Tres claves para una infografía narrativa

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4 min readJun 25, 2021

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Resulta frecuente oír el concepto “narrativa” asociado al diseño de la información. De alguna manera los responsables de comunicar con datos han tomado conciencia de la importancia de contar historias, de estimular e, incluso, de emocionar al público.

Infografía de Martin Burgdorff

Poco a poco hemos entendido que el conocimiento que genera el análisis y sus correspondientes datos, se ha de servir de una adecuada narrativa para llegar a un público amplio. La perspectiva del relato ya no es un mero añadido, sino que es una parte inevitable del acto de descubrir, al resultar imprescindible para compartir el conocimiento.

Si acudimos al contexto teórico descubriremos que al igual que sucede en la narratología, cuando divulgamos con datos necesitamos distinguir entre la información en bruto y la manera en que esta se cuenta.

Frente a la historia objetiva y veraz, lo que ha sucedido o se ha descubierto; tenemos el relato, que es una selección parcial, sujeta a una intención comunicativa que, aunque siempre verosímil, implica un sesgo ineludible. Esta distinción entre fábula o syuzhet, como enunciaron los formalistas rusos, no dista demasiado de la tarea de la creación de infografías narrativas.

De hecho, continuando en la senda de la narrativa, sus estrategias permiten una planificación que distingue entre el contenido y la emoción con la que se transmite. Pero, sobre todo, proporciona el reconocimiento de la intención y nos hace tomar conciencia como creadores de los temas subyacentes que proponemos en el seno de cada relato.

“El storytelling puede ayudar a que los productos y los mensajes estimulen la imaginación de los usuarios e incentiven acciones y conductas determinadas” (Ellen Lupton. El diseño como Storytelling).

Infografía de Martin Burgdorff

Los iniciados en el mundo de la narratología sabrán que con esa división nos estamos refiriendo a la triada que Aristóteles planteó para la retórica, siendo el logos, los argumentos o informaciones, el pathos, las emociones y el ethos, la credibilidad e intención del orador.

Llevándolo a nuestro terreno podemos optar en la selección de información por una ampliación de las 5W del periodismo. Ahí localizamos el interés del narrador acerca de los personajes (quién), los escenarios (dónde), las ambientaciones (cuándo), los hechos (cómo) o las motivaciones (por qué), sin olvidarnos de que en nuestro ámbito también juegan un rol imprescindible las cantidades, es decir, los datos (cuánto).

Las decisiones narrativas comienzan en esta fase y según el objetivo de comunicación se ponderan unos aspectos sobre otros. Tomando partido arrancamos la elaboración de un relato.

Conformes con la selección de contenido, pensemos en el impacto emocional que este debe transmitir. Quizás una estrategia adecuada sea el humor, o bien, la sorpresa, la tensión, el dramatismo o, por el contrario, optamos por el distanciamiento y la asepsia, pretendiendo aproximarnos a la objetividad.

Solo será eso, aproximación, pues la narrativa implica subjetivar, tomar decisiones que afectarán al tono de redacción y al universo gráfico de nuestro diseño: según el tipo de esquema o las formas por las que optemos y más importante aún, el color por el que nos decidamos, obtendremos una respuesta diferente en la interpretación sensible del público.

Estas son las reacciones que un buen diseñador debe prever y estimular. En el caso de incorporar la ilustración arrastramos consigo al lenguaje retórico de la imagen y mientras el poder persuasivo y el atractivo visual aumenta, la objetividad disminuye, haciendo del diseñador un intermediario implicado en el mensaje que se proyecta.

El porqué de cada narración que creamos y nuestro sesgo particular

La implicación no es cuestión baladí. Como comunicadores, que discriminamos la información y aspiramos a conectar emocionalmente con el público, nos debemos exigir reflexionar sobre las intenciones: el porqué de cada narración que creamos.

Hemos de tomar conciencia de que la credibilidad del emisor está presente como un actor más de la comunicación y que intermediar implica transformar (en mayor o menor medida) la historia y sus datos, por lo tanto, ofrecer nuestro sesgo particular y vectorizar en un sentido concreto la interpretación, lo que nos convierte en equilibristas sobre la delgada línea que existe entre tergiversar la realidad y ayudar a comprenderla.

Como habrá podido comprobar el lector, las posibilidades que una mirada curiosa hacia la narratología proporciona resultan un territorio de enorme fertilidad para el diseño de la información donde aún queda un espacio para el aprendizaje y para la autoevaluación de nuestra tarea como comunicadores.

Una consecuencia directa de la abundancia de datos es la necesidad de entenderlos, interpretarlos y comunicarlos. Y para eso, hacen falta mediadores. Si te interesa ser uno de ellos, puede ayudarte nuestro Máster en Diseño de la Información y Visualización de Datos.

Sergio Arredondo, profesor de la Escuela de Arte de Granada y colaborador de SHIFTA by Elisava.

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