Nada

No pidas nada, 
escribe tus versos
como si fueran
la oración del día. 
Aunque no seas
religioso, 
debes creer
en las palabras. 
Lo que toca decir
hoy, 
que ayer no estaba
y mañana tampoco.

No pidas nada, 
ordena las letras
como vayan surgiendo, 
sin atender más coordenadas
que las del pulso propio. 
Ese término insospechado 
aparecido en la hoja 
que ahora resulta 
ajena a tu voluntad.

No pidas nada, 
ni siquiera que te lea
un amigo incondicional. 
Tampoco quieras saber
el parecer
de tus poetas conocidos. 
Deja que las letras 
deriven
y no les pidas 
nada más 
que una voz propia.