Aquí siempre lo hemos hecho así…

Conocimiento para una nueva era digital

En una gran jaula, los científicos colocaron 5 chimpancés, y en una esquina de la jaula, encima de una escalera, un apetitoso racimo de bananas. Como era de esperarse, en el instante en que los chimpancés tomaban conciencia de su entorno y notaban las bananas, comenzaban a trepar por la escalera para apropiarse de ellas.

Inesperadamente, en tanto los chimpancés subían por la escalera, violentos chorros de agua fría empapaban a todos. Llenos de temor, y profundamente incómodos, abandonaban temporalmente su intención de comer de las bananas. No pasaba mucho tiempo antes de que nuevamente intentaran subir por la escalera, causando siempre el mismo resultado del agua fría para todos. Es fácil inferir que rápidamente los incentivos negativos programaron a los chimpancés a no atreverse a ir por las bananas. Los 5, en la jaula, llenos de miedo al agua fría, y sin capacidad de ir por la comida.

Los científicos retiraron entonces a uno de los chimpancés, y lo sustituyeron por uno nuevo, que nunca había estado en la jaula. De inmediato, el novato comienza a reconocer el entorno, a sus compañeros, y allá arriba, imagen inesperada, ese gran racimo de bananas. Al comenzar a subir por la escalera, todos sus compañeros lo atacan, intentando prevenir el bombardeo de agua helada. Este nuevo chimpancé aprende rápidamente que las bananas son también inaccesibles, porque por alguna extraña razón sus 4 compañeros ni siquiera intentan llegar a ellas. Es entonces programado a no ir por ellas, por miedo al vapuleo grupal.

De uno en uno, los científicos sustituyen a cada chimpancé por otro nuevo. Y el fenómeno se repite, el recién ingresado intenta subir por las bananas, y todos sus compañeros lo atacan para no permitirlo.

El profundamente perturbador aspecto del experimento es que eventualmente todos los chimpancés son sustituidos, y las bananas se mantienen intocables, a pesar de que ninguno de ellos ha recibido el castigo del agua fría.

Este experimento social refleja una realidad de comportamiento de masas. Grace Hopper dijo que la frase más dañina en el lenguaje es “siempre lo hemos hecho así”. Hace pocos días estuve en una conferencia del joven científico de partículas Javier Santaolalla, quien con gran agudeza nos explicó que los objetos con mayor masa en el Universo son los que requieren más energía para ser movidos, porque a más masa, más interacción con una misteriosa entidad llamada campo de Higgs, que los detiene y frena.

En un ambiente empresarial tan complejo como el que enfrentamos hoy, donde los competidores toman formas antes no imaginadas, donde los productos sustitutos aparecen todos los días con nuevas características que jamás habríamos planeado, y donde la oferta de soluciones tecnológicas para enfrentar la transformación digital es tan vasta y compleja que la decisión del día parece ser mejor mantenerse quietos, estamos desarrollando una gran masa corporativa que nos impide acceder a nuevos horizontes en procesos, sistemas, soluciones y productos. Simplemente porque sentimos que nuestra esquina es más segura, porque aquí siempre hemos hecho las cosas así. Y hasta ahora nos ha ido bien. Pero allá a la vuelta de esa esquina habrá alguien que, de manera ágil, se atreverá a subir los escalones y a hacer las cosas diferente. Ese se llevará el premio de las bananas.