El despojo como acto político

herramientas para transformar nuestras prácticas extractivas comunicacionales

“Benjamin decía que la modernidad es el camino hacia la destrucción de la humanidad y la revolución es el freno de mano que detiene ese proceso de destrucción. Creo que nuestra idea de revolución tiene que ver con frenar y poner en el centro las relaciones entre las personas. Descolonizar también es eso: poder poner en el centro, la comunidad y el vínculo social”

El 28 y 29 de septiembre de 2018 nos volvimos a encontrar más de veinte organizaciones sociales y medios libres de comunicación. Dos días de mucho intercambio, diálogo y reflexiones en el marco del segundo módulo de formación de la Cátedra Libre Ideas Menores, pensar con los pies en la tierra, de La tinta. Un trabajo colectivo sobre nuestras prácticas militantes, sobre la sociedad extractiva en la que vivimos, sobre las lógicas extractivistas que tenemos -y buscamos evitar- como comunicadoras del campo popular.

Este dossier busca sintetizar y sistematizar algunas de esas ideas menores que pensamos con los pies puestos en el territorio. Aquellas que surgieron de la palabra, de la escucha, de los intentos de potenciar la capacidad de mirar y mirarnos.

Al igual que en el primer módulo, proponemos una lectura de las palabras de Raúl Zibechi en clave de montaje con pequeños fragmentos de lo que ocurrió en este segundo módulo llamado “El despojo como acto político”. Así también, encontraremos tejidos de las voces de nuestros colectivos, medios, organizaciones.

Compartimos algunas imágenes de nuestra visita territorial a Piedra Blanca, donde desde hace años, la comunidad resiste al avance del modelo extractivo en su escala local cordobesa. Y donde nos enseñan que tirar un freno de mano y construir un territorio digno, es posible.


¿En qué pensamos cuando hablamos de extractivismo?

Zibechi comenzó preguntándonos si queríamos hacerle preguntas o si queríamos que nos provocara. Nadie dudó en elegir esta última opción: una provocación de la discusión y el pensamiento.

Como buen educador popular, nos propuso deconstruir nuestras ideas, no darlas por buenas, descolonizar y despatriarcalizar nuestro pensamiento y tratar de mirarlo desde abajo. Desafío que invita a desperezarse mentalmente: “Muchas veces siento que nuestras ideas o nuestras formas de trabajar reproducen más que transforman. Y esto es un problema”. Tomar el concepto de extractivismo y pasarlo por un tamiz, fue la primera propuesta de Zibechi.

En un primer ejercicio de problematizar en qué pensamos cuando hablamos de extractivismo, surgen muchas ideas sueltas: una cosa que te chupa la energía, que te va sacando toda la potencia, un pulpo que destruye bosques, ríos, montañas. Pensamos también en el saqueo, en una mano gigante que saca todo, una mina a cielo abierto, el agotamiento de la vida, de la energía, de la naturaleza. Pensamos en el desinterés por lxs otrxs. En que todo se convierte en mercancía. Cuando hablamos de extractivismo, pensamos sobre todo en un sistema económico basado en la acumulación y la contaminación. En la (des)posesión, en el despojo, en la pobreza en las violencias sobre los territorios latinoamericanos.

Zibechi nos plantea, ante esta lluvia de ideas, que cuando hablamos de extractivismo sobre todo entre ciertos sectores académicos, hay una inflexión hacia lo económico. En otros ámbitos, como el militante, se suele escuchar que se hace hincapié en lo ambiental y en lo social.

Nos invita a comparar el extractivismo actual que vivimos con otros períodos de la historia argentina y también latinoamericana desde la época de la colonia hasta la actualidad, para pensar qué modelos y qué características veríamos. El colonialismo es extractivista, nos dice Raúl: “Ahora hablamos de extractivismo, pero a lo largo de la historia ha habido diferentes maneras de saquear nuestros recursos, de nuestros bienes comunes. La intención y la acción sobre los territorios sigue siendo la misma, bajo otras formas de gobierno y otras herramientas”.

