Cómo hacer para que tu yo del futuro sea financieramente feliz

¿Cómo querés estar más adelante? ¿Y más adelante aún?

Hay un cuento de Borges, uno de los mejores escritores de habla hispana de todos los tiempos, en donde el protagonista se encuentra con su “yo del futuro”. No se los voy a spoilear, mejor léanlo 🤓. Cuando me crucé con ese relato por primera vez, entendí que el futuro es una incógnita total pero que, cuando lleguemos y miremos hacia atrás, las decisiones que tomamos e incluso los errores que cometimos, van a tener un sentido que quizás hoy no esté del todo claro 🤔.

La planificación financiera tiene mucho menos vuelo poético, pero no por eso es menos interesante. Se trata de anticipar un poco el alcance de ese sentido de la vida desde lo material y orientar nuestras decisiones y sobre todo, nuestros hábitos cotidianos de Gastos, para desarrollar una estrategia consciente que nos permita alcanzarlo 🤑.

No solo para no vivir endeudados y para poder concretar nuestros objetivos de forma más eficiente, sino para desarrollar la capacidad de ahorro por el simple hecho de poder hacerlo…

Dialogá hoy con tu yo del futuro y planificá 😏

Si hacemos un ejercicio como el que propone Borges en su cuento con nosotros mismos…¿Qué nos gustaría escuchar de nuestro “yo del futuro”? 🙄 ¿Nos va a felicitar por haber disfrutado al máximo la vida a pesar de que ahora tiene que trabajar como un condenado para pagar las deudas que le dejamos? 😨 ¿O nos agradecerá que fuimos previsores y todos los años, a fuerza de balancear nuestros Ingresos y Gastos, aprendimos a generar un ahorro que se convirtió en capital y le permite alcanzar sus objetivos? 😎

Una de las cosas más difíciles de negociar con el “yo del futuro” es la imposibilidad de saber cuánto placer (o sacrificio) representan nuestras decisiones del “yo del presente” para él.

Hoy sabemos cuánto disfruta nuestro “yo del presente” de un viaje 🏝, un festival de dos días con las mejores bandas 🎸o el último smartphone 📱 y le puede poner un valor personal a esas experiencias o esas compras en relación al dinero que hay que dar a cambio. Es un placer concreto, se lo puede medir y comparar con otras cosas que podemos hacer hoy. Lo que no podemos saber es si nuestro “yo del futuro” no haría mejor uso de ese dinero o no lo necesitaría para algo más relevante.

Por eso es importante preguntarnos cómo queremos estar de acá a unos años o incluso algunas décadas. El ahorro 💰 (y al mismo tiempo, el endeudamiento), por su naturaleza, puede funcionar como un canal de comunicación entre nuestros variados “yos del futuro”. A los 20 👧🏻👦🏻 años no es sencillo pensarnos a los 30, a los 40 o a los 50 👩🏻👨🏻. Para cuando llegamos a los 40 quizás perdimos oportunidades para llegar como queremos a los 60. La vida además nos presenta oportunidades que traen cambios y también entramos en crisis y mutamos. Es cierto que las posibilidades son infinitas, pero si hay un “yo del futuro” con el cual vale la pena conversar, es con el que tenga que retirarse cuando llegue la edad de la jubilación. Sobre todo porque ese futuro es bastante incierto para la economía en general.

Nada peor que el dinero quieto 🤦🏻‍

Muchas veces se suele recurrir a la imagen del dinero debajo del colchón como la mejor forma de representar a los ahorros. Lo cierto es que lo mejor que podemos hacer con nuestros ahorros en lugar de esconderlos es “ponerlos a trabajar” ⛏ para que aumenten de valor. Cuanto más tiempo estén invertidos, mayores posibilidades de que rindan más. 💸

Invertimos para obtener una recompensa por el valor del dinero que dejamos de disfrutar hoy, a cambio de un dinero extra en el futuro. Pero no todas las inversiones tienen el mismo potencial de rendir más. Justamente por eso, no todas tienen los mismos riesgos.

Hay inversiones de corto, de mediano y de largo plazo. La forma más simple es el depósito a plazo fijo, donde dejamos el dinero inmovilizado por un tiempo (mínimo 30 días, máximo un año) a cambio de recibirlo al vencimiento, con un adicional calculado a partir de la tasa de interés. Las tasas de interés se pactan de forma anual y recibimos intereses en proporción al tiempo que invertimos. Así como nos cobran cuando debemos, podemos cobrar cuando “le prestamos” dinero al banco 🏦. Por ejemplo, si invertimos $ 3.000 a 30 días y el banco nos ofrece una tasa anual del 12%, eso es algo así como un 1% mensual. Quiere decir que al finalizar el mes, tendremos nuestros $ 3.000 más un 1%, que serían unos $ 30. Parece poco, pero proyectado en el tiempo, puede ser la base de una pequeña fortuna 💵. Muchas veces se recurre al poder del interés compuesto para mostrar cómo crece el dinero cuando lo colocamos a tasa durante años y años, reinvirtiendo no sólo el capital si no los intereses ganados.

