Cristina Garcia Rodero

Comunidad: la construcción colectiva del mundo

La experiencia del mundo parece estar limitada por nuestro propio cuerpo. Vivimos solo lo que sentimos. La realidad se resume a eso que perciben nuestros sentidos. Sin embargo, nuestra sensibilidad se cultiva en comunidad y el conocimiento es siempre colectivo. Los rituales y tradiciones; los saberes y costumbres; la lengua, y las vivencias compartidas, articulan nuestros paradigmas, la forma en que leemos lo que nos rodea.

Los humanos colaboramos. Reunimos nuestra energía para mantenernos vivos unos a otros y nos comunicamos para generar un “sentido común”, que — finalmente — es el sentido de nuestra existencia. Vivimos porque nos identificamos; porque experimentamos el mundo profundamente y esto nos pone en cuestión constantemente, de manera que se vuelve necesario reconocer este destino en los otros.

Es nuestra comunidad — el grupo de sujetos junto a quienes ensamblamos vida — lo que nos da consistencia. La comunidad estabiliza nuestra persona: pasamos de ser un fantasma a ser un individuo, un sujeto determinado gracias al reconocimiento de otros. Y cada uno de nosotros hace lo mismo por quienes lo acompañan en este viaje existencial, es decir, los reconoce y se reconoce en ellos.

La tribu como origen de comunidad

¿Cuándo comprendimos que debíamos estar juntos? La noción de tribu surgió casi de forma simultánea a nuestro origen. Los primeros humanos articularon un fuerte sentido de pertenencia en torno a un “yo” colectivo, y recurrieron a la colaboración como un vehículo de supervivencia y florecimiento. A fin de cuentas era evidente, al igual que lo es ahora, que el destino de cada uno está unido al del resto

Un suelo común (el territorio), un código particular (los usos y costumbres que van forjándose), y el reconocimiento de que una buena porción del futuro será compartida por todos, es lo que da cohesión práctica a un grupo; si esto ocurre, entonces pueden aflorar la empatía, la colaboración, y una serie de valores que mantienen la armonía y actúan como agentes evolutivos de esa colectividad.

El aquelarre

La comunidad es simultáneamente un sitio, un grupo y una forma de estar. El mismo principio es válido para el aquelarre. El concepto, de orígenes elusivos, fue literalmente satanizado en tiempos de la Inquisición. Según la propia definición de la iglesia se trataba de las reuniones de brujas para realizar rituales y conectar con el Diablo. El aquelarre se convirtió entonces en una comunidad de mujeres, que se transmitían secretos sobre la magia de las plantas, los elementos y el cielo. Mujeres reunidas en secreto, en tiempos especialmente violentos para su género, conspirando, intercambiando saberes sobre el mundo y sus cuerpos, hermanándose.

Ismail Zaidy

No en vano el feminismo recuperó la noción del aquelarre, que hoy es un espacio de sororidad, donde las mujeres que asisten a él se apropian de la noción de “bruja” y, literalmente: se hacen de un poder y lo utilizan para modificar el estado de las cosas.

Colectivo ético

Del latín “collectivus”, podría traducirse en algo como una “colección de lecturas”. El colectivo es ético: quienes lo ensamblan reconocen que su actuar siempre afecta a los otros. Sin embargo, quienes pertenecen a esta comunidad procuran dirigir su comprensión del mundo en un solo sentido y cuidar de este –sin negar otros, simplemente cultivando el suyo–

La unidad

Existe una gran diversidad de formas de comunidad, pero todas comparten el mantener una mirada común, un punto en donde las distintas ópticas se reúnen y orientan a la colaboración para el bienestar compartido. La comunidad es reconocer, e idealmente honrar, que existe una íntima conexión entre las experiencias de vida de cada uno. Por eso la comunidad trasciende al individuo, sin desarticularlo, y actúa como un solo organismo;

también es, quizá, un recordatorio de que el origen de todo fue la unidad, y que no solo somos seres indisociables, sino un solo ser.

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Hands represent you or, better, they embody you. Their shapes, textures, signs, and movements are a kind of mimetic mirror of their bearer. You are your hands. They reflect you and know your secrets. www.thenewsanctuaries.com

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