Te amaré a larga distancia, y a corta distancia, y te amaré por Skype con más de diez horas de descompensación horaria mientras recordamos cuando estrechamos manos y entrelazamos dedos por primera vez.

Te amaré como la indecisión ama la frustración, y como la frustración ama los remordimientos, y como los remordimientos aman trasnocharte y hacerte perder sueño en noches de verano.

Te amaré como amo la chocolatada en días de lluvia, y como amas al té oolong por las tardes en el botánico, y te amaré como el azúcar ama al café, pero no como el edulcorante ama al café, pues el edulcorante es asqueroso. Ugh.

Te amaré al recordarte, y al recordarte te amaré aún más.

Te amaré incluso en ceguera, y te amaré como amo los recuerdos cuando aún podía verte los ojos, y por siempre lo recordaré, y amaré el hecho que para mi jamás envejecerás, pues no podré verte envejecer.

Te amaré en años bisiestos, y en años no-siestos, y te deberé esas 24 horas de ese desaparecido veintinueve de febrero para otro día amarte el doble más.

Te amaré hasta que la ardilla odie las nueces, y hasta que los libros odien los secretos, y hasta que tu padre odie la bebida, y hasta que Michael Bay odie las secuelas y hasta que el escritor odie el diccionario de sinónimos.

Te amaré como el tiempo ama pasar, como acaba de suceder recién, y te amaré luego de cinco años, y te amaré luego de diez años, y te amaré recordándote en fotos de Facebook, y en ese momento recordaré que odio el tiempo, y odio como el tiempo ama pasar, como acaba de suceder recién una vez más.

Te amaré incondicionalmente, y te amaré condicionalmente también (según lo que disponga la orden de restricción).

Te amaré sin importar lo que nos digan, y lo que nos critiquen, y te amaré sin importar las burlas que nos hagan en clases, y los escritos incriminadores que aparezcan en el pizarrón luego del recreo, y te amaré como el borrador ama borrar la tiza y tu amas mi expresión de vergüenza y sonrojo, pues sabrás, allí mismo y en ese momento bochornoso, cuánto te amo.

Te amaré en feriados nacionales e internacionales, y te amaré como la gripe ama contagiarme los fines de semana, y te amaré mientras me aplicas Vick VapoRub, y te amaré incluso luego de que te diste cuenta que soy cosquilloso, y te amaré aún más por haberme sacado una sonrisa.

Te amaré como los documentos logran filtrarse, y te amaré como los revolucionarios aman las guerras civiles, y te amaré incluso cuando estemos separados, y te amaré como te lo prometí en esa despedida cerca de la frontera, y te amaré como la carta que me diste y que nunca abrí por miedo que fuese nuestra última.

Te amaré como las hormigas aman los picnics, y como amé tu expresión cuando encontraste tres entre las fetas de mortadela. Te amaré, incluso si ya no hacemos picnics.

Te amaré como las expectativas aman frustrar a la realidad, y te amaré como la realidad ama no ser como la ficción, y te amaré como la ficción ama los finales felices.


Te amaré como nunca amé, pues nunca amé, y nunca amé porque jamás conocí a alguien como vos para amar.

Te amaré como nunca me amaron, pues nunca me amaron.

…y así espero que me ames también.

(inspirado en los escritos de Daniel Handler)

Un Año en Postales

Una recolección de ficciones.

    Y. A. Lues

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    Escritor en fuga, desmiente que se esconde pero prefiere no ser encontrado.

    Un Año en Postales

    Una recolección de ficciones.

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