La generación de la renovación moral

Me gusta de vez en cuando recordar de donde venimos. Si estás por ahí de entre los 42 a 55 años sabrás de lo que hablo, y es probable que de joven — o niño — te haya tocado sentir cierta indignación y pensar que harías lo posible porque tu generación fuera un factor de cambio, y que la renovación moral anunciada se llevaría a cabo a partir de ti.

Seguramente recuerdas las lágrimas de López Portillo defendiendo al peso como perro, probablemente recuerdas las vulgares y derrochadoras aventuras de personajes como el Yoyo Durazo, seguiste los despilfarros de La Quina y Chava Barragán en el sindicato petrolero, te escandalizaste con las mansiones de la Colina del perro, recuerdas los fraudes de casa-bolseros de apellidos de abolengo; el asesinato de Manuel Buendía; la captura de Caro Quintero y el descubrimiento del ya normalizado narcotráfico; quizás pensaste que eso no podría ser posible cuando tu crecieras y que trabajarías por un país distinto. Viste un terremoto sacudir a tu país en el 85, observaste y posiblemente participaste en su reconstrucción. Viviste la apertura al GATT, la entrada de México a las ligas mayores del comercio mundial, su ingreso al club de los ricos: OCDE; las marcas internacionales, particularmente las norteamericanas empezaron a ser parte de la canasta básica de un cierto México. McDonald’s abría sus establecimientos y las filas de autos conducidos por personas urgidas de tener acceso a ese primer mundo eran kilométricas. Te ha tocado vivir el México encerrado y el México de la apertura, con todas las oportunidades y riesgos que conllevó esta apertura, y que, al menos en mi apreciación, nos ha hecho crecer enormemente como país — a costos en muchos casos enormes también — .

Hoy sin embargo — esta misma generación — , somos los más responsables de un país hundido en una crisis moral y de una corrupción que deja en juego de niños a la que nos toco vivir de niños o jóvenes. Un pueblo menos educado — en todos sentidos — , ciudades a las que les ganó la voracidad urbana, cada vez menos arboladas; ríos contaminados o secos de plano, bosques invadidos; cotos que nos aíslan, y autos privados que nos aíslan aún más. Somos la generación que compró el paradigma del logro individual por encima del colectivo y lo ha llevado a expresiones en donde lo único que cuenta es lograr el objetivo deseado, a cualquier precio. Nos convertimos sin darnos cuenta en la generación más corrupta que ha existido en este país, punto.

También somos la generación que se ha recuperado de crisis tras crisis: ochenta y dos, ochenta y siete, noventa y cuatro, dos mil uno, dos mil ocho, unas peores que otras. Hemos estado bajo la bota del PRI por décadas, nos ilusionamos con un cambio que llegó apenas parcialmente con Fox, acabamos con Calderón y posteriormente Peña en una barbarie de violencia y corrupción. Hemos vivido matanza tras matanza, de Aguas Blancas a Ayotzinapa; la normalización de secuestros, desaparecidos, asesinatos. Indignación en todos los niveles de la sociedad.

Somos también ese país que ha aprendido a convivir con nuevas formas de gobierno, como las impulsadas por las comunidades zapatistas en Chiapas; una sociedad que a base de violencia también va entendiendo que los usos y costumbres pueden más que lo que para algunos son avances civilizatorios.

Después de vivir todo esto no veo porque asustarnos de nada, salvo el seguir como estamos. No me gusta ningún candidato — como a la mayoría de personas con las que hablo de manera cotidiana — ; el único camino que encuentro es la activación de cada quién desde nuestras trincheras particulares: nuestra casa, nuestra cuadra, nuestro empleo o empresa, el espacio público en el que vivimos, la exigencia y supervisión para que el gobierno cumpla con sus obligaciones de manera transparente y de acorde al mandato que le damos los ciudadanos, que somos los que debemos mandar.

Tener miedo de tal o cual candidato no sirve cuando hemos echado por la borda la oportunidad de cambiar a este país, y en lugar de ello nos refugiamos en nuestros cotos: de poder, de vivienda, de amistades, de malinchismo, de distancia ante lo diferente.

Perdamos el miedo a nosotros mismos, y seamos capaces de generar el cambio, ningún partido lo hará por nosotros. Seguir sembrando odio y división no nos sirve de nada, después del 1º de julio lo más probable es que aquí seguiremos todos, y más nos vale entendernos de manera civilizada.

La renovación moral no puede ser un hecho histórico aislado, debe ser una tarea diaria.

Texto publicado por ( carlosFgonzalez ) en https://carlosfgonzalez.wordpress.com/2018/05/06/la-generacion-de-la-renovacion-moral/

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