Smart Contracts

Anteriormente hablamos de la tecnología Blockchain y como sus características de validación y transparencia presentan oportunidades y desafíos en el comercio exterior.

Ahora vamos a profundizar sobre los “smart contracts” o contratos inteligentes, que junto a la tecnología Blockchain, prometen modificar las manera de hacer negocios, impactando directamente en el sistema de pagos.

Los “smart contracts” son contratos que se ejecutan en forma automática cuando se cumplen los términos de un acuerdo entre partes. Por ahora nada distinto al clásico papel firmado entre interesados, pero lo cierto es que son diferentes. A grandes rasgos se diferencian en 3 factores: la escritura, sus aspectos legales y la manera de cumplirlo.

Los contratos en soporte papel son escritos en el lenguaje que conocemos, usando letras de la A a la Z y los números del 0 al 9, donde se redactan los términos y condiciones, y que las partes que acuerdan firman de puño y letra. Este acto es asistido por un escribano o notariado que debe certificar la acción, lo cual implica algunos costos. Por otro lado, la manera de cumplirlo queda sujeta a la interpretación de las partes, quedando librado a la buena fe de los involucrados.

En cambio, los “smart contracts” son protocolos informáticos, escritos en código virtual que son programados para llevar adelante diferentes tareas de acuerdo a las instrucciones que se le cargan previamente. Su cumplimiento no queda sujeto a interpretaciones, porque si sucede X, la consecuencia Y se activa en forma automática.

En este acto no existe implicación legal, no necesita intermediarios como escribanos ni notariados, por lo tanto no genera costos adicionales y reduce el tiempo de trámites.

Ahora bien, el concepto smart contract nace en 1995 por el teórico en sistemas y uno de los pioneros en Bitcoin, Nick Szabo, quien introdujo el término en su Glosario, y lo definió como “un conjunto de promesas, incluidos los protocolos dentro de los cuales las partes cumplen otras promesas. Los protocolos generalmente se implementan con programas de una red informática o en otras formas de electrónica digital, por lo que estos contratos son ‘más inteligentes’ que sus antecesores en papel. El uso de inteligencia artificial no está implicado.”

Szabo, conocido como el padre de los smart contracts, definió estos principios hace más de 15 años, pero su idea no podía ser materializada ya que el entorno tecnológico no lo permitía. Tuvo que esperar hasta 2009, con los avances de la tecnología Blockchain y con la aplicación en Ethereum para empezar a verla en concreto.

A pesar de que muchos siguen relacionando los smart contract exclusivamente a la transacción con criptomonedas, su aplicación a trascendido a otras esferas que están analizando su uso para potencializar sus procesos. El sector financiero, el sistema bancario y gobiernos, están haciendo pruebas, y el comercio exterior no está ajeno a su potencialidad.

Ahora bien, ¿cuántos contratos identifican que hay en una cadena de comercio exterior? Y no nos referimos (necesariamente) a los de compra-venta, pensemos en todas aquellas pequeñas operaciones que están sujetas a condiciones: seguros, logística, certificaciones y cobranzas internacionales, entre otros, están sujetos a términos de cumplimiento. La automatización, vinculada a las propiedades de Blockchain, no solo permiten mayor dinamismo, sino también transparencia y seguridad. Esto reduce tiempos y controles, los que, eventualmente, se traducen en costos.


Desde Wobax creemos que los smart contracts serán parte de la cotidianidad en los negocios futuros y su implementación reducirá los costos y tiempos, agilizará los procesos y automatizará la confianza.

Ustedes, ¿qué opinan?