Vitolo, págate la cláusula tú solo

Vitolo por fin tiene equipo. El jugador, tras varios capítulos rocambolescos, encara su season finale y finalmente vestirá de amarillo… porque jugará en Las Palmas hasta que el Atlético cumpla su sanción y pueda fichar de nuevo. Hasta enero, vamos.

Capítulo 1: La temporada de Better Call Vitolo comienza con el jugador militando en el Sevilla. El piloto de su primera temporada fue un campo de rosas: era un jugador fundamental en el esquema de Sampaoli y un pilar básico para sus compañeros.

Capítulos 2 y 3: Su calidad excelente y su desempeño llamaron la atención de otros clubes interesados en contratar los servicios del jugador canario. El Atlético de Madrid comenzaba a buscarle hueco en la parrilla: quería emitir, con camiseta rojiblanca, el show de Vitolo.

Capítulo 4: Primer giro en la trama. El presidente del Sevilla, José Castro, en una entrevista a El Confidencial, se mostraba algo molesto. “Es una falta de respeto que se hable del Atlético constantemente” y lanzaba un órdago al jugador: “si se quiere ir, que pague la cláusula, así de claro”. Quedémonos con esta frase porque luego será importante (spoiler).

Tom Cruise en Jerry Maguire, alias José Castro, presidente del Sevilla/Giphy.com

Capítulo 5: El Chelsea se metía en la pelea, pero sin muchas miras. El Daily Mirror desvelaba que el equipo londinense estaba dispuesto a llevarse los derechos en exclusiva del jugador y derrotar al Atlético en una batalla que en principio tenía ganada. Otra vez los fantasmas de la Armada Invencible, pero esta vez en plan Black Sails.

Antonio Conte, entrenador del Chelsea, al no ver a Vitolo comprando casa en Londres./Giphy.com

Capítulo 6: El acuerdo con el Atlético parecía alcanzado. Superado el miedo a los británicos, el equipo del Manzanares se haría con los servicios del extremo. Pero a los de Simeone aún les pesaba la sanción de no poder fichar hasta enero, con lo cual debían comprar sus derechos y colocarlo en algún equipo los cinco primeros meses de La Liga. Hasta principios de año, cuando el jugador sería vendido a los rojiblancos. El hijo pródigo volvería a la Unión Deportiva Las Palmas por un tiempo.

Capítulo 7: El presidente del club insular celebraba el acuerdo (momentáneo). Miguel Ángel Ramírez anunciaba que la firma del jugador era cuestión de horas y que el depósito de su cláusula, 40 millones, era un hecho consumado. Pero el cliffhanger del episodio dejaba a más de uno al borde de su asiento. Y es que…la sombra del Sevilla es alargada que diría Miguel Delibes haciendo de showrunner.

Vitolo protesta una acción durante el partido contra la UD Las Palmas/CRISTINA QUICLER/AFP/Getty Images

Capítulo 8: Los representantes de Vitolo le acercaban una propuesta del club nervionense. Una renovación hasta 2020 con mejora sustancial de sueldo y de su cláusula de rescisión. Parecía ya casi seguro que el jugador se quedaba en Andalucía, pero no contaban con el deseo del extremo.

Capítulo 9: El jugador, presuntamente con dinero de color rojiblanco, decidió abonar él mismo su cláusula de rescisión y acabar a las órdenes del Cholo Simeone tras unos meses en Las Palmas, el equipo de su ciudad natal.

Continuará…

Escena extra: No es la primera vez que vemos un culebrón así. Joaquín ya protagonizó un affaire con el Albacete en 2006. La perla andaluza comenzó a despuntar a principios de los 2000 en el Betis. Era como Perdidos, sólo buscaba crecer hasta ser uno de los mejores centrocampistas en la isla del fútbol español.

Se puso como meta otro equipo, uno con más recorrido europeo. Y puso el punto de mira en el Valencia de Quique Sánchez Flores. Pero Lopera, el patrón, no iba a ponerlo fácil.

Joaquín celebrando una victoria del Betis en 2005…O celebrando que se iba al Valencia/CRISTINA QUICLER/AFP/Getty Images

En un ataque de ira, el entonces presidente de la entidad verdiblanca obligó al jugador a fichar por el Albacete, un equipo que militaba en la Segunda División. Las palabras de Lopera, según Joaquín, fueron que al Valencia no se iba, sino que iría al Albacete, “porque total, vestía de blanco igual. Así que qué más daba irme a un lado u otro”.

Lopera desencadenado en un discurso

La razón de por qué pudo hacerlo era sencilla. En el contrato del jugador había una cláusula que le podía obligar a ir a un club que eligiera el Betis.

Finalmente, tras un viaje esperpéntico a Albacete, el jugador recaló en la plantilla del Valencia. Después, tras casi 10 años, volvió a jugar en el Betis que le vio crecer. Para algunos, una alegría con sentido. Para otros, una decepción sin pies ni cabeza. Pues lo dicho, como Perdidos.