Carta de un vecino

Hola,

Estoy escribiendo esto porque hoy me voy. La verdad lo pensé mucho para escribir estas líneas, pero después de estar dándole vueltas me di cuenta que ya no importaba lo que pensaras sobre mí porque nunca te iba a volver a ver.

Primero voy a presentarme. No debes saber mucho sobre mí, solo que la mayoría del tiempo llegaba únicamente a dormir, que soy adicto al café porque ya debes estar harta del olor y que a veces pongo música a medianoche, lo cual no te debió hacer mucha gracia.

Pero bueno… Mi nombre es Augusto, tengo 25 años y soy estudiante de medicina, tal vez las cosas empiecen a tener sentido.

Cuando empieces a leer esto posiblemente vas a pensar que estoy loco, pero realmente necesitaba contarte y preguntarte algunas cosas aunque no vaya a recibir respuesta.

Vos te mudaste a este edificio una semana después de que yo lo hice, recuerdo verte por la ventana llorar cuando tus papás se iban, recuerdo que pensé que no ibas a aguantar ni un mes, pero sobrepasaste todas mis expectativas. En la noche ese mismo día me llegó el olor a té de canela y después de un rato empecé a escuchar fuertes sollozos, esa fue la primera vez que quise ir a consolarte.

Una semana después por tu amiga que vino a visitarte me di cuenta que te llamabas Elisa, pensé que era un lindo nombre.

Con el tiempo me aprendí tu horario, y a veces aunque suene extraño me inquietaba si no llegabas a la misma hora, pensaba que tal vez te había pasado algo.

Me di cuenta que nunca te bañabas los domingos y que siempre llorabas cuando llevabas mucho tiempo sin ir a ver a tus papás.

Sé que siempre cantas cuando estás en la ducha y que siempre es la misma canción: Bésame, bésame mucho…

Siempre vas al supermercado los viernes y en celebración comes, aún no estoy muy seguro del olor, pero creo que son huevos rancheros.

También se que después de que terminaste con el inútil de tu ex novio, el que te traicionó con tu ex amiga pasaste un mes completo llorando todas las noches, fueron noches difíciles, ese semestre llevaba anatomía.

Espero que no te molestara cuando tocaba la guitarra, siempre quise preguntarte si te molestaba. La verdad no creo que lo hayas notado, pero siempre tocaba después que había tormenta porque un día le dijiste a tu amiga hablando por teléfono en el balcón (como siempre lo hacías) que odiabas lo triste que se veía todo después de una tormenta, que te daba miedo. Quería tranquilizarte.

No me puedes culpar por saber tanto, no eras muy discreta. Apenas llegabas a tu casa abrías esa pequeña ventana que unían las cocinas. Las primeras veces apenas escuchaba que te volteabas la cerraba, lo cual era en vano porque siempre la volvías a abrir… después de un tiempo solo me rendí. Hablabas siempre en el balcón, de fijo los vecinos del otro lado también te escuchaban… eso siempre me preocupaba.

Por eso te quiero pedir que ahora que me voy tengas más cuidado, no sé quién va a mudarse, no sabemos si es un loco, por favor ten cuidado, cierra la ventana, no hables en el balcón y trata de estar cambiando los horarios.

Ah… se me olvidaba, nunca vuelvas a teñirte el pelo naranja, por favor.

Espero que no hayas dejado de leer hasta el momento, tal vez te asustaste, pero si seguiste leyendo quiero decirte que no tengas miedo, vas a ser la mejor arquitecta, sé de tus noches en vela y te he visto correr con tus maquetas. No tengas miedo, confía en vos.

Ya me tengo que despedir.

Aún podría seguir escribiendo muchas cosas, podría contarte todas las veces que quise hablarte, todos las excusas que inventé para tocar la puerta y presentarme, pero nunca me atreví.

Por mi falta de valor, ahora solo puedo agradecerte por ser mi vecina, y por esa nota que me dejaste diciendo que el camión de la basura iba a empezar a pasar los jueves en lugar de los viernes.

Cuidate Elisa.