Graphic Bombs. Visualización de datos, señores con corbata y propaganda.

Paadín
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Oct 29, 2019 · 9 min read

Artículo Escrito por Paadín Director del Máster en Diseño de la Información y Vicualización de Datos de SHIFTA | Escuela Online de Creadores Digitales.

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El lugar del drama. La Sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El escenario es imponente.
De hecho es, probablemente, la sala más solemne de la tierra.
Bajo su cúpula el Che Guevara denunció el imperialismo, Ronald Reagan suspiró por una invasión alienígena que hermanara a la humanidad, Nikita Kruschev estableció el zapatazo como forma de protesta…grandes momentos de la historia del siglo XX.

Nuestro protagonista se dirige decidido al atril, un bloque de mármol negro con el anagrama de las Naciones Unidas, allí disfruta de la ovación entusiasta de sus partidarios e ignora deliberadamente la indiferencia de sus detractores.
Comienza su discurso. Como podemos esperar en una representación de estas características, está construido a base de figuras retóricas y declaraciones de intenciones, de citas históricas y veladas amenazas. El orador representa a uno de los estados clave en la geopolítica internacional, el punto sobre el que descansa el frágil equilibrio de una región.
Hacia el final del discurso, mientras su voz imprime gravedad a las preguntas retóricas que dirige a la Asamblea, sus manos sacan de bajo el atril un cartón plegado por la mitad. Torpemente lo coloca a la vista de todos y lo abre para que podamos ver su contenido. En ese mismo instante se da cuenta de que la imagen que quiere enseñar al mundo está boca abajo. Lo voltea sin inmutarse y nos presenta el dibujo caricaturesco de una bomba.
Una bomba de dibujos animados. (1)

La misma bomba con la que el Coyote persigue al Correcaminos, la misma bomba que persigue a Mario en los videojuegos, la misma del folleto de ofertas del supermercado de la esquina.

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El Gato Felix en su papel de mascota de un escuadrón de bombarderos.

¿Qué puede mover a un jefe de estado, en el contexto más solemne y tratando una delicadísima cuestión de geopolítica internacional, que podría poner al mundo al borde de la catástrofe atómica, a utilizar la visualización de datos de esta manera?

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Benjamin Netanyahu pasando a la historia del diseño de información.

A día de hoy, la imagen de Netanyahu con su cartulina y la bomba dibujada se ha convertido en un meme, (2) se repite como un chiste cada vez que alguien menciona el uso de la visualización de datos en política.

Es una imagen sencilla en apariencia pero, como todas las imágenes, es una caja con cajas dentro (una muñeca rusa, si utilizamos una imagen más). En este caso, la caja exterior, el envoltorio, es de lujo: un hombre con traje y corbata, un gran estadista frente a un fondo de mármol verde y negro, un escudo dorado… el escenario de las grandes ocasiones y los mensajes graves. Dentro de esa caja premium hay otra caja más pequeña. Una cartulina con una bomba. Modesto papel de embalar que contrasta con el lazo dorado.

Si pensamos solamente en lo que Netanyahu presenta a su audiencia vemos una imagen a caballo entre el diagrama y la caricatura. Su forma esquemática nos hace pensar en una descripción técnica, una patente o unos planos de ingeniería pero, al mismo tiempo, es la caricatura de una bomba, con su forma arquetípica y su mecha encendida. Unas marcas y unos números nos indican que en realidad se trata de un gráfico estadístico, 50% , 75%, 90%… finalmente, una línea roja señala lo verdaderamente importante. (3)

Si analizáramos esa imagen atendiendo a las voces que, sobre la pertinencia de unos gráficos u otros, nos regala la discusión pública sobre dataviz en internet, lo primero que deberíamos decir es que la forma escogida para representar los datos es, como poco, un collage de mal diseño. Por una parte, si quisiéramos transmitir la idea de evolución en los porcentajes, de avance hacia un punto, deberíamos haber empleado otro recurso. Quizás una barra horizontal. Así enfatizaríamos que estamos a un paso de completar una “barra de progreso”. Podríamos, incluso, cambiar su orientación y emplear una metáfora visual. Quizás un misil, una referencia directa al la posibilidad de la guerra nuclear. Aún así, si estuviéramos empeñados en emplear la metáfora de la bomba, y dado que ésta es redonda, deberíamos aprovecharnos de su forma y emplear el gráfico convencional en la representación de porcentajes, un “piechart”, un “quesito”.(4)

Es evidente que Netanyahu no atendió a esas discusiones sobre cómo representar “correctamente” porcentajes, porque ahí se plantó, con su bomba, para ilustrar el mensaje que quería comunicar al mundo.

Si pensamos que la cartulina y el dibujo son un recurso deliberado, a pesar de contravenir aparentemente todas las convenciones más elementales de la visualización de datos, debemos preguntarnos porqué.

