La inspiración en lo cotidiano: reflexiones sobre “Paterson”

La película de Jim Jarmusch sigue siendo un ejemplo a seguir para aquellos que buscamos tanto una vida creativa como la paz en nuestra existencia

Juan Carlo Rodríguez
Apr 19 · 5 min read
Cortesía: Bleecker Street

Paterson (Adam Driver) no ve sólo una caja de fósforos. No sólo escucha dos niños hablar. Su mundo no es sólo la ciudad con la que comparte nombre, en New Jersey. En su día a día, cada elemento que se le atraviesa, cada componente que lo rodea, es algo que terminará en su cuaderno de notas, que reemplaza un celular y complementa su almuerzo.

Con Paterson, su película de 2016, Jim Jarmusch hizo un perfecto y sencillo homenaje a la esencia del creativo: la inspiración está en todas partes. No es un atardecer, el canto de un ruiseñor, el aroma de un banquete, lo único que puede cargar las semillas del arte. Puede ser algo tan sencillo como manejar un autobús por una ciudad que conoces de pe a pa, pero que siempre te trae algo nuevo si tienes los oídos abiertos.

Mi ejemplo favorito es del poema “Another One” (todos los poemas de la película fueron escritos para ella por el poeta Ron Padgett, amigo de Jarmusch), que creo resume bien la esencia de la película.

Cuando eres niño

aprendes

que hay tres dimensiones:

alto, ancho y profundidad.

Como una caja de zapatos.

Luego oyes

que hay una cuarta dimensión:

tiempo.

Hmmm.

Luego algunos dicen

que pueden haber cinco, seis, siete…

Salgo del trabajo,

me tomo una cerveza

en el bar.

Miro al fondo del vaso

y me siento contento.

Padgett se caracteriza por esta clase de poesía sencilla, lo que en inglés se conoce como slice of life: pequeños trozos de vida que pueden ser la de cualquiera, presentados con ritmo y sentimiento. Cuando además salen en pantalla con la letra y voz de Adam Driver — curiosamente gutural y melodiosa — se sienten como la banda sonora de una vida, algo afín al tráfico en la calle, o los pajaritos que uno escucha al despertarse. Son el soundtrack del día a día.

Paterson además refleja algo de lo que no se habla tanto: la soledad del creador. Paterson no comparte con nadie su poesía, sino brevemente con su esposa y con dos colegas; muestra incluso resistencia a fotocopiar lo que escribe, lo que luego sería un problema (no quiero arruinarles la película con detalles innecesarios aquí). No está listo para que el mundo lo juzgue.

Cortesía: Bleecker Street

Ernest Hemingway dijo una vez: “El escribir, en el mejor caso, es una vida solitaria”. Y es cierto: escribir requiere silencio, concentración, soledad, a veces hasta aislamiento, así sea mental cuando no físico. Y no sólo al momento de sentarse frente al cuaderno o al teclado, sino en los momentos previos, mientras se decide qué escribir. Es una de las durezas de la vida de escritor, una que sin duda llevó a muchos a buscar compañía por cualquier forma posible.

Esto ha llevado a mitos que persisten aún en día: genios aislados de la sociedad que sólo se asoman cuando están listos para mostrar su magnum opus al mundo. Sean pintores, músicos, escultores o escritores, a estas alturas aún se cree que el aislamiento es imperativo para la creación. Y uno piensa en eso cuando escribe y escribe, sin saber cuándo esas palabras serán vistas por la persona adecuada que lo saque a uno de esta pobreza.

Pero eso no es así. Y es la otra cualidad de Paterson; él es sociable. Él va a un bar e interactúa con la gente, empezando por el cantinero (Barry Shabaka Henley). Tiene una bonita relación con su esposa (Golshifteh Farahni), un espíritu creativo como él pero que explora varias caras: pintura, música, cocina. No es demasiado amigo de su perro, pero lo acepta porque su esposa sí lo quiere, y él quiere a su esposa. Paterson está feliz con su sencilla vida.

¿Y no es a eso que queremos aspirar todos?

Yo me siento solo en ocasiones, a pesar de que también tengo una buena vida. Tengo una mujer maravillosa que ha sacado a relucir la mejor versión de mí mismo que he visto en años. Tengo a diario una oportunidad nueva de crecer, como hombre, como padre, como pareja, como empleado. Pero uno tiene la doble función de creativo e inmigrante. Tengo la soledad del escritor más la soledad del que dejó a sus viejos amigos lejos y no tiene tiempo de reunirse con sus amigos nuevos. La soledad (“loneliness”) es parte del equipaje, sin importar lo sano de la relación. Uno simplemente aspira reuniones, contacto humano múltiple.

Y digo que no tengo tiempo para escribir.

¿Cómo que no tengo tiempo?

Paterson escribe en sus tiempos libres: almuerzo, minutos antes de salir a su ruta como autobusero, un tiempito antes de ir a casa, el ratico antes de sentarse a cenar. Paterson hace tiempo para su arte porque sabe que su arte es importante. Entiende que la prioridad es su vida, pero para él, escribir es vida. Él se sienta solo a escribir, pero no se siente solo.

Cortesía: Amazon Studios

Paterson, el personaje, y Paterson, la película, son inspiraciones por su sencillez. Crea una rutina y aténte a ella. Busca inspiración en el aire que sale de la ventana. Que se convierta en un proceso natural, que sea como respirar. Y creo que todos merecemos estar así de contentos con nuestra vida, en especial con esa integración de pareja.

Puedes ver Paterson en YouTube, Amazon Prime, iTunes, Google Play, Vudu o Fandango, o en su proveedor alternativo favorito.

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Juan Carlo Rodríguez

Written by

Periodista venezolano. Lucho por encontrar equilibrio en un mundo desequilibrado. / Venezuelan journalist, struggling to find balance in an unbalanced world.

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