El sesgo de confirmación: por qué todo lo que vemos parece confirmar lo que pensamos (I)

Hugo Sáez

Durante la década de los 70, dos psicólogos israelís llamados Daniel Kahneman y Amos Tversky estaban obsesionados con la forma en la que los seres humanos tomamos decisiones. Llevaron a cabo múltiples investigaciones y experimentos para demostrar que, en entornos de incertidumbre, las personas decidimos alejándonos de los principios de la probabilidad.

Resumiendo sus conclusiones de una manera sencilla, lo que defendían estos dos psicólogos es que los seres humanos utilizamos “atajos mentales” (llamados técnicamente heurísticas) para simplificar problemas complejos. Muchas veces las heurísticas son útiles, pero algunas veces nos llevan a cometer errores.

Sus investigaciones sobre estos “atajos mentales” dieron lugar a la creación de la “Behavioral Science” o ciencia de la conducta, que busca explorar que atajos utilizamos y que errores cometemos al hacerlo. Estos errores se han denominado “sesgos” y de ellos tratarán mis artículos de ahora en adelante. En cada uno de ellos describiré un sesgo, explicaré porqué sucede y detallaré sus efectos.

Hoy hablaré del sesgo de confirmación. Antes de comenzar con las explicaciones, voy a proponerte un pequeño juego.

Aquí encima tienes cuatro cartas con letras y números. El juego consiste en que debes, dando la vuelta a las menos cartas posibles, verificar que esta frase es cierta:

“Cada carta con una vocal en un lado tiene un número par en el otro.”

Tienes que decidir previamente que cartas vas a levantar y en qué orden. Apunta tu decisión en un papel y cuando la tengas continúa leyendo. Te invito a participar, el resto del artículo será más divertido si lo haces.

¿Ya lo tienes? Genial.

Normalmente el orden más común de elección de los jugadores suele ser: A, 2, 3, B. Elegir primero la carta “A” es acertado, ya que sino tiene un número par al otro lado, el enunciado es falso. Sin embargo levantar en segundo lugar la carta “2” no sirve de nada. Si “2” tiene una vocal al otro lado es consistente con la hipótesis, pero tenemos que seguir levantando cartas para ver si las demás convierten la frase en falsa. Por el contrario si “2” no tiene una vocal, no prueba que el enunciado sea falso o verdadero. Recuerda que buscamos verificar si las cartas con una vocal tienen un número par al otro lado. Nada impide que un número par tenga una consonante.

Antes que “2” es más lógico levantar “3” ya que puede tener una vocal al otro lado y demostrar así que el enunciado es falso. Incluso “B” debe ser levantada antes que “2” por el mismo motivo, ya que el juego no especifica que solo haya letras en un lado y números en el otro. La carta “B” también podría tener una vocal en el dorso.

Este juego revela uno de los sesgos más populares de los seres humanos, el sesgo de confirmación. Tendemos de manera natural a buscar conformidad con la evidencia antes que disconformidad, es decir, elegimos “2” antes que “3” o “B” porque buscamos números pares. El sesgo se ve acentuado cuando hacemos asunciones injustificadas, lo que provoca que cierto tipo de evidencias en contra nos parezcan improbables. Este es el caso de “B”: cómo no esperamos ver consonantes, asumimos injustificadamente que no puede haber vocales detrás de letras.

El sesgo de confirmación nos lleva instintivamente a sobreestimar el valor de la información que encaja con nuestras creencias, expectativas y asunciones, lo que muchas veces nos conduce a errores. Y también nos hace subestimar e incluso ignorar la información que no coincide con lo que pensamos o creemos.

Este sesgo influye mucho en la toma de decisiones, ya que si tenemos una creencia fuerte sobre lo que queremos hacer tendemos a descartar todo lo que no encaje con ella. El sesgo de confirmación es un filtro a través del cual vemos una realidad que encaja con nuestras expectativas.

Explicación, experimentos y ejemplos

El sesgo de confirmación tiene varias causas, la primera de ellas es el tremendo esfuerzo que supone valorar cada idea, hipótesis o realidad que nos encontramos y enfrentarla a nuestras creencias y pensamientos. El gasto de energía para nuestro cerebro es enorme, por lo que la mente optimiza el esfuerzo utilizando un atajo para encontrar una solución. Es mucho más fácil encontrar dos o tres cosas que confirmen nuestro punto de vista y descartar el resto.

