Sr. Underwood. ¿The Wire o Los Soprano? ¿A quién quieres más, a papá o a mamá?

Por qué ‘House of cards’ se parece, sin parecerse, a las dos series de referencia de la pasada década.

‘House of cards’, en su versión americana, nació del intento de Netflix por hacer una serie a la medida de las preferencias de sus usuarios. David Fincher se implicó no sólo como productor ejecutivo, sino que asumió la dirección de los dos primeros episodios. Beau Willimon, encargado de adaptar la versión inglesa, nunca se planteó un plan B a Kevin Spacey como protagonista. Hace diez años hubiera sido impensable que dos figuras cinematográficas de la talla de Fincher y Spacey compartieran cartel en una serie de televisión. Que se juntaran en una producción para una plataforma online, era impensable prácticamente hasta que se anunció.

Es fácil suponer que, si fue una serie creada a la medida del gusto de los usuarios, se investigara también cuáles eran las series que más habían gustado en los últimos años, y en casi todos los rankings que figuran online, ‘Los Soprano’ y ‘The wire’ suelen compartir el primer puesto. Es normal que ‘House of Cards’ tenga, pues, elementos muy marcados de las dos series, sin quitarle el mérito de haber conseguido encontrar su propio tono.

La cuarta temporada, estrenada recientemente y devorada por los usuarios en su primer día online, no está cosechando precisamente buenas críticas. Para mí es sorprendente que en una receta que mezcla ‘The Wire’, ‘Los Soprano’ y ‘House of Cards’, el resultado no consiga ser positivo para la crítica. Vamos a analizar qué tiene House of cards de estas dos series y que le ha podido faltar o sobrar para no haber logrado gustar a todos esta vez.

THE WIRE

A Beau Willimon es fácil verle el plumero, ya que había declarado abiertamente que, a él, ‘The wire’ le parecía la mejor serie de todos los tiempos. Es lícito suponer entonces que haya intentado beber de los aciertos de ésta para adaptar ‘House of Cards’. Y el caso es que no lo consigue. Por el hecho de que una serie se desarrolle en un ambiente laboral de política, no significa que la serie hable de política. De hecho, en ‘The wire’ la escena política no aparecía hasta la tercera temporada, pero en las dos primeras, en las calles de Baltimore y en los muelles, la serie estaba hablando de política más que de ninguna otra cosa.

En ‘The wire’ vemos condicionadas las vidas de unos personajes reales, que nos creemos, que tenemos la sensación de conocer. En ‘House of Cards’ no hay apenas personajes fuera del ámbito político o periodístico. Hay un intento un poco patético de mostrar el impacto de las decisiones de Underwood en las vidas de la gente corriente a través del personaje de Freddy, el tipo de las costillas (Reg. E. Cathey, que curiosamente interpretó en ’The wire’ a Norman, el ayudante de Carcetti, en las dos últimas temporadas), pero que no consigue el efecto deseado. Al menos yo, como espectador, tuve la sensación de que no venía mucho a cuento, de que más que ayudar o complementar al resto de tramas, era un show stopper.

‘The Wire’ era una novela coral “dickensiana”. Muchos personajes haciendo lo que estaban llamados a hacer, siendo coherentes con su condición, tejían un retrato de una sociedad, en este caso, una sociedad en la que los tentáculos de la corrupción han llegado a contaminarlo y a condicionarlo todo. En ‘House of Cards’ están los Underwood. Y alrededor de ellos baila el mundo. Y así debe de ser. Pero no puede ser ‘The wire’, no puede abarcar las consecuencias de la corrupción en tantas direcciones y ser una radiografía social, pero sí nos muestra con detalle los procesos codiciosos y desalmados donde se gesta esa corrupción al más alto nivel. En ‘The Wire’, podríamos decir que la corrupción era el personaje central, pero en ‘House of Cards’ están Frank y Claire por encima de todo y de todos, y la corrupción simplemente pasa por allí.

