El Verdadero Servicio a Dios

[Dios] “ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas.” — Hechos 17:25

Cuando Pablo predica su famoso sermón en la cuna griega de la filosofía, anuncia una verdad que en tiempos como hoy es necesario reafirmar: “Dios no es servido por manos humanas”. La palabra aquí ocupada por Pablo es “terapia” cuyo sentido es “atender o aliviar las necesidades o deseos de otros”. Esto significa que aún con nuestro más sincero y humilde servicio a Dios, nosotros no aliviamos o atendemos alguna necesidad de Dios, como si Él necesitara algo de nosotros; que no le ministramos nada que Él ya no tenga constituido en su Gloria y que nosotros no somos los terapeutas de Dios, ni sus ayudantes como si Él necesitara ayuda. Como dice Job 22:2 ¿Traerá el hombre provecho a Dios? Al contrario, para sí mismo es provechoso el hombre sabio.

Así como nuestros pecados no le restan nada a la gloria que Dios tiene en sí mismo, tampoco nuestra justicia y buenas obras le hacen más glorioso de lo que Él ya es. Por tanto preguntémonos: ¿hay algo que podamos hacer para Dios que Él no pueda hacer por sí mismo? No, nada. Pero entonces, ¿para qué Dios en toda la Escritura nos manda a servirle?

La razón de nuestro servicio a Dios

El servicio a Dios no es para hacer algo que Él no puede hacer por sí mismo. Él puede levantar hijos de Abraham de las piedras si quisiera, dijo Jesús. Si Dios nos manda a servirle es para que, estableciendo nuestra satisfacción sobre Él, le adoremos alabando su Gloria. No es que necesita ser servido, somos nosotros los que necesitamos servirle a Él.

Nosotros los cristianos no agregamos nada a la gloria de Dios ni tampoco le restamos nada, pero lo que sí podemos hacer es exaltar su gloria y magnificarla, así como también ignorarla y menospreciarla. Por tanto, el servicio aceptable a Dios no es el de manos trabajadoras sino el del corazón que brama por Dios. El servicio aceptable es aquella obra que con nuestras manos hacemos porque nuestra adoración a Dios nos manda a obedecerle.

A través del profeta Amós (5:21–23) Dios le dice a los Israelitas que Él abomina sus solemnidades, que sus ofrendas no las acepta, que sus cantos son ruido para sus oídos y que no escuchará los salmos que le canten, ¿por qué? Amós 5:25–26 dice ¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta años, oh casa de Israel? Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis.

El problema de ellos no era el servicio ministerial per se, no eran las ofrendas que ceremonialmente presentaban de forma correcta, ¡sino que el problema era el corazón de ellos! Aunque litúrgica y legalmente hacían lo ordenado por Dios, al tener ídolos en su corazón demostraban que sus sacrificios ofrecidos a Él no eran adoración sino religión.

La obediencia como adoración

Toda obediencia a Dios necesariamente debe ser ofrecida como adoración. Deuteronomio 6:13 dice: A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. La Palabra servir es “adorar”. Esto significa que Dios no separa el carácter de la obra, porque la obra tiene su sentido en el carácter del creyente que sirve. Dios no quiere sus manos, sino su corazón, pero sus manos siempre revelarán lo que hay en su corazón, quién lo gobierna y qué lo dirige.

Hermanos y consiervos, Dios nunca ha evaluado el servicio cristiano por la calidad de la obra sino por la actitud del corazón del que le sirve. En Jeremías 7:17–18, 22–24 leemos que aunque el pueblo de Dios preparaba con diligencia la ofrenda para el holocausto, el problema era que ¡ellos la ofrecían para el dios equivocado! Qué peligroso es cuando un pastor o un cristiano hace lo correcto, pero ante el dios incorrecto, cumple su servicio con verdadera excelencia pero para un dios falso.

Después del reino de David, vemos que los Israelitas buscaban dirigir su vida por una ética independiente a la Escritura pero no así su vida ceremonial, al hacer esto demostraban la ignorancia y menosprecio a la demanda más preciosa de Dios para su pueblo: adoración por medio de la obediencia. Por eso Juan Calvino en sus Institutas llama a este pecado “superstición”, a la adoración a un dios fabricado por el adorador, o al servicio a “Dios” pero por intereses personales y ocultos, mas no para adorarlo a Él.

Recuerde, Dios no evalúa el servicio cristiano por la calidad de la obra sino por la actitud del corazón. Dios no evalúa nuestro servicio por la cantidad de obras que hagamos, ni por su alcance, influencia, impacto o popularidad, sino por la sinceridad del culto de adoración que le rendimos mientras hacemos esas obras. Si no comprende estas cosas entonces terminará por dañar su propia vida y a la Iglesia de Jesucristo.

¿Qué es servir a Dios?

Servir a Dios es la adoración que acompaña a toda nuestra obediencia a su Palabra. Servir a Dios es la adoración y obediencia de corazón que acompaña a las obras de nuestras manos.

Servimos a Dios, pero no le servimos a Él. ¡Nunca olvide esta hermosa paradoja!

Por Javier Domínguez, Pastor Presidente de Iglesia CIA El Salvador y Director del ministerio “Regresando a la Palabra”, que promueve el regresar a la suficiencia de las Escrituras y la preeminencia de Cristo Jesús. 18 años de ministerio, casado y padre de tres hijos.

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