¿Por qué no sigo cuentas privadas de Twitter?

Las razones «sin razón» de los perfiles con candado

Por sistema –aunque he hecho alguna excepción por motivos más emocionales que otra cosa– no solicito seguir a nadie con candadito en su perfil de Twitter. La razón de fondo estriba en que en un entorno de comunicación pública me chirría enormemente que se escondan las publicaciones. Aunque el número de ‘seguidores’ –cifra a la vista en una cuenta privada– es parte del medallero de todo tuitero, no es el único ni el más importante de los criterios para seguirla.

Cantidad vs calidad

El número de tuits y followers de un perfil puede ser un factor relevante para seguirlo, pero no es un dato decisivo si no se contrasta con la calidad de sus mensajes, sus seguidores y seguidos. En general, la calidad es más valorada que la cantidad cuando lo que se busca es buena información, mejor conocimiento, opiniones interesantes, argumentos sólidos… inteligentes, diferentes, especiales, profesionales.

Tono y estilo

La interactividad no se limita a una simple métrica. El estilo y el tono en las respuestas, la agilidad argumental, la chispa e inteligencia, el humor y la ironía, el contexto implícito e inspirador… son valores muy apreciados en Twitter. Una cuenta con candado limita enormemente saber si merece la pena seguirla.

La bio, las fotos del perfil y del encabezado

Con la breve bio ocurre igual: está bien poder leer qué dice una persona de sí misma o lo que supuestamente pretende transmitir con su presencia en Twitter, pero esas escasas líneas es insuficiente para decidir si compensa seguirla o no. Antes de convertirme en seguidor deseo leer sus tuits, valorar las interacciones, analizar sus favoritos/likes… es un complemento que confirma lo que la bio nos da a entender.

La fotografía del perfil y la imagen de cabecera funcionan de la misma manera. Por muy gráficas y expresivas que sean, es más que aconsejable visualizar las fotografías y vídeos que el autor de la cuenta publica y comparte.

Las listas: un tesoro escondido

Con las listas sucede algo similar a lo anterior. Una cuenta privada no permite a priori saber cuántas ha creado el usuario. Mucho menos de qué va cada lista y a quiénes se han incluido o suscrito. La información de las listas es un verdadero tesoro que nos da muchas pistas acerca de la calidad de la cuenta. Entre otras cosas porque las listas agrupan un contenido semi-curado que no se realiza automáticamente, ni se consigue de un día para otro. Las listas son un parámetro del largo medio recorrido, un dato que nos habla de un corredor de fondo que ha sabido manejarse con paciencia, constancia, consistencia y –esperemos– con coherencia.

Peinando el perfil

La tendencia en Twitter de «no seguir por seguir» se verifica en la medida en que la presencia en Twitter se profesionaliza.

Dejamos de «estar por estar» en esta red por el prejuicio de «que hay que estar porque no se puede no estar».

Asumida nuestra presencia en Twitter, calibramos mucho la atención que nos va exigir cada nuevo seguidor. Evidentemente un perfil privado condiciona demasiado la decisión de seguirlo. En consecuencia con lo anterior, de vez en cuando me dedico a podar mi perfil de Twitter: dejo de seguir a quienes llevan meses, años, sin publicar; o tuitean temas que no me interesan ya… aunque hace tiempo quizá sí. Seguirle, ¿para qué? Mi timeline se aligera y lo sustancioso ocupa un mejor lugar en el ranking de mis intereses.

Hay cuentas que necesitan algo más que un lavado de cara. Si son privadas no quiero ser yo quien se lleve la sorpresa de un espacio con un aspecto que no encaja con mi sensibilidad y expectativas.

Mi método es «el método»

No voy de pretencioso, voy se sentido común. Sigo el sistema que no dejo de recomendar: ¿Qué harías en la vida física? Pues actúa igual.

En la relaciones humanas nos presentan nuevas personas constantemente, coincidimos con ellas con motivos profesionales, sociales, de amistad, familiares… pero no nos hacemos seguidores sin más. No digo que debamos pasar horas y horas de parloteo para decidir seguir los intereses y la actividad de una persona. Pero lo que sí practicamos –aunque no lo reflexionemos porque es lo natural– es el intercambio de breves mensajes sobre lo que nos gusta o disgusta, lo que opinamos de arte, deporte, política, religión, trabajo… y al final de ese rato (o esos días) de charla se genera un sumando que normalmente es nítido: nos convertimos en followers o no. Si se da correspondencia o no, ese es otro tema que no entra en este post.

