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Trapero: el buen catalán

En su sempiterno guiño suspicaz y adusto, como de policía de película de Truffaut, el major de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, dibuja muchas de las claves para entender la trágica y convulsa Cataluña del último mes.

El sábado se cumplirán 30 días desde que unos fanáticos sin alma condujeron su odio a toda velocidad por las Ramblas. La respuesta policial de los Mossos no sólo fue profesional: también fue humana. Y su rostro fue el de Trapero. Contra la comprensible histeria que produce contemplar de cerca las fauces del terror, su rebelde serenidad se convirtió en icono.

También tuvo gran parte de culpa su respuesta, grosera pero campechana, envuelta en un suavizante hastío, a un periodista que le afeó que respondiera en catalán. Sin querer, su refunfuño catapultó un momento casi cómico, que sirvió para soltar mucho vapor acumulado.

Debates lingüísticos aparte, el gran mérito de los Mossos y su portavoz, tanto en los días del terror como en la mezcla de duelo y cacería que los siguieron, fue informar desapasionadamente. Servir de ejemplo para que todos mantuvieran la cabeza fría. Hablarnos con una voz serena contra la que cualquier salida de tono se volvía impensable.

Sin embargo, en palabras de George Bernard Shaw, “el problema más grande de la comunicación es la ilusión de que ha tenido lugar”. La confrontación política arrasó pronto con la moderación. Pero, irónicamente, el moderado Trapero sigue siendo un actor principal. Ahora, para muchos, no en el papel de policía sino en el de sospechoso.

Los Mossos catalanes son policía judicial. Es decir, una de sus funciones es investigar delitos por orden de los tribunales y ejecutar sus mandatos y sentencias. De modo que la respuesta de los tribunales y fiscales a la convocatoria del referéndum del 1–O en Cataluña ha colocado a la fuerza de seguridad autonómica catalana en parecida tesitura a la que sus antepasados vivieron en 1934.

En aquella ocasión, en la primera declaración unilateral de independencia de ERC, los Mossos se rebelaron contra el gobierno republicano de Madrid. Esta semana, sin embargo, Trapero ha enmendado la plana a su antecesor de la época, Enric Pérez i Farrás, y ha transmitido a sus fuerzas la orden judicial de frenar los preparativos del referéndum del 1 de octubre convocado por el Govern.

Su decisión, por supuesto, se ha encontrado con el rechazo de las formaciones impulsoras del ‘procés’.

Por desgracia, la tensión acerca de la actuación policial en Cataluña no ha hecho más que empezar. Sobre todo, porque en escenarios de confrontación, la estética suele acompañar a la ética. Y la estética que ha mostrado la Guardia Civil en sus últimos operativos en Cataluña ha sido marcial: operativos con boinas y chalecos, llegando en gigantescos todoterrenos a registrar las instalaciones del semanario El Vallenc, con sede en la localidad de Valls, en busca de información que relacionara a la publicación con el encargo de impresión de papeletas para votar.

De igual manera, se puede argumentar que la respuesta festiva de los vecinos durante ese episodio en concreto también tuvo bastante más de estético que de conciliador.

LLUIS GENE/AFP/Getty Images

Por eso Trapero será un personaje clave en las semanas venideras. Porque para la Guardia Civil y la Policía Nacional es crucial que los Mossos, la policía ‘de casa’, hayan elegido el lado de la legalidad vigente. Y porque en estos tiempos de desencuentro, está por ver hasta dónde llega la serenidad testaruda de un buen catalán.

TRIBUNA DE OPINIÓN