Epidemia de Soledad

Durante los años de mi juventud, una horrible pandemia causada por una ridícula noción azotó mi pueblo.

Recuerdo con dolor: llamaron a psicólogos y doctores de renombre que hipotetizaron que la cura para la melancolía común (y otras dolencias mentales afines) era tener una relación romántica con alguien. Postular que la soledad era un obstáculo inherente a la condición humana fue una respuesta fácil… por lo que decidí embarcarme en pos de un mejor fundamento.

La sociedad cambió de la noche a la mañana: se miraba con desdén actividades que explotaran las capacidades individuales puesto que ahora las respuestas venían de a dos. Aquellos desgraciados, que preferían los paseos en solitario o comprar sólo un ticket al ir al cine, pronto caerían en la tentación (como si de una moda se tratase), pero pronto habrían de llegar a la inevitable conclusión: incluso en pareja, se sentían más solos que nunca.

Esto me llevó a pensar que la respuesta no estaba en otros, sino en uno. Se debía acatar a las necesidades del mundo interior, ¿por qué tal discriminación ante la comodidad de la solitaridad?

La pandemia no terminó sin víctimas, todo fue culpa de los medios. Paulatinamente se interesó por actividades de enriquecimiento interno como la meditación o yoga; ya no existía tanta presión y la gente pudo vivir sus vidas como ellas lo deseaban.

El cambio de paradigma tardó años en asentarse y, aunque la terquedad de los medios continúa hasta hoy, la conclusión tras el tumulto fue la relevancia del mundo interior ante todo, puesto que ninguna otra cosa debía ser más importante.

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