Un nuevo comienzo.

La oportunidad de transformar la forma de hacer política en Jalisco está a la mano.

Fuente: Colaborabora.org

No es la primera vez que un mismo partido tiene la responsabilidad de gobernar el estado y los municipios más poblados del Área Metropolitana de Guadalajara y de la entidad; la han tenido el PRI y el PAN en su momento. El mérito no está en tenerla, sino en lograr articular una política realmente transformadora que produzca los resultados que la gente quiere ver.

¿De qué se trataría esa política transformadora? A juzgar por muy diversas encuestas y reclamos sociales, sería, por un lado, una que erradique la corrupción del gobierno y que retome el interés público como eje de las decisiones, terminando con la captura de los intereses particulares (corporativos, partidistas, fácticos, familiares, cupulares, etc.) sobre las instituciones. Por otro lado, se espera lo que se promete desde hace décadas: un gobierno cercano a la gente, que escuche y que construya a partir de espacios propios de una democracia incluyente y participativa.

En síntesis, la refundación que se espera tiene, sobre todo, que ver con hacer un uso eficiente, transparente y responsable — en todas sus dimensiones — de los recursos públicos, y con decidir bien.

Se ha hablado mucho y claramente de la transparencia y rendición de cuentas; pero ¿qué significa “decidir bien”? Los gobiernos no pueden asumir que lo saben y lo pueden todo. Por más que tengan el respaldo de la mayoría, la gente eligió un gobernante, no un superhéroe. La gente espera, como se ha dicho, un gobierno cercano para construir en conjunto un mejor país, estado y municipios para todas y todos, comprendiendo su problemática (escuchando) y tomando las mejores alternativas de solución (decidiendo en conjunto).

Para Edgar Morin, “el arte de la política comporta inevitablemente una apuesta, y, por lo tanto, el riesgo de equivocarse”. La sociedad debe asumir esos riesgos en conjunto; no puede delegar a un solo hombre la responsabilidad de equivocarse, porque las consecuencias las sufrimos también en conjunto.

Por tanto, la idea de un “hombre fuerte” ya no tiene cabida en la forma que entendemos hoy a los gobiernos, aunque siga siendo una tentación en muchos países y una inercia en el nuestro. Dada la complejidad de los problemas y su alcance, hoy tenemos claro que “sólo entre todos sabemos todo” como nos dijo una vez el Maraka’ame Wixárika Emeterio. Si bien la democracia desde el siglo XX tiene un problema de escala por el cual no podemos participar todo el tiempo en todo, es imperativo, por mandato constitucional, crear los espacios para que las personas afectadas e interesadas en tomar parte en las decisiones que afectan el interés público, tengan la posibilidad de hacerlo.

En el 2018, la gente votó en todo el país contra el sistema, lo que significa que está dispuesta a asumir cambios de fondo. No debe desaprovecharse ese clima social para generar una ola de profundas transformaciones a nivel nacional y local, bajo un modelo de planeación diseño y gestión participativa que nos permita avanzar hacia la igualdad, la sostenibilidad, la libertad y la autodeterminación.

En este sentido, lass señales que tenemos de los gobiernos entrantes aún no son claras. Por un lado, la creación de la Secretaría de Planeación y Participación habla de una apuesta por fortalecer la planeación participativa y de poner en juego los instrumentos de democracia directa recientemente incluidos en el Código Electoral y de Participación Social del Estado de Jalisco; por el otro, el caso del cambio en el Instituto de la Mujer a una Sub-secretaría, refleja la poca comunicación que se tuvo al tomar esta decisión, con los colectivos que han trabajado por promover los derechos de las mujeres en Jalisco, que son muchos y con una larga tradición de lucha.

En un tweet fechado el 10 de octubre de este año, el Gobernador electo de Jalisco afirmó:

“Cuando dijimos que cada propuesta de gobierno se trabajaría con la sociedad civil organizada, iba en serio. El Comité de Participación Social SAE Jalisco nos hizo 23 propuestas para tener una #FiscalíaQueSirvaJalisco y quiero compartirles que las adopto como propias”. https://twitter.com/EnriqueAlfaroR/status/1050161428773003265

Esta sería una buena señal. Sin embargo, por otro lado, el 16 de octubre Enrique Alfaro publicó en su cuenta de Twitter un hilo con los siguientes mensajes:

“A los colectivos y mujeres organizadas preocupadas por el destino del #InstitutoDeLaMujer, sepan que vamos a garantizar que se cumplan los acuerdos internacionales… sepan que se vienen cambios muy positivos… todos estaremos a prueba, en caso de fallar, ustedes podrán decidir si dejo el cargo de gobernador”. https://twitter.com/EnriqueAlfaroR/status/1051997370467016705

Una lectura crítica a estos mensajes revelaría que según la perspectiva del nuevo gobierno, a los colectivos y comunidades afectadas les toca esperar, confiar, pero no participar en estas decisiones; en todo caso evaluar y sancionar a posteriori.

Esta no es la idea de la planeación y diseño participativo. La fórmula del proceso debe cambiar y cuanto antes mejor, si es que no se quiere perder la gran oportunidad de construir en conjunto, porque el tiempo corre y las decisiones pueden precipitarse por las cosas urgentes, no siempre importantes, que terminan frecuentemente por imponer la agenda. Es importante recordar que las estructuras orgánicas son instrumentos de política, y que estas decisiones, por lo tanto son decisiones de política pública, esas que esperamos tomar en conjunto sociedad y gobierno.

Los colectivos locales y las comunidades afectadas han desarrollado planteamientos basados en años de investigación y experiencia, que hoy ponen sobre la mesa para alimentar las políticas públicas. Un ejemplo de ello lo tenemos con quienes participaron en la integración de la agenda #NuestrasMiradas (ver http://www.tomala.mx/2018/), quienes plantean propuestas en 12 temáticas distintas, como niñez, seguridad y prevención, pobreza y desigualdad, ciudad, y sistema anticorrupción.

En general, quienes levantan la voz para demandar o proponer cambios, tiene argumentos y propuestas para que las cosas se hagan de mejor manera. Escucharles e incorporarles en la toma de decisiones informada, es la apuesta más durable para una democracia que lucha por mantenerse vigente y cumplir las promesas que hace desde que nació el concepto.

¿Estamos las instituciones y la sociedad listas para un nuevo comienzo? Pongámonos a prueba, abriendo esos espacios de construcción para el diseño, la implementación y la evaluación participativa de las políticas y decisiones de gobierno.

Héctor Castañón.