Recuerdo que uno de mis sueños de infancia era ser un héroe, espadachín aventurero. Leía esos libros y revistas en donde Tarzán y otros hombres valientes me hacían soñar con salvar al mundo de sus males. Yo quería ser héroe, un hombre que impone la justicia, querido por todos y lleno de gratitud y paz compartida con todos. Y fui estudiante, soldado -reservista-, empleado público y privado, comerciante, escritor, esposo, padre y abuelo. No he muerto aún y logré ser un héroe sin sueños.
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