Foto por: Mathijs Beks en Unsplash

Bonito lo cotidiano

Vivo en un país que dice no tener identidad, cuando en realidad lo que no tiene es memoria. 
Identidad tiene, y tiene de más. 
Le sobran las identidades.
Pero todas están separadas, escondidas y hostiles se rehusan a abrazarse, amarse y sanarse unas a otras.
Adormecidas por lo cotidiano no se percatan de sí mismas.

Vivo con el deseo constante de migrar porque así como amo, también detesto muchas cosas de este país.
Cosas como el color, ese color que tanto nos representa.
Que por un lado es el color de la identidad de los pueblos indígenas plasmada en tejidos milenarios y por otro lado es el color del racismo y la opresión contra la mujer que todos callan.
El color que por un lado es la belleza de las obras de artistas extraordinarios y por otro lado es el color que está encerrado en bodegas empolvadas porque solo existe un diminuto museo de arte y parece no importarle a nadie.
Ese hermoso color de las ceremonias Mayas y su religión que trata de sobrevivir bajo la opresión de otra religión que vino a conquistarla hace más de 500 años y actualmente la tacha de “brujería” y aún busca “convertirla” y apagar sus colores.
El color de los elotes locos y las granizadas que se compran en parques sin árboles y calles sin parques.
El color azul de sus ríos y lagos, que de azul les va quedando poco por la contaminación y el descuido.

Lo bueno y lo malo se mezclan en una identidad que no termina de definirse.
Que no se percata de lo cotidiano porque ya no lo ve.
Y no se da cuenta que solo por lo cotidiano es que puede mejorar.
Únicamente lo que permanece nos permite cambiar.

Así como el país en el que vivo, yo también tengo colores e identidades que chocan entre sí, pero es solo al notarlas que puedo conciliarlas y ser mejor.
Solo comenzando por lo cotidiano es que podemos lograr lo extraordinario.

Lo cotidiano que amo y lo cotidiano que detesto hacen que lo cotidiano que es bonito sea bellísimo.
Sobre todo cuando estoy lejos y comienzo a extrañarlo.
Cuando otros cotidianos que están lejos se vuelven cotidianos que están cerca y las identidades que parecían separadas comienzan a unirse.
Así también como hay cotidianos que dejan de ser y se pierden en el olvido hay cotidianos que cuesta dejar ir y duelen cuando vuelven en recuerdos.
Cotidianos que podrían ser, que nunca serán y cotidianos que nunca dejarán de ser.
Cotidianos que pueden ser mejores.
Cotidianos que podemos construir juntos.

Me pierdo en lo desconocido pero me encuentro fácil en lo cotidiano.
Y pienso…
Qué bonito es lo cotidiano cuando lo bueno se vuelve cotidiano.


Gracias por leer y compartir.