Las comidas escolares ayudaron a avivar la esperanza olímpica

Foto: WFP/Claire Thomas

Anjelina Nadai es una de las diez atletas que competirán en las Olimpiadas 2016 como parte del primer equipo de refugiados jamás visto. Ella conversó con Katherine Arms, del Programa Mundial de Alimentos, sobre su viaje desde el campo de refugiados de Kakuma hasta los juegos de Rio.

Como la mayoría de los niños de su pueblo natal en lo que hoy se conoce como Sudán del Sur, Anjelina Nadai corría diariamente entre los matorrales para ordeñar las vacas de la familia y llevar leche a casa. Ella nunca se imaginó que un día estaría en las olimpiadas, corriendo bajo la bandera olímpica.

Anjelina pasó la mayor parte de su infancia en el campo de refugiados de Kakuma, en el norte de Kenia, tras haber huído con su tía de la guerra en Sudán.

“Ella se enteró recientemente que había logrado entrar al equipo de refugiados”.

Sus padres y el resto de la familia quedaron atrás. Ella empezó a correr en su escuela en el campo como una aspirante a atleta, registrando buenos tiempos. Anjelina inició su entrenamiento en el 2015 con una fundación dirigida por la maratonista keniana Tegla Laroupe.

Se enteró recientemente que había logrado entrar al equipo de refugiados junto con otros cuatro corredores Sur Sudaneses del campo Kakuma — un corredor etíope, dos nadadoras sirias y dos atletas de judo de la República Democrática del Congo. Anjelina competirá en el evento de atletismo de 1,500 metros categoría mujeres.

“Llegué a Kakuma en el 2002, y casi ni lo recuerdo. Yo era muy joven”, dice Anjelina. “Recuerdo haber recibido nuestras provisiones de WFP… cada 15 días recibíamos comida. Esto era muy bueno, pero a veces se terminaba rápido”.

“Las personas siempre parecen necesitar más. Nunca hay suficiente cuando existe tanta necesidad. Fue todo un reto”.

“La comida y la educación van de la mano”.

“Los alimentos que recibimos del Programa Mundial de Alimentos nos ayudaron mucho — sin ellos no habríamos podido sobrevivir”. Comparado a lo que teníamos, Kakuma nos salvó. En esa época, constantemente recibimos comida y podíamos contar con ello”.

En el campo de Kakuma, Anjelina también recibió las comidas escolares de WFP. Ella afirma que la comida y la educación van de la mano cuando se trata de mantener a los niños en la escuela, especialmente en tiempos de emergencia.

“Al proveer educación a los niños en medio de emergencias, promovemos la paz”, afirma Anjelina. “Los valores son aprendidos. La comida en la escuela es necesaria”.

“Si la comida se termina, la escuela y la educación llegan a ser demasiado complicadas. El rendimiento disminuye si tienes hambre. No puedes aprender si necesitas algo en tu estómago. Las comidas escolares animan a los niños a no quedarse en casa y asistir a la escuela, también los impulsa a competir a un nivel más alto.

“Los niños que reciben una educación pueden ayudar a reconstruir su país”.

“Los niños que reciben una educación, a pesar de que han tenido que huir de sus hogares, están mejor preparados para su futuro y pueden ayudar a reconstruir su país una vez sea seguro volver”.

“Cuando eres educado por lo menos tienes algo con qué volver a casa — puedes volver con un mensaje. Al menos puedes entender los problemas e intentar resolverlos. Entonces tenemos palabras para debatir en vez de masacrar con armas”.

Siendo las olimpiadas su enfoque en este momento, Anjelina afirma que quiere encontrar a su familia cuando regrese a África, tal vez portando una medalla. Después de que Anjelina llegó a Kakuma en el 2002, perdió todo contacto con su familia.

“No tenemos ningún tipo de comunicación en absoluto. Incluso llego a olvidar como lucían mis padres. Espero poder tener la oportunidad de verlos cuando vuelva. He estado aquí sola (en Kenia) ya que no tenía hermanos. Solo he visto a mi tía y a mi hermano, quien llegó hace poco. Cuidaré de ellos cuando vuelva”, afirma ella.

“Hemos llegado lejos. Representamos la paz y la esperanza”.

El presidente del Comité Olímpico Internacional Thomas Bach, cuando estaba presentando oficialmente el equipo de refugiados, expresó: “Estos atletas refugiados le mostrarán al mundo que a pesar de las tragedias inimaginables que han enfrentado, cualquier persona puede contribuir a la sociedad por medio de su talento, sus habilidades y la fuerza del espíritu humano”.

“Hemos llegado muy lejos. Nosotros (el equipo de refugiados) representamos la paz y la esperanza”, dijo Anjelina. “Deben considerar a todos los refugiados del mundo. No solo estamos en la televisión. Deben imaginar lo que estamos pasando. Somos personas. No somos de temer. Somos humanos y deberíamos ser tratados justamente”.


Originally published at es.wfp.org.

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