Los recuerdos de las primeras experiencias dependen de la edad con las que las vivimos. Los tenemos si fuimos lo suficientemente maduros como para asimilar lo que pasó o si, a pesar de nuestra corta edad, las experiencias nos impactaron tanto como para quedársenos grabadas.
La primera vez que viste el mar, la primera obra que te emocionó, la primera vez que te enamoraste… Todas dependen de tu madurez o de su impacto en ti para permanecer o ser olvidadas. ¿Quién recuerda la primera vez que anduvo? Sin duda es un hecho decisivo, pero al ser tan pequeños cuando ocurre es imposible retenerlo. ¿Quién recuerda la primera vez que recibió una carta? Cuando eso pasa uno tiene edad suficiente como para recordarlo, pero al no ser un acontecimiento importante cae en el olvido.
Queda claro entonces que hacen falta dos cosas para recordar una «primera vez»: madurez y relevancia.
Hay primeras experiencias que nos vemos obligados a hacerlas, como andar, y otras las elegimos, como bañarse desnudo en aguas naturales.
¿Es lógico que alguien tenga que tomar su primera decisión importante cuando aún no tiene madurez suficiente? ¿Cómo puede una persona que aún no se ha desarrollado por completo decidir sobre la vida y la muerte?
Nuestro sistema educativo alienta eso. Provoca que jóvenes inmaduros tengan que decidir su futuro en un par de meses. Aquellos afortunados que están seguros de qué quieren hacer no tienen problema, pero el resto… ¿Estudio una carrera o una profesión? ¿A qué quiero dedicarme? ¿Me guío por lo que me gusta o hago caso a mis mayores y me centro en algo que me dé un trabajo? Porque a eso se ha reducido todo. A hacer algo que te dé más oportunidades de conseguir un trabajo.
Hemos dejado atrás el deseo de educar a la sociedad, de formar personas, para plegarnos al deseo de esos Misteriosos Entes que dirigen la economía: una masa trabajadora/consumista, un grupo amorfo de seres que sirva de mano de obra y que compre aquello que él mismo produce a un precio mucho más alto para que los Entes puedan tener su cuota de beneficio sin hacer ni aportar nada a cambio.
¿Podemos cambiar esto? ¿Podemos llevar a cabo una primera experiencia revolucionaria real que acabe con el orden establecido actual, sin simplemente sustituir a unos dirigentes por otros? Sin duda es una experiencia relevante, trascendente, absolutamente transformadora, pero ¿tenemos madurez para enfrentarnos a una primera experiencia así?
Si no nos damos prisa, nuestra sociedad perderá su madurez, quedará ahogada en la mediocridad, el infantilismo consumista y el desinterés por su propio bienestar real. Actuemos ahora, cuando aún quedan Adultos.
Email me when Thoughts in Español publishes stories