El extractivismo desde un prisma

La desaparición de una generación de compañerxs en las distintas dictaduras. La extracción de conocimiento. La esclavitud y la dependencia que se plantea de esos modelos económicos. El saqueo a los pueblos originarios de sus territorios, culturas, prácticas ancestrales. La construcción del Estado, el dominio de territorio, el avance de fronteras de extracción. La violencia sobre el cuerpo de las mujeres y disidencias. El sistema educativo que homogeneizó e invisibilizó otras formas alternativas de educar(nos). Todo esto es parte de pensar el extractivismo. Son elementos que fuimos tejiendo y aportando en la cátedra, para pensar el extractivismo desde distintos puntos de vista: el político, el discursivo, el económico, el social, el ambiental.

Zibechi nos plantea que cuando hablamos de extractivismo, tendemos a priorizar alguna faceta, o la ambiental y su destrucción, o la económica y el saqueo. Y nos invita a tender puentes, construir una mirada de conjunto: qué tipo de sociedad es en la que estamos. ¿Cómo es la cultura hoy y cómo se relaciona con el extractivismo? ¿Cómo es la sociedad en el período actual? ¿Qué tipo de política y Estado tenemos para afianzar este modelo?

Una de las tareas nuestras es tender puentes de comprensión y de análisis entre las diferentes manifestaciones del modelo. Vivimos en un tipo de sociedad en la cual la mitad de las personas no tiene lugar. ¿Cuál era el lugar de esa mitad en la colonia? El mismo. No hay un lugar de dignidad para la mitad de nuestra población y para el 90 por ciento de lxs jóvenes en los barrios. Eso tiene que ver con el extractivismo”.

Pensar en la colonia nos brinda pistas para comprender la sociedad actual: “Una primera idea que me gustaría dejar es que lo que entendemos por extractivismo actualmente, es una recolonización de nuestras sociedades”. Zibechi reconoce tres momentos históricos para articular la idea de extractivismo: la colonia, el período industrial y el actual.

Sociedades extractivas

Raúl prefiere hablar de sociedad extractiva y no de extractivismo: “Cuando digo extractivismo, la cabeza se me va para la soja, la minería, el saqueo o el daño ambiental. Pero si yo hablo de sociedad extractiva, hablo del tipo de sociedad ordenada en torno a eso”. Ser capaces de mirar y analizar qué tipo de Estado tenemos, qué tipo de policía tenemos, qué tipo de relaciones tenemos, qué tipo de escuela y salud tenemos para comprender el modelo extractivo en su complejidad.

Ese concepto de sociedad extractiva nos permite comprender el Código de Faltas, los pibes de la gorra, la criminalización de la pobreza y los pibes chorros, nos dice Raúl. Y aclara: “si es una sociedad hecha para el robo, si el modelo funciona para el robo, la corrupción es parte de eso y el choreo es parte de eso. No hay una lógica que nos pueda decir que esta sociedad funciona de otra manera”.

Ante esto, Zibechi nos plantea una serie de preguntas para desafiar nuevamente el pensamiento: ¿Cómo es el mecanismo por el cual hay una explosión de la violencia narco en los barrios y de la violencia contra las mujeres? ¿Qué relación tiene eso con el extractivismo y qué dificultades nos agrega? Si la sociedad es extrativista, ¿qué tipo de sociedad proponemos?

La respuestas y propuestas no pueden ser sólo vinculadas con el modelo económico, sino que deben incluir integralmente lo social, la cultura, las relaciones entre las personas y el vínculo con el mundo que nos rodea.

Acumular, reproducir, corromper, robar

Retomamos las ideas de David Harvey y su concepto clave, acumulación por desposesión, para comprender el momento actual de avanzada del capitalismo. Harvey llega a ese concepto a partir del estudio de las categorías marxistas. Zibechi llega al pensamiento de Harvey, explicando que para este pensador “el robo para formar el primer capital no fue originario, sino que se reproduce permanentemente en el sistema y hoy es la principal forma de acumulación”.

Raúl hace un recorrido por las ideas de Marx, recordándonos cómo él estudió dos momentos de la acumulación: la acumulación originaria, “que fue cuando se forma el primer capital, cuando los señores feudales en la Inglaterra victoriana, siglo XVI XVII, expropian por la fuerza las tierras comunales de los campesinos”. En un segundo momento se produce la conquista y colonización de Nuestramérica: “La propiedad de la tierra cuando llegan los españoles no existía, eran tierras que usaban los pueblos originarios. Para que la propiedad de la tierra estuviera parcelada y consolidada como propiedad privada hubo un robo. Una apropiación originaria”.

