Capítulo 1


—Apaga el maldito mechero, Req.

—Night… ya sabes que no me gusta la oscuridad absoluta.

Night rebufo ante mi contestación y se giro, para evitar que la luz danzarina y azulada de mi mechero plateado le hiriera aun más en sus sensibles ojos. Yo esboce una sonrisa burlona ante la debilidad tan ridicula de mi compañero de fechorias. Le habia visto arrancarle la cabeza a mas de un enemigo, pero no podia soportar la luz de una llama en la oscuridad de la noche.

Sin apagar el mechero, levante la mirada hacia el aterciopelado firmamento que se extendia por encima de nuestras cabezas. Era una noche oscura y fria para estar en el mes de julio. Las estrellas centelleaban lúgubremente, eclipsadas su luz por las de una enorme y brillante luna llena. Según la mirada caía, Bullets Garden, el mundo donde nos encontrabamos, dibujaba con las azoteas de sus luminosos rascacielos la linea del horizonte donde cielo y tierra parecian juntarse. Eran tan solo vagas y poeticas apreciaciones del paisaje que me rodeaba para matar algo de tiempo hasta que aparecieran.

Las palabras de la mujer que habia hablado con nosotros aquella tarde habian sido claras y concisas. Su marido habia sido atacado por los seres negros e informes hacia una semana. Habia visto como su amado esposo desprendía un corazón cristalino y rosaceo que se había levantado hacia la infinitud del cielo. Y, poco después, su esposo habia tornado en una de aquellas criaturas, mezclandose con ellas y perdiendole de vista. Su relato se veia interrumpido por sollozos, hipos y pausas para sonarse la nariz debido a la congestion producida por el llanto. En el bolsillo de mis pantalones cortos aun guardaba yo la foto que la mujer nos habia dado. Night quizás la habria introducido en el escaner de SC, pero ya sabia que yo no necesitaba ningun escaner como tal. Era algo que me venía de serie.

Tras dejar Ciudad de Paso, el mundo donde se habian producido los hechos, Night y yo nos encaminamos al que posiblemente era el nido de más oscuridad de todo el universo que podiamos explorar: Bullets Garden. Pese a que la gente que habitaba en este mundo estaba bastante podrida por dentro, aun muchos R30 y R20 se atrevían a pasearse en manadas para ver si podian convertir a alguno más. Yo tenia el presentimiento de que nuestro objetivo aparecería en Bullets Garden, y Night puso los ojos en blanco, poniendo rumbo hacia el mundo y alegando ‘que no lo hacia solo por mi, que tambien tenia que echarle un vistazo nuevamente al submercado’. Por supuesto, Night.

Pero seguiamos esperando desde hacia mas de media hora, y el viento que se habia levantado en la azotea de aquel rascacielo hacia que me estuviera helando cada vez mas y mas. Habia apagado el mechero y lo habia vuelto a guardar en uno de los enormes bolsillos de mi chaqueta negra, que se ajaba al llegar a las piernas, para mantenerlas libres a la hora de correr, saltar o patear cabezas.

Me entretuve colocandome las calzas ajadas y agujereadas de nuevo en su sitio; las habia usado tantisimo que apenas me duraban cinco minutos bien estiradas por encima de las rodillas. Recorri con el dedo las rayas rosas y negras que tenian y hacian de aquellas calzas una de mis prendas favoritas, a fin de matar un poco el tiempo ya que carecia de otra cosa que matar.

—Ahí estan.

La voz grave de Night rompio el silencio y mi trance a rayas, haciendo que mi cerebro se alertara y se pusiera en posición. Me levanté, echando mano a mi cintura, donde mis espadas gemelas estaban enganchadas. Esbocé una sonrisa picara de medio lado, notando como la adrenalina recorria mis venas atropelladamente. Oh sí. Empezaba la cacería.

Asomandonos al bordillo de la azotea, a un solo paso del terrible vacio que creaba la titanica altura del edificio, comprobamos como en la calle mayor de Bullets Garden se habia empezado a oscurecer el suelo. De pronto, empezaron a brotar uno a uno las criaturas negras, emergiendo de las sombras, y creandose en lo que se podia deducir como sus cabezas dos enormes esferas luminosas y amarillas que parecian hacer la funcion de ojos. Sincorazones.

