Wind of Change


Hace tiempo que no escribo, la falta de tiempo y de ilusión viendo como entre unos y otros han ido matando el mejor proyecto político del panorama actual hacía que sintiera cierto desánimo. Ya había dicho casi todo lo que tenía que decir en los sitios donde tenía que decirlos, ideas claras y firmes; y cada vez con más contundencia desde aquel punto de inflexión en noviembre de 2013 en el II Congreso, el de los listos.

Podría recorrer la trayectoria que llevo desde aquel 2009 donde primero como simpatizante y después como afiliado di un paso al frente porque los ciudadanos libres no esperan que es lo que va a pasar. Y si estás leyendo estás líneas es porque conoces esta trayectoria, conoces la defensa de la libertad y la democracia que con hechos he realizado estos años, y supongo que te podría interesar mi reflexión sobre estas elecciones internas.

Podría explicar como fundé una candidatura con el fin de hacer consenso, pero es una historia que no irá en estas líneas, quien nunca lo quiso sabrá las razones para no hacerlo. Podría escribir los versos más tristes esta noche … pero no, vamos a ser positivos y mirar juntos el futuro. Como John Connor decía, el futuro no está escrito. Y nosotros, los ciudadanos libres vamos a escribirlo. Juntos .

Todos sabemos que no hay rosa que no se marchite. Antes o después toda flor se marchita, y más si no se cuida y no se rodea de elementos que la hagan crecer y ser hermosa. Es como la semilla de un árbol que se puede poner en una bandeja y mediante técnicas de transplante y poda el jardinero en vez de dejarlo crecer grande y fuerte, lo deja diminuto y controlable moldeándolo a su antojo. Recuerdo un libro sobre Felipe González, “El señor de los bonsáis”, de Vizcaíno Casas donde analizaba al ex-presidente socialista. Desconozco si en el PSOE enseñaban las técnicas de bonsáis, pero ya se sabe que de los líderes políticos se pega todo, tanto lo bueno como lo malo. También recuerdo una novela homónima de Vázquez Montalbán, que nada tiene que ver con el primero, pero en ambas se enseña que el bonsái requiere de un gran cuidado del jardinero, renovación constante del musgo y continuos transplantes para que este se mantenga sano. Si no se cuida, al final el bonsai pierde su hermosura y se corrompe.

Por ello es preferible tener un árbol como un roble o un olivo que crezca grande y fuerte. O como diría Machado un olmo, un olmo que llegue a centenario, después de haber crecido grande y fuerte, y ya al final de su vida, cuando ya no sea necesario que quede viejo y hendido por el rayo, pero espero que nunca podrido. Ni la mitad. Ni un poco.

Sobre el consenso tan necesario que hacía falta en estas elecciones recordé la película de Spielberg de 2012: Lincoln. En ella se muestra a dos grandísimos políticos estadounidenses del s.XIX el archiconocido y admirado Abraham Lincoln y al bastante menos conocido Thaddeus Stevens. Stevens es un político con unas fuertes convicciones, es bastante cabezón y quiere que la Constitución reconozca la igualdad de todos los hombres, sean negros o blancos. Sus razones son poderosas y en pleno s.XXI no podríamos entender que fuera de otra manera pero hay que entender las circunstancias del momento. Es un momento crítico donde EE.UU. está dividido por una guerra civil donde pelean los que quieren mantener el esclavismo contra la Unión.

Si Lincoln hubiera hecho caso a Stevens y hubiera peleado al inicio de la guerra abiertamente contra los esclavistas, si hubiera llevado a cabo los cambios radicales que Stevens quería que se hicieran habrían perdido la guerra y la esclavitud se hubiera propagado de norte a sur y EE.UU. no hubiera llegado a ser lo que es ahora. Stevens tiene unos principios nobles donde dice “Haremos del sur una tierra de hombres libres, mujeres libres, niños libres y libertad. La nación necesita saber nuestro plan.”. Sin duda ese es el objetivo, pero Lincoln le responde “Eso sería la versión visceral de la reconstrucción. No es precisamente lo que pretendo. Antes o después vamos a estar enfrentados… Hay que ir despacio con las personas para unirlas.”. Lincoln pretende lo mismo que Stevens pero sabe ver las circunstancias (dificilísimas) y que la mayoría de las veces los cambios hay que realizarlos poco a poco aunque nos gustaría que fuera más rápido. Cuando uno ve en perspectiva la actuación de uno y otro, cae en la cuenta que si no se hubiera hecho tal y como marcó Abraham Lincoln se hubiera perdido todo. Como dijo el propio Lincoln: “Los principios importantes pueden ser flexibles.”.

Esto se representa fácilmente con el símil de una brújula. Una brújula nos señala donde está el norte desde nuestra posición, pero no nos avisa de los acantilados, abismos y desiertos que nos encontramos a lo largo del camino. Si para lograr nuestro objetivo nos lanzamos inconscientes de los obstáculos lo más seguro es que nos acabemos hundiendo en un pantano, ¿y de qué sirve entonces saber dónde está el Norte?

Con esta idea de los principios, de ver donde esta el Norte y como superar los obstáculos juega continuamente la película. Y ello se ve cuando Stevens tiene que decir que no cree en la igualdad de todos los seres humanos (en contra de lo que piensa y llevaba defendiendo durante 30 años) para que así se apruebe la enmienda de la prohibición expresa de la esclavitud en la Constitución de EE.UU. Como el el propio Stevens declaró: “La medida más importante del s.XIX urdida mediante corrupción por el hombre más puro de América”.