“¿Y por qué le llama originaria? Porque después hay otra que es la que se da en la sociedad industrial: la acumulación por explotación de la mano de obra, la acumulación por reproducción ampliada del capital”. La ejemplificación pedagógica de Zibechi, otra vez nos permite visualizar el proceso: “El capitalista compra una tierra, levanta una fábrica, compra máquinas, materias primas, alquila trabajadores y trabajadoras y los explota. Al cabo de unos años amortiza su inversión y sigue ganando por mucho tiempo. Esa es la sociedad industrial”.

Limpiar, borrar, sustraer, dominar

Durante la primera mitad del siglo XX, el capital acumuló sobre todo en la explotación fabril, en la industria más que en el despojo. Nosotras y nosotros, con nuestras luchas sindicales, sociales y políticas de los años 60s y 70s bloqueamos la acumulación fabril.

No es casualidad que el (neo) extractivismo haya llegado después de las dictaduras, dice Zibechi; “lo que hizo la dictadura, hablando en bruto, fue limpiar el escenario limpiar el terreno que eran los partidos, los sindicatos, las guerrillas, una cultura determinada, una forma de vivir determinada. Era un conjunto, una sociedad”.

La que estructura la sociedad es el poder, afirma Raúl y pensamos en su genealogía, su circulación, el arriba y el abajo: “En un cierto momento las clases dominantes dicen basta, ya con estos tipos no podemos, limpiamos y empezamos a hacer otra cosa. Es en el período final de la dictadura cuando el núcleo central del sistema pasan a ser las finanzas. Hoy, el modelo extractivo es básicamente financiero”.

Tejiendo ideas con un filósofo francés llamado Jacques Rancière podríamos hablar de una “limpieza policial del espacio público”. La misma, “antes de ser una fuerza de represión fuerte, es en primer término una forma de intervención que prescribe lo visible y lo invisible, lo decible y lo indecible. Y es respecto a esta prescripción que la política se constituye”, nos dice Rancière.

Lo que a la clase dominante le dejó de importar es una sociedad integrada. Es dominar, seguir siendo ricos pero en un juego relativamente tolerante con los demás, negociador, nos dice Raúl. Y continua: “Ya no te quieren convencer de que es bueno ir a la escuela, estudiar, laburar, porque al final de tu vida vas a tener algo. No les importa si vivís o morís o malvivís. Ahí hay un plan de poder claro”.


La zona del ser y del no ser

Hay un autor que es retomado por Zibechi con el fin de comprender más en profundidad nuestras sociedades coloniales y extractivistas. Se trata de Frantz Fanon, descripto por Zibechi como un “revolucionario caribeño que vivió en Francia y que combatió en Argelia contra la ocupación francesa” y que observaba que en las sociedades colonizadas había dos tipos de sociedad o dos zonas: “Fanon vivió en Francia y Argelia, en países donde ser blanco te garantizaba poder moverte tranquilamente por la ciudad y ser argelino, árabe, mujer con velo, era sistemáticamente sospechoso, te podían torturar, detener, etcétera”.

Zibechi explicó esas zonas de la siguiente manera: “La zona del ser, en donde el ser humano, en donde los derechos de las personas son respetados, donde los conflictos normalmente no se resuelven de forma violenta y la violencia es excepcional y donde la humanidad tiene un lugar. La otra parte de la sociedad era la zona del no ser, zona donde la humanidad de las personas no es respetada, donde los derechos no valen y donde normalmente es la violencia la que configura las relaciones entre las clases sociales, el estado y las personas. La violencia es omnipresente, juega un papel fundamental”.

Reflexiones sobre la militancia

“Mi generación actuó colonialmente. Hoy lo puedo decir, antes no me daba cuenta. Llevábamos la verdad nuestra a los barrios, a las fábricas. Todavía hay partidos que actúan así. Yo creo que esa forma de actuar, la política tradicional, es fuerte y hegemónica. Es muy importante criticar decolonialmente a la generación de los setenta. Eso que le podemos llamar vanguardismo, hizo un daño enorme al campo popular”.