Un escalofrio me recorrio la espalda. No me acostumbraba a verlos aparecer, no me acostumbraba a su existencia, sencillamente. Y ser parte de un equipo de sicarios contra sincorazones hacia de esta mala costumbre una verdadera putada. Pero no me afectaba lo suficiente como para impedirme batallar y vencer contra ellos.

—¿Preparada?

—Ya sabes que sí.

Night sonrio, dejando entrever los enormes y prominentes colmillos que guardaba siempre bajo sonrisas de labios cerrados. Eso si que era escalofriante, pese a que a esto si me hubiera acostumbrado bastante.

El me agarró, como si estuviera cargando con un saco de patatas, y se lanzo al vacio, sabiendo que aterrizaria sano y salvo como un gato sobre sus mullidas patas. El viento me golpeaba en la cara y el estomago se me encogio al notar como el suelo se iba acercando cada vez mas y mas a una velocidad mas que alarmante.

El aterrizaje fue seco y corto, haciendo que todo mi ser recibiera la violenta sacudida de una manera bastante dolorosa. Night me dejo en el suelo, soltando una risita debido a mi reaccion. Era demasiado cabron en demasiadas ocasiones.

Una vez recuperada, nos pusimos en posición. Delante de nosotros, rodeandonos, hambrientos y misteriosos con aquellos terribles ojos amarillos, teniamos lo que parecian un centenar de sincorazones. Por el rabillo del ojo, comprobé como las uñas de Night se alargaban y curvaban, a la par que se volvian terriblemente afiladas, para prepararse para el combate. Yo alargue las manos hasta las empuñaduras de cuero de mis espadas gemelas, sacandolas de su escondite oculto entre mis ropajes.

Y entonces, cerré los ojos. Era un momento de concentración máxima. Debia mantener totalmente la compostura y la calma y pensar solo y unicamente en centrar todo mi poder en visualizarlo.

Era muy difícil identificar a dos sincorazones. Normalmente, perdian toda la cordura cuando perdian su forma humana y, su corazón, obviamente, sino no recibirian ese extravagante nombre. Sin embargo, se habian dado casos en los que las personas convertidas en sincorazones aun mantenian un minimo de sentido, de consciencia, ante lo que le rodeaba. Y por ello, se podía decir que eran fácilmente distinguibles.

Las manos de dedos afilados y deformes de los sincorazones empezaban a rozarme en los brazos. Era una sensación demasiado extraña y repugnante, pero a la que me habia acostumbrado. Aun no entendia como habia podido hacerlo.

Sentia que estaba en medio de la multitud y que ellos me esquivaban como cualquier barrera arquitectonica que encontraban. Al fin y al cabo, su unica meta era ennegrecer los corazones de los humanos que se encontraban a su alrededor para así aumentar las filas de su ejercito —pese a que en Bullets Garden no podrían ennegrecer más aun los corazones de sus habitantes—. Me ignoraban, solo notaba su asqueroso tacto como si fueran algas que me rozaran una y otra vez la piel. Pese a que me habia hecho a la idea de que me rodearan por completo, prefería no tener que estar expuesta a aquellas criaturas durante demasiado tiempo.

De uno de los bolsillos más grandes de mi chaqueton, saqué un medallón, un camafeo, plateado, en forma de corazón. Lo levanté entre la multitud de los sincorazones, con los ojos cerrados, para intentar concentrarme cuando los abriera. Para fijarme cual de aquellos seres negros habia fijado sus luminosos y amarillos ojos en el colgante que se balanceaba gracilmente en mi mano.

Mis ojos se abrieron y se fijaron en un punto a unos metros de mi. De toda la marea de sincorazones, solo un par de bolas amarillas se habían quedado fijos por completo. Mi otra mano, que ya empuñaba mi daga ‘Lumina’, aferró con fuerza la empuñadura de mi arma.

Corriendo como si estuviera en medio de un campo de vegetación espesa y alta, llegué hasta el punto donde el sincorazón se había quedado absolutamente inmóvil. Mi respiración acelerada, las suelas de mis botas pisando el suelo mojado de la calzada con rapidez estrepitosa, y los sonidos que emitia Night mientras rasgaba de dos en dos a las criaturas negras, eran los unicos sonidos que interrumpian el silencio nocturno. Y yo no escuchaba ninguno de ellos, mi mente se habia concentrado tan solo en aquella alma atrapada en el cuerpo de un ser informe.