Otra causa muy relacionada con el gasto de energía es la teoría de la disonancia cognitiva, desarrollada por el psicólogo Leon Festinger. La disonancia cognitiva hace referencia a la tensión interna del sistema de ideas y creencias que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto. Las personas intentamos evitar siempre que podemos esta tensión y para ello solemos descartar todo aquello que no encaja con lo que pensamos.

El sesgo de confirmación ha sido demostrado con múltiples experimentos y observaciones. Los psicólogos Hastorf y Cantril descubrieron que, ante un mismo partido de fútbol, los fans de un equipo están dos veces más dispuestos a ver una falta del equipo contrario que del suyo propio. Una realidad que puedes confirmar tú mismo cuando ves un partido de tu equipo favorito rodeado de aficionados o escuchas opiniones sobre jugadas polémicas de fans de diferentes equipos en una tertulia deportiva.

Los psicólogos Riddell y Shotton demostraron cómo el sesgo de confirmación influye en la política. Preguntaron a seguidores de los dos partidos más importantes de Inglaterra (tories y laboristas) sobre su opinión acerca de una subida de impuestos mínima que pretendía reclutar más enfermeras para el sistema público de sanidad. Los entrevistados laboristas apoyaban la medida en un 14% si se les decía que había sido presentada por su partido y en un 3% si se les decía que había sido presentada por el partido contrario. Los mismo sucedía entre los tories, donde la medida era cuatro veces más popular en un caso que en otro.

Un famoso estudio de Joseph Curtin parece desmontar la leyenda de que los violines Stradivarius suenan mejor que ningún otro y atribuye este mito al sesgo de confirmación. Curtin llevó a cabo un test ciego con 10 talentosos violinistas, donde alternativamente escuchaban un violín Stradivarius y un violín fabricado en la actualidad. El experimento demostró que los músicos no sabían reconocer con exactitud que violín era un Stradivarius y cual era un violín moderno. No sólo eso, sino que la mayoría de los sujetos del experimento cuando se les preguntó que violín preferían, se decantó por el sonido de los violines nuevos.

Reportaje de Vox sobre la fama de Stradivarius que explica el estudio de Joseph Curtin (Min 3:12 en adelante)

A pesar de que muchos expertos en música afirman que los Stradivarius se escuchan diferente y mejor, los experimentos demuestran que ni los propios violinistas pueden diferenciarlos. Parece que cuando saben que es un Stradivarius, el sesgo de confirmación les hace descartar cualquier error de sonido. El poder de la marca y de las creencias establecidas.

Más allá de los experimentos, este sesgo es una constante en nuestra vida diaria. Es una de las razones que lleva a los padres a negar cualquier cosa mala que hayan hecho sus hijos delante de los demás, porque a sus ojos son angelitos. Los mismo sucede con las parejas que acaban de enamorarse cuando son incapaces de ver un defecto a su media naranja. La frase “el amor es ciego” es una genial adaptación a la sabiduría popular de lo que provoca el sesgo de confirmación: nos ciega ante lo que no encaja con nuestras creencias sobre la persona que amamos.

Este sesgo es también uno de los principales culpables de la extensión generalizada de las fake news y el auge de las conspiraciones. Tendemos a confirmar nuestras propias creencias y descartar el resto de evidencias en contra, por lo que en una era donde la sobredosis de información es constante, siempre encontraremos algo que concuerde con lo que pensamos y nos confirme que tenemos razón.

En el próximo artículo hablaré sobre cómo se aplica este sesgo en el marketing y en el mundo de la empresa. También explicaré quien se ha aprovechado de ello para vender más y de cómo el sesgo de confirmación contribuyó a que la margarina sea amarilla hoy en día.

Fuentes:

Kahneman, D. Thinking, Fast and Slow

Thaler, Richard H. and Cass Sunstein. Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness

Thaler, Richard H. Misbehaving: The Making of Behavioral Economics

Shotton, R. The Choice Factory: 25 Behavioural Biases That Influence What We Buy

Hugo Sáez

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Escribo sobre publicidad, digital y Behavioral Science. Twitter: https://twitter.com/Hugo_saez / Linkedin: www.linkedin.com/in/hugosaez / hugosaez85@gmail.com

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