Culpa

Abril 2018

Nos hace sentir mal desde la primera vez y pronto aprendemos a trasladársela a otros. Es la culpa, la cara indeseable de la responsabilidad. Nos gusta sentirnos responsables de lo elogiable, pero no de lo reprobable; nos agrada que nos feliciten, no que nos hagan reproches; nos alegra la satisfacción de lo bien hecho, no la vergüenza del error o el fracaso.

La culpabilidad se vincula al ámbito jurídico, al de las relaciones interpersonales, al de las laborales… pero nuestro acervo cultural nos la tiñe de connotaciones religiosas y la centra en el sentimiento. A no ser que nos hayamos criado en un entorno ateo o agnóstico, quizá hasta la madurez no consigamos que la racionalidad nos lleve a descartar como motivo de culpa las ofensas a los dioses (o a lo que sus delegados en la tierra nos dictan como voluntad divina). A la vez, esa madurez nos impulsa (o debería impulsarnos) a ir asumiendo e interiorizando las responsabilidades relacionadas con la legislación, la convivencia y el respeto como cuestiones de las que tendremos que rendir cuentas ante nuestros semejantes.

A veces somos los jueces más benévolos con nosotros mismos y otras, los más intransigentes. En ocasiones solo el vernos señalados por otro nos hace sentirnos culpables. Confesar las culpas puede traernos el perdón o, por el contrario, la incomprensión y la condena ajenas.

Todos tenemos algo vergonzante que preferimos ocultar. Todos hemos confiado en que nadie se enterara de aquello que ojalá no hubiéramos hecho. Todos hemos dudado si permitir que otro cargara con nuestra culpa. Todos hemos sentido alivio al reconocer un error.

¿Con qué culpa cargas tú?

Os recordamos, como siempre, que el relato que escribáis sobre este tema deberá contener 200–400 palabras, publicarse el lunes 23 de abril antes de las 23:55 horas y deberéis escribir un tuit con el enlace al texto, la etiqueta #relatosCulpa y mención a @divagacionistas. Más información sobre las instrucciones a seguir aquí.