Viaje nocturno


Anochece,

y los lúcidos cadáveres son llevados

por el Caronte de turno

en viaje lánguido y casi infinito.


Cuerpos mudos y no sordos

padecen la derrota diaria

consecuencia de su inevitable humanidad

al compás de un réquiem mortecino,

armonía desvaída que anula la consciencia.


Abordan, abandonan,

volviéndose anonimato.


Transmigra cada alma

en cada inframundo al que Caronte accede.

Cada uno tiene el suyo deparado.

Aquí me bajo.