Las tres tablas

Las barquitas nunca llegan más allá de los dos primeros bancos de arena. Parece que es lejos, pero no es lo suficiente. Cada tanto veo en la orilla un par de restos que devuelve la marea, como si no se quisiesen ir. Yo si que me quiero ir, así como llegue: de la nada.

Desde que estoy en la isla, me dejó de gustar el sol. No es que lo sienta muy fuerte, solo que siento que como que me empacho. Por eso por lo general, al mediodía, me tiro un rato en la sombra, entre las hojas de las palmeras.

¿Que nube va más rápido?

Volvió la merluza que andaba ayer por acá.

Que loco que el pelo vuelva a crecer.

Cuando se me cansan las rodillas de estar como indiecito o cuando los moscardones se vuelven insoportables me voy a buscar algo para comer.

No es que haya un gran menú pero por suerte me conformo con la fauna y las frutas de mi islita. Los restos los dejo separo para la barquita.

¿Por qué nos preocupamos tanto por la moral? Mí relación con la comida es todo recibir y nunca dar. O bueno, no.

A veces me imagino como seria si hubiese aparecido alguien más, en mi islita. Pero ya no seria mi islita. ¿Que sería?

Sinceramente no me molesta, más allá de aburrirme cada tanto. Me mantengo cuerdo che, la verdad que mi rutina es bastante… Como decirlo? Caribeña, supongo. Salvo el tema de mis barquitas, claro.

Me acuerdo que en mis treintas me iba de vacaciones cada dos meses. Tengo bastantes memorias como para aburrirme. Las mejores anécdotas que tengo son del reino de Elizabeta

Igual es verdad, que cada vez peso menos, y eso que me alimento bien y no hago nada. ¿Viste que dicen que el sol cansa?

Lo que si note es que me estoy quedando sin árboles. Lo que pasa es que a veces hace frío de noche y me armo un fuego. Ah y por mis barquitas, puede ser.

Pongo esto acá, esto otro por acá, una por acá, la ato de acá hasta allá, pongo esta otra acá y…me quede corto, la puta madre siempre lo mismo.

Lo peor de quedarse corto es que por lo general tenés que hacer algo de nuevo.

Che no es fácil cargar una tablita larga entre los árboles, siempre me llevo puesto todo o me raspo el brazo. Encima tengo que pasar cerca de las abejas.

Dentro del caparazón de la tortuga pongo todo: El tronquito del pez de anoche, las carcasas de los cocos, mis heces… ¿Algo más?

Bueno ahí va, otra barquita más.

Que bien que se siente sacar la basura.

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