A bote pronto presenta tres aspectos importantes:

  • Llamar la atención del auditorio. Nada debe ser más aburrido y previsible que una asamblea general de la ONU. Por una parte todo el mundo sabe de antemano lo que van a decir los demás (la asamblea no es un espacio de discusión sino de representación) y por otra hay muchos países en el mundo y todos hablan un rato. Por lo tanto, después de toda la mañana escuchando vaguedades por parte de los representantes de Trinidad y Tobago, Vanuatu, Albania, Eslovaquia, Alto Volta, etc… se necesita algo más que argumentos para despertar al personal. Y probablemente también para conseguir minutos de televisión.
  • Fijar la idea. “Irán se acerca peligrosamente a tener capacidad para fabricar una bomba atómica” Este sencillo y conocido mensaje podría pasar sin pena ni gloria, de no ser por que la imagen, y lo chocante de su presentación han ayudado a fijarla en la mente, no solo de los asistentes, sino de espectadores de todo el mundo. Una bomba a punto de estallar. Una línea roja que no se debe traspasar. Esa es la esencia del mensaje. Ese es todo el discurso condensado en una imagen.
  • Finalmente está la potencia comunicativa de la propia imagen: un señor con corbata sosteniendo un gráfico con porcentajes.
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Un señor con corbata sosteniendo un gráfico.

La representación de datos, incluso su simple mención, ha tenido desde que la psicología es ciencia y la propaganda un arte un papel importante en las formas de convencer a la gente de cosas en las que, a priori, no cree.

Dos de cada tres dentistas recomiendan Col[beep]te., tres de cada cuatro técnicos de lavadora recomiendan Cal[beep]n. Es uno de los trucos más viejos del libro. En retórica lo llaman argumento de autoridad y en nuestra infancia lo hemos sufrido todos cuando nuestros padres (la autoridad) después de preguntarles por milésima vez “Papá ¿Por qué ( _rellene Ud. este espacio_ )” respondían “Porque lo digo yo, que soy tu padre”.

Un señor con corbata y un papel con gráficas que aluden, ni que sea de forma lejana, a las matemáticas es la formalización más sencilla de ese recurso. “Esto que digo yo, es cierto porque viene avalado por la CIENCIA”. Poco importa que la imagen presentada no sea ni remotamente científica. Basta con que nos lo recuerde vagamente para activar en nuestros cerebros el condicionamiento implantado en nuestros cerebros por 15 años de clases magistrales, de señores con corbata dibujando en una pizarra las arcanas fórmulas y diagramas con los que se expresa la ciencia.

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El patriacado en clase de álgebra.

De hecho no es necesario que el icono presentado sea “científico”. Basta con que lo parezca. La Ciencia es La Verdad y la visualización de datos el lenguaje en que se expresa.

Así, sólo con sostener una imagen que el espectador interprete como científica, el orador de turno transforma en verdadero lo que sea que está diciendo. Impregna de autoridad al emisor del mensaje y predispone al espectador a aceptarlo, rebajando su capacidad crítica. Podríamos pensar que es una forma de magia simpática, como un muñeco vudú o un amuleto, que opera por proximidad o similitud al sujeto. Tal es el poder de la imagen.

La visualización de datos es una disciplina híbrida que bebe de muchas fuentes, desde la estadística a las teorías perceptivas, pero su producto final, por definición, es una imagen sujeta a las mismas reglas y cargada de los mismos peligros que cualquier otra imagen.

Hemos aprendido, después de dos siglos, que no nos podemos fiar de las cámaras, que debemos sospechar de las imágenes que se nos presentan como reales, tanto más en este mundo nuevo de Photoshop e Instagram.

Deberíamos aplicar esa misma actitud crítica a la visualización de datos y el diseño de información, porque precisamente una de sus principales virtudes es la capacidad de transformar datos ininteligibles o poco interesantes en en una bomba comunicativa y las bombas, todos lo sabemos…las carga el diablo.

Notas:

1)Una bomba atómica no se parece en nada al esquema de la cartulina, pero aún así, a día de hoy, la imagen arquetípica de un artefacto explosivo sigue siendo esa esfera metálica con una mecha encendida. La esfera cuestión no es una bomba, sino un proyectil de mortero, empleado desde el siglo XVII. El Gato Felix, Spy Vs Spy, El Correcaminos… todos ellos llevan ese objeto obsoleto que, a pesar de que hace 200 años que no se usa, es la imagen mental que tenemos de una bomba, probablemente porque hoy en día suelen ser un “tupper” lleno de explosivo plástico conectado a un teléfono móvil viejo, todo ello enrollado en cinta aislante, por lo que son inviables como representación arquetípica de nada.

2) Los memes producidos a partir de los “props” de discurso, esas ayudas visuales que aparecen oportunamente en los debates electorales televisados son infinitos. De hecho, podríamos pensar que, hoy en día, sea intencionado que un político presente una cartulina a la pantalla, no sólo para reforzar un argumento, sino porque está prácticamente garantizado que Internet (los usuarios, se entiende) producirá inmediatamente cientos de imágenes modificadas, satíricas, a favor, en contra… que amplificaran su discurso y su presencia en la red.

3) La expresión “linea roja” es una síntesis de tres imágenes mentales y frases célebres en su día. La linea roja que las potencias occidentales (USA, Gran Bretaña y Francia) dibujaron sobre un mapa de Oriente Medio para repartirse el petróleo del Imperio Otomano. La linea en la arena de posibles múltiples orígenes históricos y la “Delgada Linea Roja” popularizada en un poema de Rudyard Kipling sobre la Batalla de Baclava. Nos remite también a los límites de seguridad de velocímetros, manómetros y otros aparatos de medida y en cualquier caso ha entrado en nuestro lenguaje hablado y visual como sinónimo de punto de no retorno, de frontera definitiva.

(4) Por el motivo que sea, el gráfico más común a la hora de representar porcentajes, carece de nombre técnico. Se le conoce por distintos nombres, todos adjudicados por su obvia similitud formal y todos relacionados con comida.

Fin.

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