Twitter: ese innovador incomprendido

Entrar en Twitter es como asistir a un cocktail

Twitter es una plataforma de microblogging –uno de los muchos sitios y herramientas que pululan por internet– que destaca, entre otras cosas, por lo difícil que resulta de comprender y de explicar. La idea es tan sencilla que no hay quien la entienda. Los que entran en Twitter lo hacen para responder a la pregunta What are you doing? utilizando no más de 140 caracteres. En la práctica se responde a más cuestiones: What are you reading? What are you thinking? What are you watching? What are you writting? etc. A mí esto nunca me sorprendió; y mucho menos la limitación de caracteres por mi experiencia como redactor publicitario.

Lo que sí me fascinó –y perturbó– fue el concepto following / followers. Alrededor de lo que cada tuitero va publicando se adhieren otros que deciden “seguirle”; él, a su vez, también opta por seguir a otros que no necesariamente son sus “seguidores”. Esto, que inicialmente es sencillo de captar, empieza a convertirse en algo “de locos” cuando los comentarios (tuits) también pueden ser respondidos (reply) y difundidos (retuits) entre following y followers de unos y de otros.

La guinda o grado de mayor incomprensión se alcanza al comprobar cómo la disposición de la cadena de mensajes (tweets-reply-retweeting) de autores más o menos desconocidos, se rige por un criterio meramente cronológico. Es decir, entender, lo que se dice entender, no se entiende casi nada.

Si alguien llegó hasta aquí sin tacharme de su lista, se lo agradezco. Y le felicito porque después de intentos diversos he modelizado una explicación que espero ir perfeccionando gracias a mis interlocutores y que paso a exponer.

Twitter es como un cocktail

La síntesis la enuncio así: Entrar en Twitter es como asistir a un cocktail. Bien, comentaré el concepto vago de lo que es un cocktail con la esperanza de que nos arroje luz sobre Twitter:

  • Al asistir a un cocktail intuimos qué tipo de personas asistirán, pero no disponemos de la relación concreta ni de un perfil pulido.
  • Los organizadores invitan pero luego acuden los que quieren o pueden, tanto si han confirmado o no su presencia.
  • La puntualidad es orientativa independientemente de si permaneces cinco minutos o más, si llegas o te vas al principio, en medio o al final.
  • Conoces (o no) gente que un minuto antes desconocías.
  • Saludas (o no) a conocidos.
  • Intervienes (o no) en las conversaciones: es normal incorporarse y/o salirse a mitad de un diálogo: nos llevamos retazos de frases con algo de sentido, aunque sea incompleto.
  • Lo que decimos y escuchamos no suelen ser cuestiones normalmente muy sesudas, pero, a veces, se escuchan comentarios brillantes e inteligentes.
  • No vamos (en principio) a captar clientes o hacer contactos, pero es mejor estar por allí porque nunca se sabe… y lo llamamos networking.
  • Por supuesto, cuando estamos en el cocktail no estamos en el trabajo, nos ausentamos de casa o no practicamos un deporte… es decir, sacrificamos un tiempo con la sensación de que lo estamos perdiendo. Debe de ser sólo una sensación porque enseguida volvemos a nuestras andadas, como aquella insigne ministra (“de cocktail en cocktail”) que tuvimos.
  • Además de los asistentes se entrecruzan en nuestro deambular por la sala unos amables camareros que ofrecen canapés y bebidas (léase fotos, enlaces, música…) con tan solo alargar la mano (y hacer click).
  • Realmente nadie tiene una información completa de lo que se ha tratado en el cocktail pero todo el mundo sale feliz (obsequio incluido)
  • Los más experimentados despliegan estrategias: ya saben que quizá no haya que estar de principio a fin, ni compense saludar a más de la mitad.
  • Los cocktails son acciones forzadas: se organiza un evento (conferencia, presentación de un producto, entrega de premios…) y, aprovechando la ocasión, le adjuntamos un cocktail. Conclusión: entrar y perseverar en Twitter requiere un poco de afición.
  • Otro tipo de reuniones familiares o de amistad (cumpleaños, bautizos, bodas, etc.) no expresan tan adecuadamente el concepto y, además, son “obligatorias” o “bastante obligatorias”. Tampoco las convocatorias teledirigidas como las manifestaciones (políticas y religiosas, fundamentalmente), ni los eventos deportivos, ni artísticos, ni culturales… logran emular el tradicional clima de un cocktail.
  • El cocktail por sí no tiene sentido, es un compañero eventual (de evento). Por eso, tampoco se trata de entender Twitter como un constante disfrute coctelero, excepto que el interesado justamente trabaje en eso. No lo escribo con ironía sino con la certeza de comprobar cómo algunas marcas lo van incorporando a sus estrategias de comunicación y de marketing.

Valga este elenco descriptivo del cocktail, como metáfora de lo que es Twitter, para reducir la incomprensión que los twitteros padecemos, incluso de los internautas más empedernidos.

¿Por qué no crear en las empresas el puesto de cocktail (twitter) manager? No olvidemos que este es un blog de innovación. Para responsabilidades híper-re-conocidas ya escriben otros.

Llegado a este punto me siento menos incomprendido: ¿y usted?