La cosa suena… rrrra!

Héctor Castañón.

A punto de instalarse en Jalisco el gobierno estatal y los representantes del gobierno nacional, que han sido electos como alternativa a los partidos tradicionales, y que se presentan como producto de movimientos sociales y populares. Para completar un escenario democrático alternativo, correspondería el surgimiento de nuevos contrapesos sociales para evitar que alguna de estas fuerzas se ostente como voz y representación totalitaria del pueblo mexicano.

Y digo contrapesos sociales porque los institucionales son hoy remanentes de los vicios partidistas que queremos dejar atrás. En el aparato judicial, en el legislativo, en organismos supuestamente autónomos persisten prácticas e intereses de grupo que afectan su efectividad como instrumentos de la democracia a la que aspiramos.

Es por eso que el país está atento al surgimiento aparición de una oposición que permita configurar un nuevo arreglo en el juego del poder político y ciudadano. La oposición social ya empieza a hacer ruido, aunque por ahora suena errática, impulsiva, apocalíptica. Atrapada en un loop. Aferrada a tres o cuatro dogmas.

Suena como al famoso rapero del Skrrra, que está ahí: prendido, intenso, voluntarioso y con una gran audiencia; pero que le faltan las palabras, los versos, la historia que quiere contar para conmover y emocionar.

La oposición en México y en Jalisco es hoy una figura en devenir. Informal. Por eso, como sugiere Silva-Herzog Márquez[1], debemos hacer esfuerzos para entender esas novedades de dónde puede surgir una estrategia. El reto consiste en superar la incertidumbre y el caos de la coyuntura, para comenzar a recoger evidencias que ayuden a darle forma y sentido.

Ya hay, sin embargo, quienes desde el poder se apresuran a definirla y a tirarle línea, como Gibrán Ramírez, un intelectual de la cuarta, quien afirma que la oposición debería ser una derecha moderna[2], asumiendo que la izquierda ya son ellos. Pero para que la oposición apriete tendrá que ser del mismo palo, porque el proyecto antisistema que ganó las elecciones es el que está a prueba. El proyecto de derecha se fortalecerá en la medida que el de la izquierda falle, pero su posición ya es conocida, por lo que ésa no es la novedad que esperamos.

Y por qué es tan importante una oposición social ahora?

1. Porque la oposición partidista sigue un juego predecible que nos ha atrapado en trayectorias electorales pendulares, y tal parece que ni los jaliscienses, ni los mexicanos queremos que ninguna de las fuerzas de oposición representadas hoy en el legislativo, regrese al poder.

2. Porque los los gobiernos electos afirman representar la voluntad popular, y la sociedad civil ha sido puesta en cuestión y al borde de la marginación política.

3. Porque las tentaciones autoritarias persisten y la democracia está en crisis.

Según Latinobarómetro 2018 [3], el apoyo de la ciudadanía al sistema democrático cae al 48%, el peor indicador desde la crisis de 2001. Para el reporte Estado Global de la Democracia 2018 de IDEA[4], el número de países que experimentan un declive democrático es ahora mayor que el número que experimenta ganancias democráticas, y los mayores descensos están vinculados a aspectos relacionados con el espacio cívico. De acuerdo con este informe, México es uno de esos países que han experimentado una disminución democrática en los últimos cinco años.

Por otro lado, el informe de Civicus 2018 [5] califica a México como un país con libertades reprimidas para la participación social. Los criterios: ataques a los medios, censura, y acoso e intimidación a activistas y defensoras de derechos. Si te suena familiar, entenderás que hay razones para activarse.

Si buscas referentes más serios, Mr. John Oliver[6] nos da tres pistas para reconocer un gobierno autoritario: a) Proyectan una imagen de mano dura — hombre fuerte, b) demonizan a los enemigos, y c) desmantelan instituciones. Si te suena familiar, entenderás que hay razones para activarse.

Paradójicamente, cuando tenemos más promesas gubernamentales sobre la puesta en práctica de instrumentos de democracia directa como las consultas, es cuando más se desdibuja la participación social organizada, como acabamos de ver en el reciente caso de #FiscalíaQueSirva y del Instituto Jalisciense de la Mujer.

Cuando los espacios de participación son diseñados, normados y controlados por las instituciones, la participación organizada se diluye y se privilegia la participación difusa, casi anónima, que se expresa a través de comentarios en foros, aplausos en mitines, votos en encuestas o likes en redes sociales. No es menor, pero ese es el tipo de participación que pueden procesar.

Por otro lado, en la participación a través de consejos consultivos — nunca resolutivos — convergen individualidades, que no siempre alcanzan a generar la suficiente cohesión y fuerza para constituirse como un contrapeso significativo. Entre otras cosas, por su alta rotación programada.

Los gobiernos a los que no les gusta la oposición, entienden la participación auto-organizada, colectiva y en torno a una causa, como operada por una intencionalidad perversa, obscura, manipulada y/o delirante. Este tipo de participación civil organizada hoy es vista con reservas y sospechas desde el poder. Sin embargo, esta participación organizada jugó un papel clave para crear el clima social y político que explica la llegada al poder de las nuevas fuerzas políticas que gobernarán en lo nacional y en lo local.

Lo cierto es que quienes reclamamos espacios de participación lo hacemos desde nuestro lugar (generalmente de privilegio y clasemediero, por no decir la palabra f_ _ _) para arriba, sea un gobernador, un alcalde, una organización o un activista. Son escasos los reclamos articulados desde abajo, con las comunidades y con sentido popular. Ahí existe un gran reto para que la política ciudadana salga del círculo de élites.

Para ello, es necesario asumir que la oposición, antes de serlo, debe ser un esfuerzo para trabajar hacia objetivos comunes y en beneficio de quienes más lo necesitan. La oposición democrática nace en el momento en que el interés público se traiciona y los derechos se ven amenazados; es ahí donde esta oposición se vuelve necesaria para tomar decisiones incluyentes y evitar abusos de poder. La oposición democrática difiere de la oposición electoral, porque ésta última sólo busca el poder. Una oposición democrática puede convertirse en electoral, pero no necesariamente ocurre al revés.

La oposición democrática que vendrá entocnes, como dice Jorge Gómez Naredo[7], será la que nos hará reflexionar en lugar de darnos risa; será una oposición de izquierda, popular y con enfoque de derechos. Esa es la oposición urgente, y que ya empieza a sonar. Mientras adquiere su forma, los gobiernos entrantes enfrentarán oposiciones de todo el espectro ideológico. Manéjenlo como puedan, es una época de cambios, que no quiere dar marcha atrás y que nos traerá nuevas formas y palabras para concebirlos.

[1] http://pulsoslp.com.mx/opinion/nueva-politica/

[2] http://www.milenio.com/opinion/gibran-ramirez-reyes/pensandolo-mejor/la-reaccion

[3] http://www.latinobarometro.org/latNewsShowMore.jsp?evYEAR=2018&evMONTH=-1

[4] https://www.idea.int/publications/catalogue/global-state-democracy-key-findings-and-new-data?lang=en

[5] https://monitor.civicus.org

[6] Tienen que verlo: https://www.youtube.com/watch?v=ximgPmJ9A5s

[7] https://twitter.com/jgnaredo/status/1069675788994265091