Día 10— Un instante para siempre


Tengo tan fresca tu sensación en mis brazos. Aún no me explico como tu palpitar puede hacer eco en todo lo que soy.
Qué inmensa capacidad de enamorar tienes. Recuerdo que aún antes de poder hacerme una imagen tuya, eras ya motivo de mis alegrías, de mis cantos. Y aquel primer contacto entre tantas fronteras me ayudo a comprender tanto de la vida.
Todo se remonta al momento en el que mi respiración conformó esta relación tan profunda, carente de tiempo y de cualquier limitante.
Este amor no cansa la espalda, ni desgasta los brazos y mucho menos las ganas de comprenderte y acompañar tu crecimiento. El lenguaje y el llanto nos sobran, y así cada cosa que los demás no pueden apreciar de tu divinidad.
Qué fácil es amarte y ante esa expresión tu sonrisa florece, brota tus miradas y la certeza de que nada más importa ahora.


Más información y contenidos en: cuentalahistoria