La Chutzpah de Richard Branson

Me pare y salí de la sala de conferencias del Departamento de Estado de Estados Unidos ya algo cansado luego de escuchar durante horas oradores hablar sobre negocios, liderazgo y política.

Éramos 248 emprendedores que habíamos viajado a Washington para reunirnos con empresarios, emprendedores y funcionarios del State Departament.

Salgo de la sala y ahí fue donde lo vi: a unos 30 pasos, hacia el final de un largo pasillo blanco estaba Richard Branson. 
SIR Richard Branson: Excéntrico y billonario, un rockstar del mundo emprendedor. Días antes justo antes de salir hacia el aeropuerto, había agarrado un libro suyo del estante para leer en el vuelo: “Like a Virgin: Todo lo que no te enseñan en la Escuela de Negocios”

No habrán sido más de unos segundos que me quede paralizado en una punta del pasillo viendo a uno de los emprendedores más exitosos de mundo a unos pasos míos. Comencé a avanzar hacia él, lenta y tímidamente, con la idea de felicitarlo y tal vez pedirle una selfie. Pero cuando estaba a unos escasos metros, nuevamente dudé y me invadió la timidez por un ínfimo instante. Cuando finalmente tome coraje y avancé, escuché como desde el interior de la sala le daban la bienvenida, y antes de que pudiera llegar a él, ingresó a la sala.

Solo pude capturar el momento que Sir Richard Branson entra al salón

Volví a mi asiento, escuché su charla y vi como rápidamente se retiró escoltado por sus asesores.

Una impotencia y malestar me siguió el resto de la tarde:

¿Cómo podía ser que el haber dudado esos instantes me hayan privado de la oportunidad única en la vida de conversar mano a mano con Sir Richard Branson?

Yo soy de los que cree que las ideas no tienen ningún tipo de valor. El valor está en la ejecución. Emprendedor es el que puede desarrollar un negocio, no quedarse sólo en la idea por más disruptiva que sea. Si tengo que resumir qué hace exitoso a un emprendedor es la Chutzpah.

Chutzpah (Pronunciado Jutzpá, palabra en idish) significa insolencia, descaro, coraje, tenacidad, atrevimiento y arrogancia. Probablemente en ningún idioma haya una palabra única que pueda traducir Chutzpah. Los argentinos podríamos decir que es caradurismo y los americanos también lo entienden como “ask for it”.

Para un emprendedor la Chutzpah no debería ser una actitud asilada, sino una manera de ser. Es ir la milla extra, no tener ningún tipo de duda al decir y pedir lo que uno quiere. Entender que ser tibio no es una estrategia ganadora y en los tiempos modernos se puede relegar la cordialidad con tal de hacer las preguntas correctas, por más incomodas que sean, buscando respuestas reales.

Ser directo. Si un emprendedor tecnológico israelí (Israel, cuna de la Chutzpah más pura) viese a Warren Buffett, seguramente iría de inmediato a presentarse y decirle que su emprendimiento es EXACTAMENTE lo que Buffett estaba buscando, aunque Buffett nunca invierte en tecnología o startups. Eso es la Chuztpah.

La vergüenza y la timidez no ayudan al éxito. Mi amigo Sebastián Palatnik, con tal de charlar unos minutos más con un potencial inversor en México, lo acompañó en un viaje en el ascensor, seguido de una caminata de varias cuadras y deun viaje en taxi. Cuando terminó su charla y consiguió que el inversor acepte una reunión con él, se dio cuenta que no sabía dónde estaba ni como volver, pero había logrado su objetivo. En una gala, una de las fundadoras de NXTP me dijo: “date vuelta, el tipo atrás tuyo es un inversor israelí. Anda y pitcheale”.

Chutzpah es animarse. Branson lo resumen de manera fantástica:

“Ser emprendedor es tirarse de un acantilado, esperando aprender cómo construir un avión durante la caída”

O una de mis favoritas:

An entrepreneur tends to bite off a little more than he can chew hoping he’ll quickly learn how to chew it”

En resumen, la Chutzpah es desafiar el status quo. La realidad ya de por si es desafiante.

No sé realmente si en alguna vuelta de la vida volveré a cruzarme en persona con Sir Richard Branson; si pasa, sin duda voy a acercarme y agradecerle por la lección sobre Chutzpah… y pedirle una selfie.

¡Gracias Richard!