Ser creativo no es suficiente, hay que también producir

Lo que una yegua telepática puede decirnos sobre nuestro desempeño como escritores

Fuente: pixabay.com / QuinceMedia

El Dr. Maclachlan era un estudioso de los fenómenos psíquicos.

«Ahora, no soy espiritista, te lo advierto, estoy meramente interesado desde un punto de vista científico. Me parece que la yegua tiene poderes supernormales. Parece que puede haber una conexión subconsciente entre la mente del hombre y la mente de un animal».

Así fueron las palabras del Dr. Maclachlan según reportó el periódico Richmond Times-Dispatch en el 1927.

La «Dama Maravilla» (1924–1957) fue una yegua con poderes telepáticos. Ese fue el consenso de varios científicos de su época y al día de hoy, agosto 27 del 2018, no he encontrado nada que pudiera contradecir esto. La Dama tiene una moderna aparición en Wikipedia e incluye referencias a favor y en contra de esta aserción.

Dama deletreaba sus respuestas pasando su nariz entre bloques alfabéticos y numéricos.

El reportero del Richmond Times-Dispatch observó con sus propios ojos las siguientes hazañas.

Un espectador sacó una moneda de su bolsillo. Ninguno vio la cara, solo él. ¿Cuál fue la fecha? La yegua husmeó sobre los bloques, «1–9–1–4». Correcto.
¿Quién en el grupo tiene un vestido rosa?, le preguntaron. ¡Así como estoy viva!, exclamó la mujer vestida de rosa mientras la yegua empujaba su cabeza en dirección a la visitante.
Un espectador levantó su reloj y giró las manecillas a las seis y diez minutos. Nadie vio las figuras, excepto él, y ocultó la esfera del reloj contra su cuerpo. ¿Qué hora tiene este reloj?. Seis-uno-nada, respondió la Dama Maravilla.
¿Cuál es la suma de ocho y siete?, pregunta un espectador. Y responde: Quince.
Un visitante sostiene una navaja de bolsillo en su puño cerrado. Él pregunta: ¿Qué tengo aquí?. Y la yegua deletrea «n-a-v-a-j-a».
¿Cuál es el nombre de este chico a mi lado?, es otra pregunta. Y la yegua responde: «Leroy».

Su dueña, la Sra. Fonda, se encontraba cerca de la yegua pero sin ningún cabestro o contacto físico. Y, añade el reportero en su historia, «De todos modos, la Sra. Fonda no conocía las respuestas».

No hubo ánimo de ganar dinero o engañar a la gente, por lo que he podido averiguar. No era un espectáculo rodante. Era una yegua común, descendiente de caballos de carrera, negra, con manchas blancas en sus cuatro patas como si fueran medias.

La Dama Maravilla vivió con su dueña en el condado de Chesterfield, Virginia, Estados Unidos. Antes de Dama, la Sra. Fonda se entretenía criando ponies Shetland, sin otra experiencia con animales. Según lo reportado un día algunos niños jugaban con la yegua. Era un juego de esconder el dedal. Aprendieron que era imposible esconder cualquier cosa de la yegua y prontamente llegó a oídos de la Sra. Fonda.

¿Podía la yegua leer sus mentes?. Cualquiera que fuera el poder, la Sra. Fonda comenzó a desarrollarlo.

El efecto Pygmalion

La Dama Maravilla era una yegua y si no era telepática la explicación que queda para su poder tiene que venir de nosotros, los humanos. Hay una posible explicación, aunque aún así pudiera decirse que es un efecto sobrenatural, si estás inclinado a creer en esas cosas, pues sucede sin darnos cuenta. Y tiene un nombre que suena místico: Pygmalion.

El efecto Pygmalion es un fenómeno psicológico en donde altas expectativas resultan en un mejor rendimiento de la tarea aplicada. Pygmalion fue un escultor griego que esculpió una estatua de mujer y se enamoró de ella. Pygmalion apeló a Afrodita, la diosa del amor. Ella se compadeció y le dió vida a la estatua. La pareja se casó y tuvo una hija, Paphos.

Se especula que la Sra. Fonda, tras la experiencia con los niños, creó y proyectó la expectativa de que su yegua podía leer la mente y contestar preguntas que ningún animal podría contestar. Por otro lado la Dama, criada desde pequeña sin contacto con otros de su especie, reforzaba su conexión humano-caballo al prestar atención a quienes le servían el sustento emocional y material. La presunción de éxito por parte de los humanos y un gesto imperceptible de quien le preguntara pudo haber sido todo lo necesario para que Dama con su nariz escogiera el bloque correcto.

Pudo haber sido el efecto Pygmalion la explicación de las hazañas. Quien sabe, nunca encontré la opción telepática descartada categóricamente en el caso de la Dama Maravilla. Al ser un suceso local, con investigadores locales, nunca fue sujeta a un escrutinio similar al aún más famoso caballo «Clever Hans» de Alemania. Clever Hans fue extensamente estudiado por los mejores científicos de su época y se determinó que su habilidad venía de poder captar los más mínimos gestos de su manejador.

