¿Hay agua en Marte?

En septiembre de 2015, un nuevo descubrimiento sobre Marte se hizo con el protagonismo de la investigación espacial: pruebas sólidas de la existencia de agua en Marte. No obstante, como suele suceder, y más hoy día, la información proporcionada por la mayoría de los medios era de muy poca calidad, e incluso a menudo contenía errores. 
Vivimos en un mundo en el que importa más la velocidad a la que se transmite la información que sus detalles o su veracidad, de modo que en cuanto algo suena razonable o, en el peor de los casos, cuando muchos otros informan ya sobre el asunto, se admite que la información es correcta y se calca, si hace falta sustituyendo unas palabras por otras que se cree dicen lo mismo. Investigar la procedencia de la información, y la información en si, parece demasiado trabajo para muchos periodistas o “acumuladores de curiosidades”. Por ello, en su momento escribí esto para aclarar un poco el asunto tras investigarlo por mi cuenta, y lo comparto en medium para quienes interesen estas cosas; porque el tema es un poco más complejo que: “hemos encontrado agua en marte”.

En primer lugar, se sabe que hay agua en Marte desde hace ya unos cuantos años, en forma de hielo, y se cree que antiguamente hubo mucha más, hasta el punto de que todo parece indicar que existieron verdaderos océanos. Lo que se han descubierto esta vez son evidencias científicas de que hay agua líquida.

Las evidencias son las siguientes, pues no se ha observado directamente:

1-Rastros en la arena del paso de agua, formando cauces que se han ido ampliando con el tiempo, casi con total seguridad por el paso de líquido. Los cambio de estado que lo permiten ocurren o bien por la noche, o bien solo en determinadas temporadas al completarse ciclos de uno o más años, es decir, al darse estaciones o edades climáticas con variaciones de temperatura, según la posición del planeta con respecto al Sol, que permitirían el cambio de estado del líquido.
 Las comprobaciones hasta ahora se han realizado siempre durante el día, sobre todo por cuestiones de luminosidad, por eso no se ha observado nada.

2-Sales depositadas en ese recorrido que ayudarían a mantener ese estado líquido.

3-Tras un análisis de esas sales, se observa el rastro químico del agua, que las ha hidratado, dejando su firma espectral. Esta es la prueba más importante, ya que es concluyente. En este caso fue la MRO Reconnaissance de la NASA la que obtuvo la prueba definitiva gracias a su espectrómetro. Lo interesante del asunto es que no hablamos de la clase de sonda que imaginarán la mayoría de lectores. No es en este caso un vehículo como el MSL Curiosity, sino un satélite que desde el espacio ha tomado las muestras espectrales.

La próxima sonda, en 2020, será dirigida al punto de interés y tratará de estudiar todo esto. 
 La diferencia entre este y los descubrimientos anteriores es importante porque eso añade posibilidades a que exista vida ahora, y no solo en el pasado como se creía. 
 No obstante, aunque en el futuro se encuentre vida, habrá que comprobar que no se trate de microorganismos procedentes de la tierra, adheridos a las sondas, algo muy posible y contra lo que solo se ha empezado a trabajar en los últimos proyectos.

Tal vez no haya nada, tal vez sí, tal vez lo hayamos llevado nosotros, o tal vez lo que hemos llevado haya terminado con lo que había. De momento todo son conjeturas, pero es importante seguir investigando.

Autoretrato realizado por el laboratorio Curiosity

¿Y no se pueden redirigir otras sondas?
Esto es algo mucho más complejo de lo que parece, primero por distancia: cada sonda se envía a una región concreta del planeta, y aunque técnicamente es “todo terreno”, la realidad es que hay muchos obstáculos en forma de cráteres, rocas, montes y depresiones que la sonda debería recorrer para llegar a la zona. Una vez aterrizado, cada laboratorio agotará su tiempo de vida en un entorno de, como mucho, unos pocos cientos de klómetros. Todo ello sumado a la poca velocidad a la que se mueven estos vehículos, la cual está siempre muy por debajo de 1 km/h, con lo que tardarían tanto en llegar, si lo consiguieran, que toda la misión para la que han sido cuidadosamente preparados jamás podría realizarse. Curiosamente no es un tema de energía, ya que modelos como el Curiosity cuentan con motores “atómicos” (funciona mediante radiación extraida de metales pesados), de varios lustros de vida.

¿Pero por qué es tan relevante?
La respuesta es muy simple: cuanta más agua haya y hubiera en algún momento, más probable será, aunque no esté garantizado, que haya habido vida en el planeta rojo, lo cual a su vez añadiría posibilidades a que las haya en tantos otros lugares del universo. 
Si alguna de las sondas diera con pruebas de microorganismos vivos, o con registros fósiles, no solo podríamos aprender mucho sobre la vida en otros mundos, sino también sobre la vida en la tierra. Lo que está claro es que los debates se multiplicarían, y el siguiente paso sería establecer la procedencia de esa vida.

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