Si por ejemplo tenemos estos mismos $ 3.000 y los depositamos a un año al 12%, a fin de año tendremos $ 3.360 entre capital e intereses. Si esos mismos $ 3.360 los invertimos al 12%, al final del año siguiente se convertirán en $ 3.760. Una década más tarde, serán unos $ 9.317. Y luego de 30 años se habrán convertido en $ 89.879.

Un poco de ahorro hoy es la base de nuestra fortuna del mañana 👴🏻

Muy pocos piensan en un futuro tan lejano y en el impacto a futuro de dejar de gastar $ 3.000 este año para ahorrarlos e invertirlos durante 3 décadas. Menos aún quienes están comprometidos con disfrutar el presente sin ataduras. Es probable que para cuando los millennials tengan 60 años todavía les quede un tramo de vida laboral importante antes de jubilarse, si es que el mercado de trabajo tal como lo conocemos permite ganarse la vida como hasta ahora. O si, por el contrario, dependeremos en gran medida de un ingreso universal que complemente lo que ganemos por vender nuestro talento en la medida que no pueda ser provisto por robots 🤖.

No hay manera de saber qué nos depara el futuro. Pero sí hay estrategias para encarar nuestro propio futuro más preparados. Ahorrar para nuestra jubilación, aunque sea poco y empezando desde muy jóvenes, es una de las mejores herramientas.

Para eso, siempre podemos volver a lo que aprendimos en el primer artículo sobre medir nuestros Ingresos y Gastos a lo largo del año. Aunque no tengamos objetivos de corto o mediano plazo para orientar nuestros ahorros y nos parezca mejor financiar nuestros Gastos con tarjeta en muchas cuotas, no viene mal separar algo de nuestros Ingresos anuales y no gastarlo, reservarlo como ahorro de muy largo plazo. Podemos apoyarnos en lo que aprendimos en el segundo artículo para medir bien cuánto dinero podría ser por año, sin comprometer otras decisiones sobre nuestro estilo de vida (o decidiendo conscientemente ajustarlo en pos de este nuevo objetivo).

Si logramos separar algo todos los meses (o en los momentos del año donde la liquidez nos permite hacerlo) a lo largo de los años, no importa que sea poco, vamos a construir nuestros ahorros de largo plazo.

Sólo queda una pregunta por responder: ¿qué hacemos con esa plata?

El poder del largo plazo 🗺

Muchas veces a pesar de ganar intereses, el dinero en el largo plazo pierde valor por la inflación y las devaluaciones que puede experimentar la moneda, cuando empieza a valer menos que otras monedas internacionales. Eso hace que muchos decidan convertir sus ahorros en dólares y guardarlos debajo del colchón durante años o décadas. Existe un consenso bastante difundido de que es mejor invertir el dinero de largo plazo en el mercado de capitales 📈 (la bolsa, como se la conoce normalmente). Hay muchos mitos y miedos al respecto 📉, desde que es una timba 🎲 hasta que hay que saber tanto que es sólo para genios 🤓, por lo que siempre es recomendable capacitarse o asesorarse antes de invertir y sacarse las dudas. A través de la bolsa es posible comprar bonos (básicamente en vez de prestarle al banco compramos un título que nos convierte en prestamistas del Estado) y acciones (es un título que nos convierte en dueños de una parte de una compañía que cotiza en el mercado). Además de gente con dinero (poco o mucho), las compañías de seguros y los fondos de pensión invierten en estos activos financieros, sobre todo acciones.

En casi todos los países, si se toman tramos de inversiones de 10 o más años, lo normal es que las acciones valgan mucho más que al momento de comprarlas. Quizás en el corto plazo algunas empresas caen de valor o durante una crisis económica las bolsas se derrumben. Pero no hay crisis que se extienda por más de 2 ó 3 años. Tarde o temprano la economía retoma el crecimiento y la bolsa acompaña.

Para entenderlo con otro ejemplo con números, si a comienzos del 2012 teníamos $ 3.000 y comprábamos dólares (en ese momento a 4,30) podíamos guardar abajo del colchón unos USD 700. Cinco años más tarde, a comienzos de 2017 (con el dólar a 16) eso equivalía a $ 11.200. ¿Nada mal, no?. Pero si invertíamos en las principales acciones argentinas a través de la bolsa, esos $ 3.000 se transformaban en unos $ 20.160… ¿Mucho mejor, no?.

La buena noticia es que no necesitamos ser expertos de Wall Street o millonarios para invertir. Hoy a través de los bancos se puede acceder a los Fondos Comunes de Inversión de bonos (renta fija) o acciones (renta variable), que permiten invertir nuestros ahorros desde $ 1.000. Así que por más modesto que empiece, si nos proponemos un plan de ahorro de varios años usando estos instrumentos, las probabilidades de que nuestros ahorros valgan más en el tiempo son mucho más altas que si nos limitamos a, por ejemplo, comprar dólares y guardarlos.

Ya contamos con el conocimiento para medir y planificar nuestras finanzas, es momento de pensar qué queremos lograr. 😉

Ahora y a lo largo de nuestras vidas. 😌