De la monogamia a las relaciones libres

¿Qué es la monogamia y hasta dónde llega?

Generalmente se piensa que el término monogamia es una clasificación de las parejas de a dos con exclusión de terceros. Pero la monogamia, más que una forma de relación, es un régimen social. Este será el enfoque del artículo y les pido que lean lo que sigue en clave de descripción y análisis crítico de relaciones sociales, sin hacer ningún juicio sobre las personas que están en cada tipo de relaciones.

En la Argentina de este siglo, las parejas monogámicas se forman mediante la unión voluntaria de dos personas. Tradicionalmente, una familia le entregaba una hija a un hombre para toda la vida. Hoy dos personas mayores de edad (que pueden ser del mismo sexo) se conocen y forman una pareja sin necesitar consentimiento ajeno. Aunque siguen existiendo situaciones de coerción y presión social (socio-económicas, de género), formalmente la pareja monogámica actual se construye de manera voluntaria y puede terminarse del mismo modo(1).

Pero que un arreglo se conforme de manera voluntaria no lo convierte en un arreglo libre(2). Porque el arreglo monogámico, incluso en parejas no-abusivas y con equidad, se basa en el control del otro.

Este control se manifiesta en regular lo que el otro puede hacer con su cuerpo. En relaciones abusivas esto involucra qué ropa usar, adónde ir, con quiénes juntarse, qué actividades realizar. Este control puede ser realizado mediante la acción autoritaria de una persona sobre otra (como es típico en la violencia de género) o puede ser parejo para ambos miembros de la relación. En relaciones monogámicas equitativas cada individuo tiene su autonomía y su espacio para sus cosas, pero prevalece la exclusividad sexo-afectiva como arreglo automático, esperado y valorizado por la pareja a partir de la cultura.

Tanto en las relaciones monogámicas abusivas como en las equitativas hay una “regla de oro”: no tendrás sexo con terceros. Cuando un miembro de una pareja monogámica viola esta cláusula de la exclusividad sexual se le llama infidelidad. La infidelidad no debilita al régimen monogámico, sino que lo confirma reforzando la estructura de “la trampa”. Cientos de canciones, películas y anécdotas ensalzan la infidelidad como un terreno de “lo prohibido” cuando en realidad es una parte necesaria del régimen monogámico, para nada transgresora(3).

Como reacción pragmática a la cuestión de la infidelidad sexual, se crea el arreglo “ojos que no ven, corazón que no siente”, donde uno o los dos miembros de la pareja pueden tener “historias” con tal que el otro no se entere. La estructura de la trampa se sigue sosteniendo, pero sumándole una exigencia de discreción. “Si me vas a meter los cuernos, que no me entere”.

Existen otros arreglos más liberales dentro de la monogamia. Por ejemplo, el swinger. Es posible que una pareja decida hacer tríos, cuartetos, o que uno de los miembros vea al otro tener relaciones, etc. Pero se sigue dando dentro de una regulación de qué hace el otro con su cuerpo, cuándo, con quiénes (“los permitidos”). Esto se debe a que en realidad son prácticas que sirven para preservar la pareja monogámica incluyendo alguna “variedad sexual” para que no se vuelva aburrida la “vida a dos”. Incluso pueden realizarse de manera muy machista como “intercambio de mujeres”.

La no-monogamia y las relaciones libres

Cuando se piensa en lo opuesto de la monogamia generalmente se piensa solo en la poligamia, y eso es un error. La poligamia es un régimen alternativo donde también hay control, lo que cambia es el número de personas involucradas. El mejor término para nombrar al universo más allá de la monogamia es bastante intuitivo: no-monogamia. La no-monogamia incluye a la poligamia pero no se queda allí.

Dentro del terreno de la no-monogamia moderna están las parejas que son abiertas en lo sexual. Estas parejas han desechado las estructuras de “la trampa” y de “los permitidos”. Cada miembro de la pareja es libre de tener relaciones sexuales con quien quiera. Por lo tanto, tener sexo con terceros no es infidelidad porque está dentro del acuerdo explícito de la pareja. Sin embargo, la pareja reclama un lugar primario en lo afectivo y en otras cuestiones (como planes de vida, división del trabajo doméstico cuando viven juntos, división de gastos, viajes, etc). No está permitido, por ejemplo, enamorarse de otra persona o realizar con ella ciertas actividades reservadas para la relación “primaria”: esto ocuparía el lugar de infidelidad en dicho acuerdo. Una pareja sexualmente abierta es una relación no-monogámica pero no es todavía una relación libre.