LOS SOPRANO

Cabecilla de la mafia italiana, asesino, extorsionador, violento, maleducado… Todo el mundo quería a Tony Soprano. ¿Cómo era esto posible? Al final Tony era un tipo con problemas en el trabajo que no podía contarle a su mujer, con amantes de las que tampoco podía hablarle, con amigos e hijos y familia que le daban alegrías y dolores de cabeza, con ansiedad suficiente como para ir a un psiquiatra… Era verosímil, vulnerable, gran parte del público podía identificarse con sus debilidades y conflictos. Todo giraba en torno a Tony, al pasar las temporadas el espectador se iba identificando con él hasta el punto de sentirse cómplice, de reír cuando él ríe, de sentir pena cuando Tony está triste, y de entender a Tony cuando Tony decide matar.

En ‘House of Cards’ es difícil llegar a sentirse cómplice de los Underwood, más bien es como si al espectador le dieran la oportunidad de ser un testigo afortunado de lo que ocurre detrás del decorado político. Testigos, no cómplices. Creo que se pasaron a la vez que se quedaron cortos, es decir;¿qué en Los Soprano todo gira en torno a un personaje moralmente censurable y funciona? Bien, perfecto, pero en vez de meterle en el psiquiatra, mejor vayamos un paso más allá, ¡que hable directamente a cámara! En la primera secuencia del primer episodio de la primera temporada aparece el personaje, se acerca a cámara donde hay un perro moribundo, lo mata y nos explica algo sobre el dolor inútil, mirando al espectador. Luego le entrega a sus vecinos su perro muerto. A mí me pareció genial, y toda una declaración de intenciones, pero así no puedes ser Tony Soprano, nunca te van a querer como a él. A Tony le queríamos por su verosimilitud. Tú hablas a la cámara Frank Underwood, eso te hace cercano, pero inverosímil, es otro tipo de empatía. Además Frank no tiene los problemas del americano medio, no, tiene una mujer que nunca le reprocha nada, no tienen hijos ni quieren tenerlos y son crueles y despiadados con quienes se interpongan entre ellos y sus objetivos, siempre como un equipo, por encima de todo y de todos. Eso tampoco le hace verosímil para la mayor parte del público.

Spoilers de la cuarta temporada a partir de aquí

De todos modos, aunque ‘House of Cards’ tenga elementos claros de estas dos series, en realidad no se parece del todo a ninguna de ellas, y creo que en esta cuarta temporada, en el segundo tramo, los guionistas han encontrado otra vez ese tono del principio que cautivó a crítica y público; los siete últimos episodios de esta temporada, para mí, son los episodios en los que ‘House of Cards’ vuelve a parecerse a ‘House of Cards’. El precio es la primera mitad de la temporada, seis episodios en los que la trama se embarra para solucionar los conflictos que dejó abiertos la temporada anterior. Vemos cómo el despacho oval, al que tanto esfuerzo sudor y sangre ha costado llegar, se convierte en un lugar cualquiera en el que, por ejemplo, Frank le cuenta a Doug sus problemas matrimoniales con Claire; para volver a meter la trama por un camino prometedor han tenido nada menos que disparar al presidente. Pero funciona. A partir del capítulo siete es como si empezara una temporada nueva, prometedora, que no se parece a nada que no sea ‘House of Cards’. Recomiendo volver a ver el capítulo siete, donde hay dos secuencias memorables en las que a través del montaje vemos a Frank y Claire preparar reuniones y planear cómo manipularlas a la vez que observamos cómo esas mismas reuniones tienen lugar y, como espectadores, somos partícipes de su éxito manipulando a las personas, y testigos de cómo Frank y Claire vuelven a ser un equipo letal contra quien se cruce en su camino. “Tú y yo contra el mundo, Claire. Si no, ¿qué sentido tiene?”, decía Frank Underwood, convaleciente del atentado, apoyándose en un gotero al caminar, al final del episodio seis. Me da la sensación de que los guionistas se hicieron la misma pregunta. Porque ‘House of cards’ no tiene que parecerse a nada, simplemente ser ‘House of cards’. Y eso significa Frank y Claire contra el mundo. Si no es bajo esa premisa, estoy de acuerdo con Frank, ¿qué sentido tiene?

Ramón Aller
para Weereel