Salto

Cartas desde el suelo
Jan 10 · 4 min read

— ¡Capitán en el puente!

Todos en el puente de la nave acorazada se levantan de sus asientos y miran hacia el hombre que acaba de entrar en la gran sala de control de La Martina; en posición de firmes, realizan el pertinente saludo militar. El capitán les devuelve el saludo, solemne.

— Descansen — el capitán se quita el sombrero propio de su rango y la tripulación vuelve a sus posiciones. Se mueve deprisa hasta el sillón de mando mirando cómo se le acerca, también con paso ligero, una de sus tripulantes de galones superiores.

— Primer oficial, ¿ha recogido el informe? — dice el capitán mientras se sienta en el puesto de mando y pulsa varios botones situados en el brazo del asiento. Una pantalla holográfica se aparece ante él.

— Así es, señor, los oficiales ya están al tanto, solo quedan sus órdenes.

— ¿La IA de a bordo ha hecho los cálculos de tiempo estimado de llegada? — dice escudriñando el panel con los ojos entreabiertos.

— Sí, si me permite — dice la primer oficial haciendo un par de gestos sobre el panel del capitán — , se prevé la llegada dentro de sesenta y una horas y seis minutos — explica señalando a un pequeño reloj que ha hecho aparecer en el panel.

— De acuerdo — asiente el capitán y pulsa sobre el panel holográfico varios menús desplegables y botones — . ¡Atención, tripulación!, hace media hora, la fragata pesada Enarbolada emitió una solicitud de refuerzos desde el sistema binario de Kepler-16b, según su informe, un amplio destacamento del Auspicio ha aparecido dentro de nuestro espacio territorial, las tropas del sistema binario así como las ubicadas en zonas cercanas, han entrado en combate, pero su número no es el suficiente. El alto mando ha aprobado el envío de seis acorazados, como este, que de buen seguro inclinará la balanza hacia nuestro favor. Así pues, todo el personal se encuentra en zafarrancho de combate, con lo que ello conlleva. Estaremos allí en dos días y medio, así que los permisos de más de un día quedan cancelados — el capitán vuelve a tocar el panel holográfico y se apoya en el respaldo de su asiento.

— Bueno, pues a esperar… — dice relajado resoplando como si tocara un instrumento de viento invisible — . Primer oficial, restrinja la bebida de la cantina. Y anule todo permiso que dure más de veinticuatro horas. Los que quieran, que vuelvan a solicitarlos con esa duración. Dentro de una hora, las peticiones quedarán anuladas y nadie podrá salir aunque tenga el permiso aprobado. Además, todo el que salga durante esa hora con un permiso válido, tendrá preparado una carta de deserción para ser emitida en el caso que no vuelvan en el periodo establecido.

La primer oficial asiente solemne y se mueve hasta un asiento cercano con un panel y comienza a hablar hacia él. En ese momento, un piloto se ilumina en el panel del capitán, el capitán sonríe.

— Ingeniería, han tardado poco — dice sonriendo.

La primer oficial asiente mirándole de reojo risueña.

El capitán pulsa la luz del piloto, el rostro de una mujer aparece en un pequeño recuadro.

— Los turnos, ya sabe — dice sin ninguna formalidad previa — . Tenemos a seis personas de baja, ¡es un turno entero! Habrá que echar horas.

— Hablaré con la estación para que envíen a cuatro ingenieros — dice el capitán — . Ni una hora extra. Y el que las eche no tendrá compensación. ¿Me ha grabado?

— Sí, señor, siempre le grabo. Esas cuatro personas deben estar aquí antes del cambio del primer turno — responde la mujer.

— No puedo prometer eso, es demasiado precipitado, a mitad del segundo.

— ¡Muy tarde! — gruñe la mujer.

— Vale, vale, lo arreglaré — sonríe el capitán. La mujer le mira malhumorada y desaparece su imagen del panel. Acto seguido, el capitán hace un gesto con la mano sobre él y en unos segundos aparece la cara de un hombre con gorra, muy erguido — . Capitán Erasmo Varland, del acorazado La Martina.

— Escaneo ocular y sonoro correctos — responde el hombre en tono uniforme — . Solicitud.

— Cuatro ingenieros de la estación. En una hora.

— Múltiples solicitudes, imposible en ese tiempo.

— Urgente, seis ingenieros de baja. Priorice.

Hay una pequeña pausa.

— Comprobado. Envío ingenieros, lanzadera priorizada, llegada en cincuenta y seis minutos.

— Gracias.

La pantalla se cierra.

— Pone usted voz de robot cuando habla con las IA, mi capitán — comenta la primer oficial esbozando un sonrisa.

— Hay que saber cómo hablarles para hacerles entender — dice el capitán girándose hacia su primer oficial — . En menos de una hora se los he sacado. Ni nuestra IA lo habría hecho mejor.

— No sabría qué decirle, capitán — la primer oficial le mira de reojo con media sonrisa, luego se gira para mirar al capitán de frente cambiando la expresión de su rostro — . Cartas preparadas para salidas durante la próxima hora y bloqueadas las salidas para quién tenga un permiso superior a veinticuatro horas. He programado la restricción de alcohol para dentro de dos horas, por cierto.

— Me gusta su idea, un poco de relajación mientras esperamos al salto, dos días y medio esperando a cargar el motor y las armas se van a hacer muy pesados, mejor empezarlos de forma distendida.

— Capitán, ¿dónde cree que nos colocará el alto mando tras el salto?

— Hasta poco antes, no creo que transmitan la información a las IA de los acorazados. Aunque imagino que en algún sitio a pocos segundos en el cono trasero del enemigo, si este no se encuentra muy disperso. Esperemos que sus IA evalúen la contienda como derrota y no haya ni que luchar.

— Alguno tomará los mandos, como siempre — comenta la primer oficial resignada.

— Como siempre… — suspira el capitán — ¡ay, los audaces, cuán poco duran!

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