Lo más cercano al éxtasis
Lo sintió, en ese preciso instante consiguió atrapar ese sentimiento, esa sensación que había leído millones de veces en los libros de espiritualidad. Ese momento en el que uno se siente uno con el universo, en el que todo se conecta. Un instante en el que casi puedes ver cómo la luz es una onda y una partícula, en que sientes cómo hay sincronía entre todas las formas, vivas o no, que definen la realidad que estás percibiendo.
Paco estaba en su casa, ya habían cenado algo ligero y estaban tumbados en el sofá leyendo. Él una novela histórica sobre la conquista de América y ella una de ciencia ficción. Estaban los dos en forma de T, él contra el sofá y ella apoyada en su estómago. Mientras estaba en el momento del desembarco, Paco miró y vio. Vio lo que tenía, sintió en su piel esa electricidad de saber que estás en el momento y el lugar que te toca, y tenia todo lo que un hombre podría desear y no se compraba con dinero.
Ana vio que Paco estaba absorto mirándola y se puso un poco colorada; Paco sonrió. Verla con esos ojos grandes y profundos, una boca dibujando una sonrisa y las mejillas coloradas fue la guinda para convencerle que de todos los mundos posibles, él estaba en el mejor. Le dio un beso en la frente y con dos palabras intentó resumir todo lo que sentía: Te quiero, Ana.
Ana sonrió y volvió a leer su libro. Paco respiró y acarició su pelo pensando en que no hacen falta grandes cosas cuando encuentras a alguien como ella, porque hasta el más pequeño de los detalles se convierte en un recuerdo que se atesora con cariño.