Una relación es libre cuando el arreglo de dicha relación no involucra una regulación del cuerpo, del deseo y/o de los sentimientos del otro. Es desechar por completo cualquier forma de posesión/control del otro. Por eso una relación abusiva no es libre independientemente de si hay o no exclusividad sexual, y una relación sexual y afectivamente cerrada no es libre por más equidad que haya entre los miembros.

Transformación social y redes de apoyo

Muchas personas reaccionan a la idea de relaciones libres con un “yo no podría”, citando a los celos como motivo. En realidad, hay obstáculos mucho mayores que los celos (que pueden trabajarse con introspección, terapia, y sobre todo con ayuda de redes de apoyo). Hay personas que están dentro de una relación monogámica y querrían tener una relación abierta/libre pero la pareja no quiere, entonces sacrifican ese deseo o viven sus otras relaciones en el marco de “permitidos”. Hay personas que podrían pagar un costo alto por ser abiertamente no-monogámicas (perder un trabajo, la custodia de sus hijos, ser repudiados por su familia). Muchísimas personas ni siquiera conciben la posibilidad de relaciones libres porque la pareja monogámica “seria” y la soltería son las únicas formas de relacionarse que conocen o que consideran legítimas.

Pero el mayor obstáculo viene por lo que se dijo arriba de todo. La monogamia es un régimen social y no “una posibilidad de relacionarse entre muchas” que, oh casualidad, la gran mayoría elige(4).

La transición desde la monogamia impuesta hacia las relaciones libres no es una cuestión de una minoría que cuenta con cierta autonomía económica y paz mental para cumplir sus fantasías hedonistas. Es una cuestión de transformación social estructural(5) y de creación de redes de apoyo a los individuos en transición.

La violencia de género, la heteronormatividad, la falta de educación sexual integral, el racismo y la pobreza provocan muchísimo sufrimiento social y no solo disminuyen la capacidad de los individuos de sostener relaciones libres, sino que ponen en peligro su misma supervivencia material. El activismo de las relaciones libres debe participar de las luchas por la abolición de las distintas violencias estructurales.

En cuanto a las redes de apoyo a los individuos en transición debe tenerse en cuenta que la inclusión de terceros en lo sexual y el trabajo con los celos solo es lo principal para quienes no sufren una gran dosis de violencia estructural ni se encuentran en relaciones abusivas. Las redes de apoyo mutuo deben ir más allá de dar consejos y recomendar literatura, deben involucrar un compromiso amistoso con cada individuo que las integra. Esto no puede construirse en un día y es difícil de llevar a cabo en una cultura individualista. Pero puede comenzarse en un día.

Notas

(1) Esto ha hecho posible el fenómeno de la monogamia serial. Si antes la gente solo podía tener una pareja para toda la vida, hoy puede tener varias parejas monogámicas consecutivas.

(2) Igual que con el trabajo asalariado. Podemos voluntariamente firmar un contrato por un trabajo que no nos gusta y/o un salario menor al que queremos, pero como necesitamos el dinero, lo hacemos. Es un acuerdo voluntario, pero no es un acuerdo libre.

(3) Sobretodo cuando es practicada por varones, la infidelidad es socialmente legitimada como forma de mantener la pareja monogámica — se sostiene que es necesaria para que el varón, que no puede controlarse sexualmente (una construcción machista de lo masculino), logre mantenerse en pareja. Incluso se da el caso, aparentemente paradógico, de que la gente que festeja la infidelidad condena tajantemente a las parejas que consienten abrir la relación.

(4) Esto último es tan ingenuo como pensar que vivimos en una sociedad capitalista porque así lo decidimos todos los días cuando compramos algo en el súper o vamos a trabajar a cambio de un salario… Existe un condicionamiento estructural que lleva a eso que es previo a (y limita a) las elecciones individuales.

(5) La transformación social estructural necesaria fue bosquejada en el artículo “Condiciones sociales para el Amor Libre”, https://medium.com/@danilocastelli/condiciones-sociales-para-el-amor-libre-e5c5f140b6dc