Lumina se hundió con certeza en el interior del cuerpo de metro y algo del sincorazón que inútil y miserablemente habia intentado alcanzar el medallón con sus cortos brazos. Senti lastima por la persona que habia sido en vida, y que posiblemente aun estuviera viviendo en el interior de aquella aterrorizada criatura. Este era el peor momento del pequeño servicio que ofreciamos Night y yo como parcas.

El sincorazón dirigió sus vacios y brillantes ojos hacia mí. Yo le miré, aferrando con fuerza el colgante y sosteniendolo frente a lo que sería su rostro, aprovechando el poco tiempo de vida que podría quedarle. Aquellos bichos no solían durar demasiado cuando les ensartabas por la mitad.

—¡Escúchame! —sus ojos, que seguían el movimiento violento del medallón, se posaron en los míos—. ¡Ella es quién me ha enviado! ¡Sé que aún queda algo dentro de ti que la reconoce! ¡Que sabe quién eres, quién es ella, y que siempre la has amado! —no, hablar de “amar” era incluso demasiado para mi en una situación así. Las lágrimas afloraron en mis ojos, pese a que intentara contenerlas debido a lo poco profesional que resultaba que una sicaria se echara a llorar en mitad de un trabajo—. ¡Y por eso, volverás a ella!

Saqué la espada del pecho del sincorazón, introduciendo al mismo tiempo la mano que sostenía el camafeo en la hendidura que Lumina había dejado. Era como atravesar con la mano desnuda el caparazón de un crustáceo. Abri la mano en su interior, dejando el camafeo en sus entrañas, y sacando mi mano con rapidez, cuando la herida del sincorazón empezó a brillar.

El impulso con el que saqué mi brazo de ahí me tiró para atrás, con la suerte de encontrarme a Night preparado para cogerme al vuelo. Siempre tenía que adelantarse a todo, siempre. Si no era perfecto, se moría.

La luz aumentó, hasta lograr que la mayoría de los sincorazones fueran desapareciendo. Finalmente, solo quedamos Night y yo, al lado de una luz cegadora que estalló y se desvaneció, dejando tras de sí el cuerpo malherido y medio muerto de un hombre adulto, con una hendidura oscura y ennegrecida en el pecho, y un medallón plateado firmemente sujeto en una de sus manos.

Night y yo nos miramos, mientras yo me levantaba y buscaba debajo de mi chaqueta mi aparato para crear portales. Ciudad del Paso tenía la ventaja de ser uno de los pocos mundos con facilidades para el teletransporte —posiblemente, de ahí su característico nombre—, asi que en cuestion de unos segundos podías estar de nuevo en la plaza mayor, charlando con el hostalero o la panadera del lugar. Sin embargo, este viaje era mucho más lúgubre que una mera visita turistica a aquel aciago mundo.

Cuando comprobé que Night había cargado con el hombre y estaba dispuesto a cruzar el portal, dejé la pequeña máquina en el suelo, pulsando uno de sus botones y creando una puerta hacia la pequeña plaza que daba a la vivienda de nuestra cliente.

Dos toques con los nudillos fueron suficientes para que abriera la temblorosa y nerviosa mujer. Sabía que posiblemente había estado esperando detrás de la puerta desde que nos habíamos marchado a hacer nuestro trabajo.

Su rostro era una mezcla de distintos sentimientos entrecruzados y mezclados, y digamos que mi gesto abatido, cansado y dolido no ayudaba a que aquellos sentimientos tornaran en alegria o consuelo. Entré en la casa, cálida y templada al mismo tiempo, proseguida por Night, portando al marido de la mujer.

Ella chilló al verle, mientras mi compañero le dejaba tumbado en un sofá cercano. Su voz, suave y delicada, intentaba ser lo más dulce posible para explicar la situación en la que se encontraba.

“No le hemos salvado, Night. No nos engañemos. No somos héroes. Sólo llevamos una muerte más digna a las personas que más amas”, pensaba para mis adentros. No soportaba la labia que tenía Night para engañar la mente de nuestros clientes que pedían esta clase de servicios. No estaba bien jugar con sus esperanzas. Aquel hombre no se iba a recuperar. Y Night así lo explicaba, pero nunca parecía que estuviera diciendo aquella cruda y dura verdad.

Un gemido ahogado, seguido de un llanto amortiguado, se escuchó detrás de mí. Después, el frío tacto de la mano de Night apareció en mi hombro, apretandose como signo de apoyo.

