer funcionar Miami durante todo un año.

Y este tipo de técnicas no terminan aquí. La aerolínea Virgin Atlantic ofrecía informes de consumo a un grupo de pilotos selectos, animándoles a gastar menos combustible. En pocos meses lograron ahorrar 6.800 toneladas de combustible simplemente ajustando rutas, velocidades y altitudes de vuelo, lo cual implicó emitir 21.000 toneladas menos de CO2 ese año.

Este tipo de técnicas y estrategias son prometedoras y esto esta solo comenzando. Así que para evitar el cambio climático necesitamos comenzar a cambiar algunos aspectos de nuestras empresas, productos, servicios y modelos de negocio desde mañana mismo. Debemos concienciar a la gente de los peligros en la salud del cambio climático y animarles a acabar con él mediante estrategias claras y factibles, tanto en casa como en el trabajo. Existirán tantas estrategias como modelos de negocio.

Así que debemos dejar de hacer publicidad tortuosa sobre el deshielo de los polos, la marca de contaminación que dejamos cada vez que cogemos el coche o las inundaciones que tendrán lugar dentro de 100 años. Tenemos que ser ingeniosos para crear técnicas que permitan a la población hacer algo al respecto en su día a día, premiar a los que ayudan al medio ambiente e informar de los triunfos contra el cambio climático a nivel local y global para que podamos ver como hacemos progresos.

Hay que potenciar el espíritu competitivo que todos tenemos hacia nuestro problema para pasar del espíritu apático actual a uno activo.