Inteligencia y el camino a las sociedades Centauro

“…Comparar la capacidad de las computadoras con la capacidad del cerebro humano, hace que me pregunte, ¿de dónde viene nuestro éxito?, la respuesta es síntesis, la habilidad de combinar creatividad y cálculo, arte y ciencia, en un todo que es mucho más grande que la suma de sus partes”. — Garry Kasparov
Garry Kasparov jugando ajedrez contra una computadora

Desde que Garry Kasparov fue vencido por Deep Blue en un juego de ajedrez en 1997, se creó un movimiento conocido como Centauros. Este movimiento hace referencia a personas que, asistidas por ordenadores para aumentar “su fuerza”, juegan un ajedrez avanzado. En 2005, los ganadores de un torneo con este estilo fueron un par de jóvenes, principiantes en ajedrez, que eran asistidos por tres ordenadores. El secreto de su victoria no radica en el tipo de máquinas que los asistió, sino en su capacidad para discernir el apoyo recibido de las mismas.

Mucho se ha discutido sobre el rápido avance de la automatización y la llegada de los robots. Desde la gran cantidad de trabajadores que serán desplazados y sustituidos, hasta la libertad para poder realizar actividades más significativas gracias a que las máquinas ya hacen el trabajo básico. Sin embargo, aquí surge una diferencia de enfoque respecto a cómo debe seguir desarrollándose la tecnología y qué caminos puede tomar.

Un camino puede llevar a un sistema capaz de imitar el proceso cognitivo humano y en consecuencia, capaz de actuar de forma autónoma. Mejor conocido como Inteligencia Artificial, este sistema tiene iniciativa propia y por ello se puede percibir como un sustituto en el trabajo y capacidades humanas. Sin embargo, otro camino apunta a un sistema que apoya y complementa el proceso cognitivo. Éste último se conoce como Inteligencia Aumentada y a diferencia del primero no tiene iniciativa propia, por lo que se centra en la interacción humano-máquina.

Las probabilidades de que la tecnología adopte el segundo camino aumentan, porque la meta que da sentido a la Inteligencia Artificial no se ha logrado hasta este día. Esta meta consiste en reproducir el pensamiento humano en la forma de un algoritmo. Especialistas como Terry Winograd, profesor en ciencias de la computación en la Universidad de Stanford, cree que ningún algoritmo podrá reproducir a la inteligencia humana puesto que ésta no es puramente algorítmica. Por tanto, las máquinas seguirán necesitando de la intuición.

El camino de la Inteligencia Aumentada nos muestra que los robots no necesariamente llegaron para sustituir a los humanos. Al igual que los Centauros, las personas podrían resolver problemas complejos en sus respectivos campos profesionales, asistidos por máquinas capaces de procesar grandes cantidades de información de forma precisa y rápida. Posteriormente las personas podrían hacer uso de su experiencia, reflexión, creatividad e intuición para tomar la decisión final.

La Inteligencia Aumentada y sus aplicaciones.

Con lo anterior, el impacto en los trabajos del futuro bien podría significar que: los miembros de un equipo no asistirán a sus reuniones creativas con una laptop o un smartphone, sino que llegarán equipados con una Inteligencia Aumentada que esté familiarizada con la línea cognitiva de su usuario, para potenciar su capacidad reflexiva y creativa. La toma de decisiones de los ejecutivos estaría basada en un potente análisis estadístico de la mano de su experiencia profesional. Y los científicos podrían mejorar sus descubrimientos apoyándose en un ágil análisis de datos y su intuición. En conclusión el trabajo multidisciplinario alcanzaría otro nivel, el de una colaboración humano-máquina, en una sociedad Centauro.

— Ana Moreno es service designer senior y responsable de investigación en Uncommon.