—Ya hemos terminado aquí, Req. Vamonos.

Night cerró la puerta tras sí, emitiendo un cansado y largo suspiro. Era una noche muy bonita, pese a lo dura y ajetreada que se había vuelto. El viento ya no corria tan fuerte, tan solo hacia acto de presencia como una ligera brisa refrescante. Las pequeñas casas solo se iluminaban por el plateado resplandor de la luna que dormitaba sobre nosotros.

Una misteriosa lágrima brotó de mi ojo derecho, sin saber exactamente porqué había aparecido. La sequé con rapidez, sintiendo un peso doloroso en la boca del estómago.

—Night, ¿cómo consiguió el medallón devolverle a su forma original? —pregunté, girandome hacia él, que tenía la mirada perdida en el firmamento estrellado.

—Te lo explicaré una y mil veces y me lo seguirás preguntando, petarda —repuso él, con una sonrisa ladeada y leve, y su mejor tono burlón—. Cuando un humano pierde su corazón debido al ataque de un sincorazón, este se materializa en una especie de corazon de cristal rosa que se eleva sin más hasta la infinitud del firmamento. Ese corazón de cristal es la forma más comun de materialización, y conseguir dicho corazón y juntarlo con el sincorazón en cuestión es el procedimiento para que la persona vuelva a retornar a su estado humano.

“Sin embargo, es muy complicado capturar ese corazón que escapa del cuerpo, así como encontrarlo entre tantisimos corazones que vagan hacia el Reino de los Corazones.

Pero ese corazón no es más que una de las materializaciones del alma, del espiritu de una persona. Si esa persona tuvo la suerte en vida de conocer a alguien especial, alguien con quien compartía un vínculo tan fuerte como para dar su vida por él, entonces el símbolo de dicha union se convertiría en otro corazón de cristal. Como por ejemplo, el medallón de plata de aquella mujer.

La manera más natural de volver a un sincorazón a su forma humana es recuperando su corazón de cristal y volviendo a unirlo en su interior. Sin embargo, lo que has hecho hoy tal y como te lo expliqué, es la segunda manera.”

—Pero… de la manera en la que lo he hecho yo… hace que la persona termine muriendo.

—Sí, pero le otorgas el tiempo suficiente de vida como para poder despedirse de ese alguien especial, mi pequeña Req.

Bajé la cabeza, deprimida y asustada. La cienciología del corazón era un tema oscuro y escalofriante para mi. Lo odiaba. Me traía terribles recuerdos que prefería dejar olvidados y a un lado para que no me hicieran más daño del que ya me hicieron. Pero aun así, me gustaba saber las consecuencias de mis actos y lo que llevaba a cabo cada vez que realizaba uno de aquellos trabajos.

—No te conviertas nunca en sincorazón, Night, por favor —murmuré mientras me acercaba a él, abrazandole. No solía mostrarle mi cariño de una manera tan efusiva, pero aquel día estaba cansada física y mentalmente hablando, y el unico que podía reconfortarme en cierto modo era él—. No quiero tener que abrirte en dos…

—Sabes que eso solo les afecta a los humanos y a ciertos tipos de animales, tonta —el me acarició la cabeza, mientras rodeaba con sus brazos el resto de mi cuerpo—. Ya sabes que siempre estaré a tu lado. Te lo prometí aquel día, y cumpliré con mi promesa. Y lo sabes.

—Lo sé… lo sé, Night… —hundí la cabeza en su pecho, cerrando los ojos— Vamonos a casa, por favor…

El asintió con la cabeza y me giró de nuevo, pasando su brazo por mis hombros y yo el mio por su cintura, ya que el era mucho más alto que yo como para imitar su gesto.

Si me hubieran preguntado qué era exactamente Night para mí, no les habría sabido responder. No era un amante, pero tampoco era un amigo. Era como un hermano mayor, pero sin las discusiones que generan los lazos de sangre y la genetica similar. Era como un amante pero sin el deseo ni la atracción sexual. Y era como mi mejor amigo, pero con aún mayor complicidad, compenetración y confianza que con un simple amigo. Creo que a día de hoy no he encontrado una palabra para definir la relación que tenía con el vampiro de melena rubia, pero sin duda, haberle encontrado era lo mejor que me había sucedido en toda mi vida.

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