
Una noche oscura
Entrega 2
Mel paseaba con su perro en busca de algún resto valioso en el onceavo piso de un edificio comido por el tiempo, con un aparato suyo podía alumbrarse entre aquella niebla sin ser cegado por la luz reflejada en los charcos de agua que se formaban por la lluvia. Clock correteaba entre las ruinas, olfateando en busca de metal, comida, u algo que le llamase la atención, su amo de todas formas lo premiaría como siempre: una palmadita en el lomo y un “bien chico”. Clock también iba a veces pendiente del oído, por si acaso escuchaba algún roedor, así obtendría su ración de comida casi semanal.
Aquella noche, para Mel no iba a ser como las demás, no volvería al refugio-laboratorio con un par de bombillas rotas, un poco de cable y si había suerte un cristal sin romper que estuviese en bajo una capa de escombros. Aquella noche mientras escarbaba en busca de algo donde su perro le había señalado y mientras farfullaba sobre lo vago que era su perro, una mano empuñaba un material cortante, con la otra agarraba fuertemente la mano a la persona con la que había vivido, aquella mujer había gastad todas sus fuerzas para que su bebé naciese desde después de la puesta del sol, ahora ya casi salía el sol y no respiraba. El hombre de tatuajes en la cara, el pecho y los brazos le había dado ánimos, había hecho todo lo que podía para que su hijo viviese… solo le importaba su hijo, que se encontraba entre las ensangrentadas entrañas de su madre que podían a la luz de las velas.
Mel maldijo a su perro por desaparecer, acababa de escuchar el grito del Gorp, una criatura que solo salía noches como aquellas. Nervioso, miró a su alrededor, vio a su perro en un borde sin pared de aquella planta. Con otra maldición corrió hasta él para después esconderse, pero cuando llegaba tropezó y todo lo que llevaba entre las manos o sin suficiente sujeción calló al vacío.
Los primeros rayos del sol se despertaban, las calles empezaban a iluminarse, Mel cegado por la luz que incidía en sus ojos hacía un análisis de su situación. Sabía que tenía medio cuerpo encima del vacío de 11 plantas que había hasta la calle. Un ladrido de su perro, seguido de una última maldición hizo que Mel se olvidase del análisis, y empezase a enderezarse, pero justo cuando cogió impulso vio a una persona andar a paso ligero por la calle. Sabía que había colonias cerca de aquella ciudad, y que también había gente como él, que vivían apartados de las aglomeraciones, pero todos se conocían, o al menos habían oído hablar unos de otros. Vociferó un “Eo”, la persona se giró y miró hacia donde Mel, instantes después, giró en la dirección contraria, pero esta vez corriendo. Mel sin pensarlo un segundo empezó a correr hacia las escaleras.
Clock seguía a su amo que corría por las escaleras. Mel bajaba a saltos las escaleras, sin tener cuidado alguno en saber donde pisaba. Sabía que por el sexto piso andaba su mecanismo de bajada rápida, situado en el hueco de un antiguo ascensor. También sabía que si ese hombre corría por la zona Boss, moriría, no solo lo sabía Mel, lo sabía también Clock, las ratas, los Gorp, los Merkes, y demás criaturas que había por la ciudad.
Llegó al sexto piso, pasó por donde antiguamente había una puerta, se enganchó la cuerda, cogió a Clock en brazos y saltó al vacío.
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