¿Con todo esto qué quiero decir? Pues varias cosas. La primera es que es una locura seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes, Einstein dixit. Hay cosas que cambiar, si no hay cambio obtendremos el mismo resultado, y si el cambio es lampedusiano entonces no es cambio, sino pura impostura. Como me decía alguien sobre este asunto:

“… el Gatopardismo, es decir, esa memorable actitud humana que significa que los que manejan cambian las formas para que todo siga igual.
Es como lavar la cara a un coche viejo para que parezca nuevo, lavar la cara a una casa que vas a alquilar, en fin, dar la impresión de que hay una gran reforma, que hay un gran cambio para que la ilusión vuelva a penetrar en los incrédulos y estos miren a los de siempre con gafas de nuevas monturas, sin darse cuenta de que enfrente están las mismas monas con diferentes vestidos “

Lo siguiente a tratar es la vieja batalla de libertad versus seguridad. Franklin decía algo como que aquellos que sacrifican libertad por seguridad no merecen tener ni una ni otra. Por lo que ha llegado el momento de romper las cadenas, el control absoluto, los filtros infinitos para dar libertad y confianza. Es preferible pedir perdón a pedir permiso. Una organización donde coexistan libertad y esclavitud no puede perdurar.

Otro punto fundamental a tratar es el futuro. El futuro me importa porque es donde voy a pasar el resto de mi vida. Y eso es hacia donde tenemos que mirar, dejar de lado temas personales y trabajar juntos por ese futuro, por “lo que nos une”. Como dijo Lincoln “Yo no sé quién fue mi abuelo. Me importa mucho más saber quién será su nieto.”. Trabajemos por esos futuros nietos y no les dejemos un mundo de zanjas y fronteras que tanto daño ha hecho.

“Si pudiéramos saber primero en donde estamos y a donde nos dirigimos, podríamos juzgar mejor que hacer y como hacerlo.” Abraham Lincoln

Pero para mirar el futuro tenemos que saber donde estamos. Y estamos en 200.000 votos, en menos de un 2% de voto, en un 0,4% de voto. Exactamente hemos mirado la brújula buscando el norte y nos hemos metido en el fango de lleno. Hay una canción de Silvio Rodríguez la “Fábula de los tres hermanos”, en esta fábula habla sobre tres hermanos y como recorren la vida. El primero en su vida mira hacia abajo mirando continuamente el suelo mirando donde pisar, lo que con el paso del tiempo de tanto caminar en esa posición el cuello ya nunca se le enderezó y no pudo ir lejos por su corta visión. El del medio se pasa la vida mirando al horizonte, lo que hace que no ve por donde camina cayendo en hoyos y otros sitios, y tampoco pudo ir lejos porque no miraba por donde andaba. El tercero llevaba una pupila arriba y la otra en el andar, fue el que más lejos llego con ojo en el camino y otro en el porvenir, pero tampoco le fue bien porque el ojo puesto en todo ya ni sabe lo que ve.

Y por último ir a votar. Un voto es más fuerte que una bala de fusil, por ello el sábado tiene que ir a votar la mayor cantidad de gente, y a votar sin la nariz tapada. A votar con ilusión. A votar sabiendo que como los inmortales: sólo puede quedar uno. Y con ello no quiero decir que las candidaturas que no ganen haya que cargárselas, sino que en estas elecciones no hay segundo puesto. Es decir que es el todo o la nada. O se gana o se pierde. Y podemos elegir o ganar para perder en caso de elegir el continuismo o tener una situación win-win, ganar para ganar. En otras situaciones uno puede presentarse y perder para ganar (ya casi nadie duda de que ganara perdiendo las primarias europeas), pero en una situación crítica donde lo más factible es la desaparición del partido no hay medias tintas. Si desaparece el partido ya no habrá más partidas que jugar (menos que tu jugada sea la desaparición de este). Con esto digo que no se trata de votar a un órgano representativo, sino de un órgano ejecutivo que va a tener que tomar las riendas. Y no se vota a un portavoz que lo decida todo, sino a un equipo, por ello pido que analicéis a todo el equipo, a las 21 personas que miréis quienes son y que seamos conscientes de que en todas las candidaturas hay grandes personas, muy grandes y personalmente estoy agradecido a todos por presentarse y revitalizar la democracia. Por eso, sabiendo que no hay premio de consolación votar aquella que creáis que representa el cambio.

¿Y qué candidatura representa el cambio? Pues es algo para dar muchas vueltas. Todas dicen ser el cambio. Incluso alguna sorprendentemente se autodenominó crítica ahora que ser crítico es mainstream (y no cuando empezamos a ponerlo de moda unos pocos). Por ello me baso en los hechos, y mientras escucho el temazo de Wind of Change de los Scorpions y deseando que ese viento de libertad abra las ventanas pienso que ese bonsái puede renovarse, romper los moldes, hacer que el camino a Ítaca sea largo como dice Kavafis, aún no es tiempo de apresurar el viaje, ni hemos llegado a viejos, con todo eso me sonrió por dentro ya que ese olmo que parece viejo y que está hendido por el rayo, algunas hojas verdes le han salido.

Scorpions — Wind Of Change
el viento hará sonar
la campana de la libertad
ya no hay tiempo que perder
hay que girar hacia la paz