Así que mi método es sobrevolar lo elementos a mi alcance:

  1. Fotografías: suelo ampliar la del perfil para verla bien. Hay encabezados realmente geniales. Y al revés… algunas fotos desazonan y animan poco a seguirles. Para bien o para mal, este efecto se produce en un golpe de vista.
  2. Bio: me la leo siempre y completa, y entro en algún enlace (blog, web, perfil en otra red…) en la medida en que enriquece la información. Y si hay uno o varios hashtags… mejor que mejor.
  3. Número de seguidores y seguidos: No es lo mismo tener más seguidores que seguidos: obvio; no tanto para algunos pero, indudablemente, tiene un valor y significado muy diferente. Es bueno saberlo.
  4. Analizo seguidores y seguidos: La calidad de esos perfiles dice casi más que los tuits en sí, porque si están ahí vinculados a ese perfil, por algo será. No podemos dar reglas fijas pero, en mi opinión, creo que los perfiles de «a quienes se sigue» son más interesantes porque confirman los intereses de la cuenta que ha captado nuestra atención.
  5. Miro/leo tuits: También parece que es una inspección elemental; es más, quizá hemos llegado a un nuevo perfil gracias a un tuit que nos atrajo. En fin, los tuits son la esencia de Twitter, lo normal será leer alguno, aunque sea al azar, antes de darle el «sí» a la cuenta.
  6. Fotos, vídeos: lo mismo que los tuits pero en material multimedia. Nada que añadir.
  7. Listas: lo dicho más arriba. Las listas nos organiza los seguidores y seguidos (aunque matizo que en este caso pueden incluirse en una lista perfiles que no se siguen necesariamente). Los datos básicos de las listas valen mucho porque dicen mucho de la profesionalidad y seriedad de quienes las elaboraron.
  8. Momentos: suelo definir esta posibilidad (aún poco conocida) que ofrece Twitter, como la capacidad de anidar tuits sobre un mismo tema, cuenta o hashtag… Los Momentos me encantan pero no es el tema que toca. Yendo a lo que nos concierne ahora, un perfil con Momentos es garantía de un perfil trabajado, lo que es un síntoma de calidad.

Los anteriores 8 puntos no me los ofrece en su totalidad una cuenta privada lo que justifica el título de este artículo.

La «verdad verdadera» de por qué evito las cuentas privadas

Todo lo anterior lo creo y me lo creo. A pesar de todo, la tentación de seguir cuentas que ocultan su interior, reaparece de vez en cuando. Muchos pasan por el aro de solicitar seguirla y, hasta cierto, punto comprendo que caigan en la tentación y se arriesguen a la frustración de no ser admitidos.

¿Qué diferencia hay entre un perfil privado y un grupo de WhatsApp? Que en el segundo cedo mi teléfono al grupo. Bien, de ahí parte del éxito de Slack, donde no das tú número de móvil y puedes organizar muuuuuuucho mejor subgrupos y equipos compartiendo contenidos, tareas… Saber que existe Slack y que tus contertulios acaben ahí, es más complicado y quizá lo único que salva la existencia de cuentas privadas en Twitter.

Pero la verdad verdadera por la que no soporto las cuentas privadas es una cuestión emocional y, probablemente, encierre una cierta dosis de orgullo. Twitter es como es: yo te sigo, tú me sigues, él nos sigue… cada uno elige lo que quiere, como en la realidad donde seguimos famosos, intelectual, graciosos, líderes… sin que ellos nos otorguen la opción de elegirnos.

Esto funciona así: ¿por qué evitarlo en Twitter, que de toda la vida me parece una red mucho más realista que Facebook respecto a lo que sucede en la vida misma? Es más creíble que Katy Perry tenga casi 95 millones de seguidores a que yo tenga 500 amigos de verdad en Facebook.

Sé que los que tienen cuentas privadas en Twitter aducen sus razones con cierto fundamento. Pero para mí, entonces, no están realmente en Twitter. Por suerte son pocos, un poco raritos, algo creidillos… es mi opinión, que no se me ofendan.