Y si una yegua es influenciada por las expectativas de los humanos que la rodean, el que nos pase a nosotros «se cae de la mata», como diría el refrán. Al menos el refrán de donde me crié que equivale a «es tan obvio que cualquiera se da cuenta».

Los psicólogos han estudiado por décadas cómo las expectativas nos afectan. Posiblemente lo conoces como el concepto mental de la profecía autocumplida. Llevado a su extremo es la base para «El Secreto». «El Secreto» de que si deseas algún bien con suficiente pasión e intensidad se te va a cumplir sin tener que hacer nada más. Como escritor sabes que una idea, aunque desees que se convierta en un bestseller, no es suficiente no importa cuánto quieras que suceda. Solo con la actitud correcta y desempeño pudiera ser.

Reconoce que de ideas solamente el escritor no vive. La creatividad es una herramienta, no el fin. Tienes que tener la expectativa, y rodearte de aquellos que contigo esperan lo mismo, que cada idea que retienes puede ser el comienzo de un artículo, novela, o historia maravillosa. Pero solo tu rendimiento, el esfuerzo que pongas en hacerlo realidad, determinará si tienes éxito.

El efecto Golem

El ying y el yang. Lo bueno y lo malo. Lo positivo y lo negativo. Para cada acción hay una reacción igual y opuesta. El cielo y el infierno.

Afirmaciones de la dualidad de nuestro Universo.

Pero no se me había ocurrido que también podía pasar en psicología.

La otra cara del efecto Pygmalion es el efecto Golem, donde las bajas expectativas conducen a una disminución del rendimiento. Ambos comparten el concepto mental de profecías autocumplidas. El golem es una criatura de arcilla en la mitología judía. Según la leyenda, el golem fue creado originalmente para proteger a los judíos de Praga. Con el tiempo se volvió violento y tuvo que ser destruido.

No tengo un ejemplo animal para el efecto Golem, como la «Dama Maravilla» o «Clever Hans» para el efecto Pygmalion. Será porque el efecto Golem es otra palabra para las expectativas que naturalmente tenemos de los animales, y el efecto Pygmalion es la excepción. Esperamos, por definición, que los animales sean «brutos» y que sus actos no representan «inteligencia».

Tengamos cuidado como profetas

El efecto Golem y el Pygmalion se han estudiado en experimentos con maestros. Una profesión que requiere el poder de influenciar a otros.

Cuando investigadores arbitrariamente le indicaron a un maestro que un estudiante era «brillante» o «tonto», el comportamiento del maestro cambió para favorecer a los estudiantes brillantes e ignorar a los tontos. El maestro buscaba y apoyaba a los brillantes. Los brillantes, a su vez, prestaban más atención al maestro y a lo que se enseñaba en la clase.

Los maestros trataban a los estudiantes tontos más estrictamente que a los brillantes. Los estudiantes afectados por el efecto Golem obtuvieron peores resultados que sus contrapartes afectados por el efecto Pygmalion.

Solo los maestros que se resistieron a la profecía de expectativas trataron a todos los estudiantes por igual.

Yo no soy maestro, soy escritor. ¿Que significa para mí?

De seguro has leído sabios consejos de como mejorar tu rendimiento como escritor. No estoy ofreciendo ningún nuevo consejo, pero ahora entiendes la base científica para el porque debes tener una actitud positiva para sacarles provecho. Necesitas creer en el consejo para que el efecto Pygmalion de fruto aún antes de tratarlo. Una actitud neutral o negativa no es el mejor comienzo.

Todo está en el marco.
Entonces, ¿qué es exactamente un marco?

Un marco es un modelo mental representada en el cerebro mediante circuitos neuronales. Los marcos son la forma en que vemos el mundo, los objetivos que buscamos, y las elecciones que hacemos.

Piénsalo de esta manera: si lees que «mejora la productividad en el 95% de los escritores» lo tomarás mejor y te animarás a tratarlo en vez de ciertamente decir «para un 5% de los escritores no mejora el rendimiento». Todo depende de cómo lo enmarcas.

Aunque no podemos ver o escuchar marcos, son poderosos porque nuestras acciones se basan en los marcos inconscientes y metafóricos que creamos. Una vez un marco está en su lugar, los bordes de ese marco y las asociaciones implicadas se toman en cuenta en nuestra toma de decisiones. Es como el fotógrafo, pintor, o curador que escoge un marco para resaltar la obra.

Los marcos más comunes son artefactos culturales y se aprenden cuando somos pequeños. Según los usamos fortalecen un circuito neuronal en un bucle de retroalimentación. Por lo tanto, no es sorprendente que los marcos sean relativamente fijos y el cambio toma dedicación y tiempo.

Para empezar a ser más productivo se requiere empezar con la actitud correcta.


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