Futuros de los museos y del coleccionismo

Por Alfredo Narváez Lozano

Los museos empezaron pequeños, apenas eran lo que hoy llamamos en la jerga de futuros “señales”. Eran primero cajas, gabinetes de maravillas, con los recuerdos de los viajes de los aventureros mercaderes de Venecia, Florencia… que traían todo tipo de objetos que causaban asombro en la Europa medieval.

Poco a poco esas cajas crecieron y se convirtieron en salas, donde los viajeros invitaban a los locales a conocer sus trofeos de otras tierras, exóticas y lejanas.

Pero, ¿qué es hoy un museo? Como todo ser vivo, no es algo alejado de sus orígenes evolutivos, su ADN mantiene genes antiguos: aún causan asombro con todos los tesoros que contienen, aunque cambien con las épocas.

La gente en todo el planeta adora los museos, no es casual que vivimos la edad de oro de los museos. A nivel global, la cantidad de museos van de 23,000 hace sólo dos décadas a 55,000 en 2013. En 2014 abrieron el museo Louis Vuitton en París, el Aspen Art Museum, el nuevo Harvard Arts Museum, el National September 11 Memorial Museum, el Aga Khan Museum en Toronto y el Yuz Museum en Shanghai, y el renovado Cooper Hewitt en NYC. En 2016 abrió la nueva ala de arquitectura y diseño del Centre Pompidou en París. El Museo Metropolitano de Nueva York abrió su extensión llamada The Breuer, donde alojó su colección de arte moderno, sólo en 2016 atrajó más de medio millón de visitantes, y planea una nueva extensión que costará 600 millones de dólares. China está construyendo literalmente miles de museos, uno de los más celebres es el Red Brick Contemporary Art Museum en Beiging.

Sí, hay un edad de oro de los museos, pero también una crisis económica global. ¿Cómo sobrevivirán los museos a los cada vez más escasos fondos públicos?

Un gran ejemplo está en México, y es el Museo Interactivo de Economía, mejor conocido como MIDE, el primero de su tipo en el mundo y que abrió puertas apenas en 2006. Primero dependiente del Banco de México en su creación, es hoy un museo privado financieramente independiente. La taquillas es el 30% del ingreso, la renta de espacios y la tienda un 26%, los intereses reales del fondo patrimonial un 20% y donativos un 23%. Su directora, Silvia Singer, ha sido pionera en un camino que quizá pronto tengan que recorrer otros museos mexicanos, y en el mundo, pero ella comenta que lo que más importa no es la independiencia financiera, sino la rentabilidad social. El Museo del Juguete, otro museo privado pero fundamentalmente familiar, se encuentra en problemas financieros y ha tenido que recurrir al crowdfunding. Algo terrible, y que poco se dice, es que los museos privados — a diferencia de los públicos — pagan un impuesto, llamado “espectáculo público”, como si fueran un circo o table dance. Los museos son más que un espectáculo público, según The Economist hoy reciben más visitas que los templos religiosos en Occidente, son los templos de hoy.

En los museos no sólo hay tesoros arqueológicos, también de la cultura pop, como las zapatillas rojas de Dorothy en El Mago del Oz, que están en el Smithsonian en Washington DC.

En México, a diferencia de España que cuenta con una Ley de Mecenazgo desde 2002, no existe una normativa que incentive y regule el coleccionismo. En el país existen grandes colecciones privadas, desde la CitiBanamex a la FEMSA, desde la del Museo Soumaya y el Jumex. Colecciones privadas se han perdido para siempre, como la del Museo Domecq de León, que subastó toda su colección sobre tauromaquia. Coleccionar en sí mismo es una experiencia de diseño de experiencia: se observa, se planea/boceta, se adquiere la pieza y se integra en una colección, que es un experimento continuo, un eterno prototyping. Según Sotheby´s, el 25% de sus clientes de América Latina son de México.

Sin embargo, en la fuerte tradición de coleccionismo mexicano hay un vacío, no existe un museo dedicado al diseño. Varios toman ese rol, desde el MODO al Museo Franz Mayer y ARCHIVO (todos esfuerzos privados), y también el Museo de Arte Moderno (que expuso hace poco a Don Shoemaker) y el Museo Tecnológico de la CFE, que ha envejecido terriblemente. Es de notar que recienmente la Ibero, la primera universidad en México con estudios profesionales de diseño, firmó un convenio con el Franz Mayer, que se piensa dedicar más y más a exponer la historia del diseño mexicano.

Sin duda el Museo Jumex y Zona Maco han sido quizá los pasos más serios recientes en el coleccionismo mexicano, ambos esfuerzos privados que han creado ya no sólo un fuerte impacto económico en la Ciudad de México, sino una creciente rentabilidad social. Los primeros años del siglo XXI también se han enriquecido con el MUAC de la UNAM, pero el Estado mexicano ha quedado rezagado, sus colecciones se estancan — a pesar del esfuerzo que hizo Consuelo Sáizar en Conaculta — y sus museos apenas pueden pagar los sueldos de sus empleados ahora con los recientes recortes. Pero algo está cambiando…

“Algo está cambiando en los museos. Suena cumbia y hay barra de tragos en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En el Museo Nacional de Bellas Artes las performances y la música interactúan con el patrimonio. Nacen y crecen relucientes museos privados. Los templos añosos del arte culto se actualizan con tiendas, cafés, merchandising, membresías para jóvenes, actividades para chicos y ciclos de música y cine. Las fotos ya no están prohibidas, sino que se alienta a compartirlas en las redes con hashtags y arrobas. Claro, los tiempos son otros y el museo va camino a ser un espacio amigable, informal, cercano, un punto de encuentro o un lugar de moda.”

– María Paula Zacarías, La Nación, 30 de agosto de 2015.

Ahora en septiembre se celebra @AskACurator en twitter.
Es el día para hacer preguntas difíciles a los curadores más respetados del planeta: participan 700 museos de 40 países. Y hay nuevos museos virtuales: http://azone.guggenheim.org/

Sería increíble que en estos tiempos de un Estado más débil en México existiera algo como el ArtFund británico:


Los museos son como arcas de Noé. Coleccionar es un juego, un juego de clasificación. “Toda clasificación es superior al caos”, afirma Levy Strauss en El Pensamiento Salvaje. Coleccionar es además crear un nuevo cuerpo, uno que perdurará después de nuestra muerte. Coleccionar nos da inmortalidad, no sólo a nosotros como persona, sino como ciudades, naciones.

— Alfredo Narváez investiga futuros en Uncommon, su cuenta de twitter es @AlfredoNarvaez