Zibechi realizó una autocrítica que es difícil y rara de escuchar en los ámbitos de “la militancia” y que habilita a reflexionar sobre nuestras prácticas vinculadas a las zonas del ser y del no ser que propuso Fanon. Al referirse a su militancia en Tupamaros, afirmó que “lo nuestro era una penetración colonial, fálica e ideológica al campo popular. Y ahora estamos en otro lugar. Lo digo porque acá la mayoría somos militantes que venimos de la zona del ser y trabajamos en la zona del no ser”.

Otra cuestión sobre la que reflexionamos, es acerca de cuál es la primer tarea del “ser” militante: aprender. Y para ejemplificar este segundo punto, nos recuerda una entrevista que le hicieron al Subcomandante Marcos, donde él cuenta que en los primeros diálogos que tuvieron con las comunidades indígenas en el sur de México, hubo una asamblea donde él habló de correlación de fuerzas, hegemonía, imperialismo y capitalismo. Cuenta Zibechi que Marcos, al final de la asamblea preguntó si habían entendido y que por suerte todos le respondieron que no. Entonces Marcos y quienes provenían de la zona del ser, leyeron que sus prácticas eran equivocadas. Que debían escuchar.

La tercer cuestión que Raúl quiso destacar, es que “pretender llevar a un barrio o una comunidad las formas de organización y de lucha que sirven en otros lados, es un desastre”.

Con estos puntos, nos invita a pensar una imagen metafórica del “ser militante”, así como a deconstruir esta palabra, pensarnos en las intersecciones y cruzados por las zonas del ser y del no ser. A su vez, ser conscientes de que la categoría “militante” es una categoría colonial y que debemos romper con el “ego revolucionario” si queremos potenciar nuestras formas de hacer política desde abajo.


La tierra y los vínculos

El sábado por la mañana recorrimos el territorio de Piedra Blanca, comunidad periurbana/rural que desde hace varios años lleva adelante un proceso de fortalecimiento de vínculos, recupero de la tierra para usos productivos y desarrollo de la soberanía alimentaria. Esto nos permitió reflexionar acerca de nuestras posibilidades y potencialidades en la recuperación de autonomía.

Surgieron varias claves para pensar con los pies en la tierra. La primera de ellas es la comunidad: “En el marxismo economicista se consideraba que la clave era la propiedad. Entonces vos recuperás la fábrica y esa es la clave del socialismo. Freire comprende que vos podés tener la propiedad y nombrar un jefe, y reproducir jerarquía. La propiedad sí es importante, pero las relaciones sociales son fundamentales. Si vos tenés comunidad estás en otro lugar”. Poner en el centro la comunidad y los vínculos sociales es también descolonizar y enfrentar las lógicas extractivas que priman en el relacionarnos. Sabemos que la palabra comunidad puede ser bastardeada y al decir de Silvia Rivera Cusicanqui, convertida en “palabra mágica”, pero es nuestra tarea dotarla de sentido y de práctica en nuestro hacer cotidiano.

Muchas ideas quedan sueltas y pendientes de tejer. Muchas palabras quedaron afuera de este dossier pero a modo de cierre que abre, proponemos algunas claves para hacer de nuestras prácticas comunicacionales, claves del mundo que queremos habitar:

Recuperar las prácticas de nuestras abuelas. Dialogar entre generaciones. Romper la inercia que genera el individualismo. Cuidar lo que comunicamos y lo que no, recordando que revelar los secretos del campo popular es traición. Democratizar la información. Ocupar los espacios que el capitalismo prohíbe. Tender puentes.


Las fotografías que forman este dossier fueron realizadas en su mayoría en el marco de la Cátedra Libre Ideas Menores, en el recorrido por el territorio de la Comuna de Piedra Blanca, provincia de Córdoba.

La Cátedra Libre Ideas Menores es un proyecto de formación impulsado por la cooperativa La tinta y cuenta con el apoyo de la Biblioteca Popular Julio Cortázar y la Fundación Rosa Luxemburgo. Fotografías: Colectivo Manifiesto
Licencia
Creative Commons 4.0.

Córdoba, Argentina. 2018.